Agosto 7: “Porque donde esté su tesoro, allí estará también su corazón”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Sabiduría 18: 6 – 9
  2. Salmo 32: 1 y 12 – 22
  3. Hebreos 11: 1 – 2 y 8 – 19
  4. Lucas 12: 32 – 48

Nuestra condición creyente está llamada a estructurar un proyecto total de vida, brindando coherencia a todo nuestro ser y quehacer, de tal manera que no hemos de detenernos en asuntos puntuales, en esta o aquella práctica, en este o aquel pretendido “requisito de salvación”, para configurar nuestro relato vital en la perspectiva del sentido definitivo de vida que se nos ofrece en Jesucristo, en quien todo lo humano se hace divino, haciéndose él mismo parte sustancial de nuestra humanidad.[1] Así, llamamos la atención sobre la multitud de bautizados no evangelizados, sin formación en la fe, que reducen su práctica religiosa a “momentos rituales” sin hacer de la fe la dimensión que totaliza su sentido de la existencia.[2] ¡Es desafío pastoral prioritario para la Iglesia la educación en la fe de esta masa de creyentes, está en juego el influjo cristiano en la vida de la sociedad!

Descubrimos una dimensión de promesa, que es garantía de toda la existencia, lo que demanda de nuestra parte una disposición constante de vigilancia activa, de aventura creyente y confiada en Aquel que es el aval de esta historia de sentido, como lo vivieron los personajes de la historia bíblica, prototipos de la fe: “Por la fe, Abrahán, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia. Además, salió sin saber a dónde iba…Es que Abrahán esperaba la ciudad asentada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios”.[3]

Esta caminata existencial, todo nuestro recorrido por la vida en clave de Dios como principio y fundamento, adquiere mayor consistencia cuando es vivida en comunidad, haciéndonos unos con otros mutuo soporte en ejercicio de fraternidad: “Los santos hijos de los buenos ofrecían sacrificios en secreto y establecían unánimes esta ley divina: que los santos compartirían los mismos bienes y peligros, cantando previamente las alabanzas de los antepasados”.[4] Y esa comunidad es la Iglesia universal y particular,[5] donde se vive el compromiso que se deriva de nuestra configuración con Jesucristo en el bautismo, pero se extiende también a la humanidad, incluso la no creyente, como lugar del ejercicio de salvar, de liberar, de garantizar la dignidad  y el sentido de todas las creaturas. Porque el favor de Dios no se limita a los creyentes, Él es un Dios que rebasa fronteras, Él es para toda la humanidad.[6]

Las lecturas de este domingo –Sabiduría, Hebreos y Lucas– nos remiten al asunto esencial de la vida asumida como esperanza activa que hace de esta historia y de esta realidad un sacramento del Dios que actúa en cada ser humano, creado a su imagen y semejanza, que posibilita el ejercicio de una fe encarnada, histórica y existencialmente comprometida, que al mismo tiempo pone en tela de juicio un tipo de cristianismo reducido que se distrae del compromiso histórico y se queda en una perspectiva sobrenaturalista.[7]

Los israelitas vivieron la durísima experiencia de la esclavitud en Egipto, del trato indigno dado a ellos por el faraón y por su gente, y luego pasaron a experimentar la pasión por la libertad, bajo la conducción de Moisés, encontrando en la travesía del desierto un paradigma del devenir humano en todos los tiempos, con sus desolaciones, desencantos, expectativas, logros, plenitudes, realizaciones. En esa peregrinación se encontraron con un Dios solidario y liberador que se dio a sí mismo rechazando la opresión de su pueblo y promoviendo a toda costa su marcha de liberación,[8] vivencia que les confirió una fe vigorosa que se hizo constitutiva de su identidad y de su comunidad, que se halla en el fundamento mismo de las convicciones creyentes de Israel: “Aquella noche fue previamente anunciada a nuestros padres, para que se animasen, sabiendo bien en qué juramentos habían creído”.[9]

¿Cómo comunicar una fe que sea motor de una historia de liberación, de movilización histórica que transforma las estructuras de pecado y los corazones que dan origen a esto último?[10] Sean estas preguntas retos de fondo a nuestra conciencia creyente para dar el paso del cristianismo que recibe pasivamente al cristianismo agente de la historia que se realiza en nombre de Dios al estilo de Jesús, en solidaridad con todos los prójimos que Él nos pone en el camino para esta tarea, en la que es esencial “tener ceñida la cintura y las lámparas encendidas”. [11]

La vigilancia que propone la Palabra de hoy  es descubrir a Dios que actúa dentro de nosotros y dentro de nuestra historia, Dios que es totalmente Otro pero que está totalmente aquí y ahora potenciando lo mejor de la humanidad, llamada a vivir en  búsqueda constante de ese significado, a activar el trabajo en contra de la injusticia, del poder que genera muerte, del vacío que expone al absurdo y a la tragedia, de los ídolos que hipotecan la autonomía y someten al ser humano a nuevas esclavitudes.

Es fundamental revisar críticamente algunas mentalidades con respecto a la esperanza y a su correspondiente disposición de vigilancia. Esta no consiste en estar esperando siempre el “golpe” de la muerte, despreciando el gozo de la vida real, de la feliz materialidad que se nos concede para disfrutar y hacer comunión. Hay residuos de un viejo ascetismo, de corte dualista, que inspira a los cristianos para vivir siempre en plan de la “otra vida”, haciendo de la vigilancia una actitud angustiada, que no disfruta; esto no está en la mente de Jesús.[12]

Los grandes testigos de la fe son estímulo para emprender esta responsabilidad de descubrir el don de Dios en el aquí y en el ahora.[13] Es el pueblo creyente siempre en pos de su libertad, guiado por sus inspiradores.

La carta a los Hebreos tipifica este emprendimiento creyente en la persona de Abrahán: “Por la fe peregrinó hacia la Tierra prometida como extranjero, habitando en tiendas, lo mismo que Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas… Por lo cual, también de uno solo y ya marcado por la cercana muerte, nacieron hijos, numerosos como las estrellas del cielo, incontables como la arena de las playas”,[14] expresión esta última que nos da pie para captar la fecundidad de la confianza en Dios que se multiplica en la descendencia y que hace posible la gran comunidad de los que participan de las mismas certezas y de las correlativas esperanzas que vienen con ellas.

Dios trabaja en nuestra libertad, no en el miedo ni en el sometimiento indigno. La vigilancia, en este contexto, no es vivir eternamente angustiados en una preparación para la muerte, dejando de lado el compromiso ya señalado de construir la historia en clave densamente humana y densamente teologal. Esto quiere decir que hay que vivir en profundidad y también morir en profundidad para resucitar definitivamente.

 Descubrir esto es la gran tarea de los creyentes, ejercicio del cristianismo como tarea de esperanza, provocadora de los mejores motivos para vivir con entusiasmo, comprometiéndose en las tareas existenciales que nos hacen más libres y humanos, más felices y fraternales, más justos y equitativos, más proféticos y aptos para interpretar los signos de los tiempos con las acciones liberadoras que han de acompañar un estilo que es el propio del Señor Jesús.

“Tengan ceñida la cintura y las lámparas encendidas, y sean como esos que esperan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle en cuanto llegue y llame. Dichosos los siervos a quienes el señor, al venir, encuentre velando. Les aseguro que se ceñirá, los hará ponerse a la mesa e irá sirviéndolos uno tras otro”[15] no es una invitación al adormilamiento y a la pasividad, a la manera de un grupo de asustados y paralizados incapaces de lanzarse a la gran aventura de la historia, sino un acicate que nos remite a la implicación comprometida en este mundo concreto y real para hacerlo digno de Dios y de cada ser humano.

Desde luego que la conciencia de la promesa de Dios en Jesucristo, que nos garantiza un futuro trascendente, definitivo, bienaventurado, que da sentido a toda nuestra vida y al paso de la frontera desde el aquí humano a la plenitud en Él, es legítima y da fundamento a la esperanza, exigiendo una corresponsabilidad en la construcción de esta historia como relato del Dios liberador y provocador de la lucha contra las realidades de muerte, de pecado y de injusticia, feliz anticipación de ese futuro de bienaventuranza.

A menudo sucede que la preocupación por un más allá nos impide vivir cabalmente el más acá, la historia, la realidad existencial de la que hacemos parte sustancial. Esta vida presente tiene pleno sentido por sí misma. Lo que aguardamos para el futuro, incluyendo ese futuro pleno y consumado en Dios, está ya aquí y ahora a nuestro alcance. Aquí y ahora puedo vivir la eternidad, puesto que puedo conectar con lo que hay de Dios en mí. Aquí y ahora puedo alcanzar mi plenitud, porque teniendo a Dios lo tengo todo.[16]

 

[1] RAHNER, Karl. Curso fundamental sobre la fe. Herder. Barcelona, 1983. RATZINGER, Joseph. Introducción al cristianismo. Sígueme. Salamanca, 2001. KASPER, Walter. Introducción a la fe. Sígueme. Salamanca, 2001. OBISPOS DE HOLANDA. Nuevo Catecismo para Adultos. Herder. Barcelona, 1971. KÜNG, Hans. Ser Cristiano. Trotta. Madrid, 1996. CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE. Catecismo de la Iglesia Católica. Librería Editrice Vaticana. Roma. 2000. BAENA, Gustavo. Fenomenología de la Revelación. Verbo Divino. Estella, 2013.

[2] PAPA PABLO VI. Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi sobre El Anuncio del Evangelio Hoy. Librería Editrice Vaticana. Roma, 1976. HERMANAS DE LA CARIDAD DE SANTA ANA. Proyecto de Evangelización. Bogotá, 2021. ABAD IBÁÑEZ, José Antonio. Una aventura apasionante, hacerse cristiano: Catecumenado. PPC. Madrid, 2018. ARQUIDIOCESIS DE BOGOTA. Itinerarios y procesos para la iniciación cristiana de adultos bautizados. Instituto San Pablo Apóstol. Bogotá, 2018. ANDRÉS VELA, Jesús. Reiniciación cristiana. Verbo Divino. Estella, 1986; Reevangelización: el primer anuncio del evangelio a bautizados no cristianos. Universidad Javeriana. Bogotá, 2014.

[3] Hebreos 11: 8-10

[4] Sabiduría 18: 9

[5] LOHFINK, Gerhard. La Iglesia que Jesús quería: dimensión comunitaria de la fe cristiana. San Pablo. Madrid, 1999. AGUIRRE, Rafael. Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana. Desclée de Brower. Bilbao, 1987. ANTÓN, Angel. La Iglesia de Cristo. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1976. ESTRADA, Juan Antonio. Del misterio de la Iglesia al pueblo de Dios. Sígueme. Salamanca, 1988. KÜNG, Hans. La Iglesia. Herder. Barcelona, 1968. BROWN, Raymond. La comunidad del discípulo amado. Sígueme. Salamanca, 1983. KEHL, Medard. La Iglesia. Sígueme. Salamanca, 1996. ESTRADA, Juan Antonio. Para comprender cómo surgió la Iglesia. Verbo Divino. Estella, 1999.

[6] RUBIO CARRASCO, Miguel. La aventura de creer.  PPC. Madrid, 2022. TORRALBA, Francesc. Y, a pesar de todo, creer. PPC. Madrid, 2018. MARDONES, José María. Análisis de la sociedad y fe cristiana. PPC. Madrid, 1995. MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. Ser creyente hoy. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 2014. SILVA, Sergio. Hay razones para creer en Jesús? Buscando respuestas en los escritos paulinos del Nuevo Testamento. Universidad Alberto Hurtado. Santiago de Chile, 2012. TORRES QUEIRUGA, Andrés. Un Dios para hoy. En https://www.espiritualidad.marianistas.org/wp-content/uploads/2018/12/Torres_Queiruga_Un_Dios_para:hoy.pdf  HALIK, T. Paradojas de la fe en tiempos postoptimistas. Herder. Barcelona, 2016. MOINGT, Joseph. Creer en el Dios que viene: de la creencia a la fe crítica.  Desclée de Brower. Bilbao, 2013. TORRES ADAME, Fabiola. Cómo hablar de Dios al hombre postmoderno: una mirada desde el cristianismo. En https://www.redalyc.org/journal/5155/515559181009/html/ HURTADO, Manuel Creer en Jesucristo hoy. En https://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol52/205/205_Hurtado.pdf

[7] MOLTMANN, Jürgen. Teología de la esperanza. Sígueme. Salamanca, 1999. ALFARO, Juan. Esperanza cristiana y liberación del hombre. Herder. Barcelona, 1977.

[8] ANDIÑACH, Pablo R. El libro del Exodo. Sígueme. Salamanca, 2006. SANZ GIMÉNEZ-RICO. Enrique. Cercanía del Dios distante: imagen de Dios en el libro del Exodo. Tesis para optar al título de Doctor en Teología, Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2001. WIENER, Claude. El libro del Exodo. Sígueme. Salamanca, 1986. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Dios liberó a Israel de la esclavitud de Egipto. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 2010.

[9] Sabiduría 18: 6

[10] La auténtica Teología de la Liberación, de sólido fundamento bíblico conecta, en la mejor lógica de la revelación, la esperanza histórica en un futuro de justicia y de superación de toda opresión con la expectativa de una vida que se transfigura en Dios al pasar la frontera de la muerte. METZ, Johann Baptist. La fe en la historia y la sociedad: esbozo de una teología política fundamental para nuestro tiempo. Cristiandad. Madrid, 1979. FLORISTÁN, Casiano. Así nació la Teología de la Liberación. En revista Vida Nueva número 1433 del 16 de junio 1984, páginas 1203-1210. PIXLEY, Jorge. Dios enjuicia a los idólatras en la historia, en Autores Varios. La lucha de los dioses: los ídolos de la opresión y la búsqueda del Dios liberador. Departamento Ecuménico de Investigaciones DEI. San José de Costa Rica, 1980; páginas 57-76. OLIVEROS,  Roberto. Liberación y teología: génesis y crecimiento de una reflexión teológica. CEP. Lima, 1980.

[11] Lucas 12: 35

[12] KUNG, Hans. Mantener la esperanza: escritos para la reforma de la Iglesia. Trotta. Madrid, 1993. WEIL, Simone. A la espera de Dios. Trotta. Madrid, 1993. BOTEY, Jaume. Construír la esperanza. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2008. ARREGUI, José. Invitación a la esperanza. Herder. Barcelona, 2015. PAPA BENEDICTO XVI. Carta Encíclica Spe Salvi sobre la Esperanza Cristiana. Librería Editrice Vaticana. Roma, 2007. BAENA, Gustavo. La esperanza en la vida cristiana: dimensión bíblica. En revista Theologica Xaveriana número 154, páginas 209-226. Pontificia Universidad Javeriana-Facultad de Teología. Bogotá, 2005. CASTRO CAVERO, José Manuel. La esperanza, fundamentos antropoteológicos. En https://www.mdc.ulpgc.es/utils/getfile/collection/ralmo/id/142/filename/143.pdf LAÍN ENTRALGO, Pedro. Antropología de la esperanza. Revista de Occidente. Madrid, 1958. TAMAYO-ACOSTA, Juan José. Para comprender la escatología cristiana. Verbo Divino. Estella, 1993.

[13] MOTTU, Henry. Dieu au risque de l´engagement: Douze figures de la theologie et de la philosophie religieuse au XXe siécle. Labor et Fides. Géneve,  2005. GALLAGER, Michael Paul. Mapas de la fe: diez grandes creyentes desde Newman hasta Ratzinger. Sal Terrae. Santander, 2012. CASAS ANDRÉS, Roberto. Dios pasó por El Salvador; la relevancia teológica de las tradiciones narrativas de los mártires salvadoreños. Desclée de Brower. Bilbao, 2009.

[14] Hebreos 11: 9 y 12

[15] Lucas 12: 35-37

[16] BOROS, Ladislaus. Somos futuro. Sígueme. Salamanca, 1979; Experimentar a Dios en la vida. Herder. Barcelona, 1981. RATZINGER, Joseph. Fe y futuro. Desclée de Brower. Bilbao, 2007. ROVIRA BELLOSO, Josep Maria. Dios, plenitud del ser humano. Sígueme. Salamanca, 2013. ALLO, Gloria. El hombre, creatura de Dios. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/2258/1/hombre-creatura-dios-implicanciaspdf