Julio 31: “Guárdense muy bien de toda codicia, porque las riquezas no garantizan la vida de un hombre, por muchas que tenga”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Eclesiastés 1: 2 y 2: 21 – 23
  2. Salmo 94: 1 – 9
  3. Colosenses 3: 1 – 5 y 9 – 11
  4. Lucas 12: 13 – 21

El desarrollo de la vida auténtica no depende de acumular dinero y poder, sino de ser en plenitud, es el sentido metafísico de la existencia humana, en la mejor acepción de este término. Esta certeza debe constituirse en criterio fundamental de discernimiento con el fin de apreciar dónde está la raíz de esa autenticidad,[1] un humanismo y sabiduría integrales que habiliten al ser humano para ir a lo esencial, para hacerse libre de las ataduras que frenan su crecimiento, para relativizar todo ese conjunto de cosas superfluas que san Ignacio de Loyola denominó como “vano honor del mundo”,[2] a partir de su propia experiencia de “soldado desgarrado y vano”.[3]

Sobre la solidez de esta base podemos desvirtuar algunas trampas que se nos presentan, un ejemplo de esto es la falacia de una pretendida superioridad religioso-moral sobre la de aquellos que no siguen el camino de Dios. Ya sabemos que ese tipo de “seguridades espirituales” son refuerzos notables del ego, la vanidad de quienes se sienten superiores a los demás y cercanos a Dios. Vale decir lo mismo de la cultura de las apariencias, las fatuas máscaras de la felicidad barata, la obsesión de la sociedad de consumo, los indicadores de “éxito” social, las personalidades maquilladas de “importancia”, la feria de los egos y tantas otras manifestaciones del hondo vacío espiritual de muchos seres humanos y de muchos ámbitos de la sociedad.[4]

El modelo de ser humano que surge del seguimiento de Jesús es el de alguien con clara impronta teologal, realidad fundante que lo remite al prójimo en disposición de servicio, solidaridad, cultura de la fraternidad. Es también una persona que se apropia del espíritu de las bienaventuranzas como esencia de su proyecto de vida y de todas sus conductas y decisiones, es el hombre-mujer nuevo que tiene en el Señor Jesús su referencia clave y su patrón de identidad: “Así pues, si ustedes han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Aspiren a las cosas de arriba, no a las de la tierra”.[5]

En tiempos medievales, en los que algunos en la Iglesia institucional permitieron que esta se sumergiera en un estilo de poder, de privilegios y riquezas, surgieron dos “genios éticos” de la vida según el evangelio: san Francisco de Asís y santo Domingo de Guzmán. Ambos reformadores y pioneros del retorno a la originalidad del espíritu de Jesús, destacando la pobreza como una actitud de la mayor coherencia en su seguimiento y el anuncio de la verdad evangélica, primero con la propia vida y también con la solidez de la doctrina. Establecen un contraste profético. Su “modus vivendi” señala como muy viable la alternativa de vivir en sobriedad y de construir una cultura de comunión y de participación.[6] Es la santidad, la vida resuelta a dejarse tomar por el Evangelio.

El joven Iñigo de Loyola, cuya fiesta nos convoca este 31 de julio, “fracasado” en sus proyectos de éxito militar por la herida mortal sufrida en la batalla de defensa de la ciudad de Pamplona, en mayo de 1521, deprimido y desorientado después de ostentar un ego vanidoso en demasía, se encuentra casualmente con lecturas de las vidas de Jesús y de los santos Francisco y Domingo. Lo que en un principio hizo para ocupar su tiempo y su desasosiego se transformó para él en el comienzo de una vida nueva en la que el Dios siempre mayor fue en adelante la realidad determinante de sus opciones. De las vanidades del mundo pasó a servir a la gloria de Dios en los muchos prójimos con los que se cruzó en su vida.[7] Su escuela de los ejercicios espirituales, primero vividos en su propio ser, sigue siendo inmejorable estrategia de libertad para la vida según el Espíritu y para la dedicación generosa a la misión apostólica, en la que el servicio al prójimo es aspecto determinante.

La Palabra que se nos ofrece en este domingo va directo a destacar el valor esencial de la pobreza como virtud de sana austeridad para contrarrestar el carácter superfluo del materialismo desbordante, con la conocida expresión: “¡Vanidad, pura vanidad!, dice Cohélet. ¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad! ¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?”.[8] El objetivo del ser humano es desplegar su humanidad, potenciarla al máximo para desarrollar su eticidad, su trascendencia, su solidaridad. El Evangelio afirma constantemente que tener más no nos hace más humanos: “Después les dijo: cuídense de toda avaricia, porque aún en medio de la abundancia, la vida de un hombre no está asegurada por las riquezas”.[9]

La posesión desmedida de bienes, superando con pecaminosidad los límites de lo necesario para vivir dignamente, no puede ser el objetivo último nuestro. Un especial engaño de la mentalidad dominante está en no descubrir con mente crítica que en la medida en que sucumbimos a la satisfacción de necesidades “innecesarias” se crea una compulsión creciente de nuevas necesidades, el círculo ilimitado del consumo.[10] El poderoso llamado de atención del papa Francisco en la encíclica Laudato si: sobre el cuidado de la casa común constituye el texto más rico de un líder mundial en esta línea.[11] Francisco llama a esto “apostar por otro estilo de vida”: «Dado que el mercado tiende a crear un mecanismo consumista compulsivo para colocar sus productos, las personas terminan sumergidas en la vorágine de las compras y los gastos innecesarios. El consumismo obsesivo es el reflejo subjetivo del paradigma tecnoeconómico. Ocurre lo que ya señalaba Romano Guardini: el ser humano “acepta los objetos y las formas de vida, tal como le son impuestos por la planificación y por los productos fabricados en serie y, después de todo, actúa así con el sentimiento de que eso es lo racional y acertado”».[12]

Bien entendidas, la satisfacción de las necesidades biológicas y el placer que de esto se deriva no tienen nada de malo en sí mismas. Debe ser el trabajo de todos los humanos, lo llamaba Pablo VI en su encíclica Populorum Progressio: sobre el desarrollo de los pueblos el mínimo vital, las condiciones indispensables para que cada ser humano pueda llevar una existencia digna. El problema muy grave es que esta satisfacción es desigual y escandalosa. Sólo unos grupos sociales pueden hacerlo, más de tres mil trescientos millones de habitantes del planeta viven actualmente en precariedad.[13] De los 50 millones de habitantes que tenemos en Colombia, 21 millones se encuentran en situación de pobreza, de estos últimos, 9 millones viven en pobreza extrema. Es poderoso desafío del mismo Dios a nuestra sensibilidad humanista y cristiana.

La propuesta del cristianismo integra en fascinante complementariedad a un ser que es espíritu y materia, que trasciende hacia Dios y hacia el prójimo desde su biología y desde su realidad concreta. Nuestra reflexión, a partir de los textos bíblicos de este domingo, propende por una revisión crítica de lo que el texto de Eclesiastés califica como vanidad de vanidades, con su sabio escepticismo: “¿Qué le reporta al hombre todo su esfuerzo y todo lo que busca afanosamente bajo el sol?”.[14]

¿Qué lleva al autor bíblico a dejar en su escrito esta huella escéptica y desconfiada de los logros del ser humano, aún de los justos y moralmente acertados? Este sabio filósofo israelita ha reflexionado profundamente sobre la pequeñez de las mayores realizaciones y logros de nuestra vida. Nos remite simultáneamente a las evidencias de nuestra fragilidad y a todo aquello que desarrollamos con empeño para que todo nuestro ser y quehacer en los años que nos sea dado vivir no sea en vano.

El evangelio de Lucas viene como anillo al dedo con su insistencia en invitar a un ejercicio de relatividad de todo lo que hacemos, somos y poseemos, ambientada en las densas palabras de Jesús: “Guárdense muy bien de toda codicia, porque las riquezas no garantizan la vida de un hombre, por muchas que tenga”.[15] Hay codicia personal y codicia estructural, individuos con afección desordenada por la ganancia y el consumo, y modelos de sociedad y de economía que están estructurados en torno a esto. En la ya referida encíclica de 1967, el papa Pablo VI se manifestó con fuerza profética sobre la pobreza en el mundo como resultado del desequilibrio que causa el mismo modelo económico que sigue vigente en la mayoría de naciones.

La verdadera vida está en el ser, no en el tener, tampoco en el acumular méritos con talante farisaico, se trata de ir por otra escala de valores que es la de Jesús en el Evangelio –y la de tantas comunidades, principalmente de pobres, que con elocuencia y rectitud nos hablan de la posibilidad de vivir en eso que aquí hemos llamado el desafío de la projimidad–.

La reflexión de Jesús en el relato evangélico es clarísima, cuestionando al que dijo: “Demoleré mis graneros y edificaré otros más grandes; almacenaré allí todo mi trigo y mis bienes, y me diré: Ahora ya tienes abundantes bienes en reserva para muchos años. Descansa, come, bebe y banquetea”,[16] la respuesta del Maestro relativiza toda acumulación indebida y toda irresponsabilidad con las necesidades del prójimo: “¡Qué necio eres! Esta misma noche te reclamarán la vida. ¿Para quien será entonces todo lo que has preparado? Así es el que atesora riquezas para sí y no se enriquece en orden a Dios”.[17]

El reto es dar sentido humano y teologal a nuestra contingencia, promoviendo la vida digna de todos en igualdad de condiciones, vivir felizmente en tónica de gratuidad, apropiarnos de la riqueza que viene de lo trascendente y tomar en serio las palabras de Pablo, en la segunda lectura de hoy: “No se mientan unos a otros, pues se han despojado del hombre viejo, con sus obras, y se han revestido del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto, según la imagen de su Creador”.[18]

 

[1] LEPP, Ignace. La existencia auténtica. Carlos Lohlé. Buenos Aires,  1967. LUYPEN, William. Fenomenología Existencial. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1970. MARITAIN, Jacques. Humanismo Integral. Palabra. Madrid, 2012. GEVAERT, Joseph. El problema del hombre: introducción a la antropología filosófica. Sígueme. Salamanca, 2018. ARENDT, Hannah. La condición humana. Paidós. Barcelona, 2014. FROMM, Erich. Psicoanálisis de la sociedad contemporánea. Fondo de Cultura Económica FCE. México D.F., 1978. FREIRE, Paulo. Pedagogía de la autonomía. Siglo XXI. México, D.F., 1997. LÜKE, Ulrich. El mamífero agraciado por Dios: evolución, conciencia, libertad. Sígueme. Salamanca, 2019. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Olegario. El hombre ante Dios. Sígueme. Salamanca, 2013. SPRINGHART, Heike. El hombre vulnerable. Sígueme. Salamanca, 2020.

[2] Esta expresión es propia de San Ignacio de Loyola cuando, a partir de su conversión, reconoce su vida anterior excesivamente marcada por ambiciones de poder, de éxito, prestigio, de grandes hazañas militares, con un fuerte énfasis en su ego; en su autobiografía y en el texto de los ejercicios espirituales hace continua referencia a esto y alerta a quien vive la experiencia de los ejercicios para que tome cuenta de la presencia de este afecto desordenado.

[3] Con esta expresión Ignacio describe su vida hasta los 30 años de edad, cuando sucede la herida en la batalla de Pamplona y el comienzo de su conversión. Así lo refiere en sus conversaciones con el Padre Luis González de Cámara, el confidente que recibió el testimonio del santo para luego plasmarlo en el texto autobiográfico.

[4] ROJAS, Enrique. El hombre light: una vida sin valores. Temas de hoy. Madrid 1998. CORREA SOEIRO, Alfredo. El instinto de platea en la sociedad del espectáculo. Hiru editores. San Sebastián , 2003. PÉREZ HERRANZ, Fernando Miguel. De la caverna al castillo: meditaciones sobre el ego trascendental y su ontología. En https://www.revistadefilosofia.org/60-01.pdf  HOLIDAY, Ryan. El ego es el enemigo. Paidós. Barcelona, 2016. CABALLO, Vicente E. Un análisis psicológico de Donald Trump. En https://www.behavioralpsycho.com/wp-content/uploads/2018/10/13.Caballo_25-1pdf MAY, Patricia. De la cultura del ego a la cultura del alma. Serpa Catalonia. Santiago de Chile, 2007.

[5] Colosenses 3: 1-2. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Proyecto de hermano: visión creyente del hombre. Sal Terrae. Santander, 1996. PAPA FRANCISCO. Exhortación Apostólica Postsinodal Christus Vivit, a los jóvenes y a todo el pueblo de Dios. Librería Editrice Vaticana. Roma, 2019.

[6] BOFF, Leonardo. Francisco de Asís: ternura y vigor. Sal Terrae. Santander,  1987. DE COS PEREZ DE CAMINO, Julián. La espiritualidad de Santo Domingo, fundador de la Orden de Predicadores. San Esteban. Salamanca,2012. MERINO ABAD, José Antonio. Don Quijote y Francisco: dos locos necesarios. PPC. Madrid, 2005. GALMES, Lorenzo & GÓMEZ, Vito. Santo Domingo de Guzmán, fuentes para su conocimiento. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1987.

[7] TELLECHEA IDÍGORAS, José Ignacio. Ignacio de Loyola, solo y a pie. Sígueme. Salamanca, 2000. MARCET, Carles. Ignacio de Loyola, un itinerario vital. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2015. SAN IGNACIO DE LOYOLA. El relato del peregrino: autobiografía. Mensajero. Bilbao, 2011. CERVERA BARRANCO, Pablo. El peregrino de Loyola: la autobiografía de San Ignacio, escuela de discernimiento espiritual. Biblioteca de Autores Cristianos. BAC. Madrid, 2018. LOP SEBASTIÁ, Miguel (Editor). Relatos ignacianos: hablan los testigos. Mensajero. Bilbao, 2017. CACHO NAZÁBAL, Ignacio. Iñigo de Loyola, líder y maestro. Mensajero. Bilbao, 2014.

[8] Eclesiastés 1: 2-3

[9] Lucas 12: 15

[10] CARRERAS, Joan. Vivir con menos para vivir mejor. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2019. ARGANDOÑA, Antonio. Frugalidad. En https://www.medie.iese.edu/research/pdfs/DI-0873.pdf  BRUNI,L. Economía de comunión: Por una cultura económica centrada en la persona. Ciudad Nueva. Madrid, 1999.

[11] PAPA FRANCISCO. Carta  Encíclica Laudato Si: sobre el cuidado de la casa común. Librería Editrice Vaticana. Roma, 2015.

[12] Ibidem, numeral 203.

[13] PNUD Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo Humano. Indice e indicadores de desarrollo humano: actualización estadística de 2021. Naciones Unidas. Nueva York, 2022. Ver https://www.dane.gov.co/index.php/estadisticas-por-tema/pobreza-y-condiciones-de-vida/pobreza-monetaria

[14] Eclesiastés 2: 22. GUARDINI, Romano. Libertad, gracia y destino. Palabra. Madrid, 2010; Mundo y persona. Encuentro. Madrid, 2012; La existencia del cristiano. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1999.

[15] Lucas 12: 15

[16] Lucas 12: 18-19

[17] Lucas 12: 20-21

[18] Colosenses 3: 9-10