Septiembre 11: “Pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo había muerto y ha vuelto a la vida, se había perdido y ha sido hallado”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Éxodo 32: 7 – 11 y 13 – 14
  2. Salmo 50: 3 – 4 y 12 – 19
  3. 1 Timoteo 1: 12 – 17
  4. Lucas 15: 1 – 32

La historia general de la humanidad y la de cada hombre/mujer en particular son relatos apasionantes de amor, justicia, vida, recta, solidaridad, bondad, pero también de egoísmos y de rupturas sin fin, de maltratos grandes y chicos hacia nuestros semejantes, de depredación de la naturaleza, de guerras y violencias, de aterradoras injusticias. En nosotros anida la línea fronteriza entre el bien y el mal, el gran misterio de la libertad con la que hemos sido configurados para emprender la aventura de la existencia.[1] Somos al mismo tiempo capaces de las más generosas virtudes y también de horrendas perversiones. La historia de la humanidad así lo demuestra.

Hacemos esta constatación en el comienzo de nuestra reflexión semanal para enmarcarla en el misterio de la misericordia y de la compasión de Dios con esta condición humana simultáneamente santa y pecadora. No nos mueve un ánimo moralista pero sí el deseo de promover una conciencia crítica sobre nosotros mismos, discernimiento concienzudo que ha de llevarnos a la experiencia de sentirnos contingentes y necesitados de ese amor siempre mayor.[2]

Las lecturas de este domingo, concretamente el texto del capítulo 15 de Lucas, son recurso pedagógico para verificar con seriedad estas contradictorias realidades en nosotros mismos y en nuestros medios sociales y eclesiales. Ordinariamente nos convertimos en jueces implacables de las malas conductas de “los demás”, pero no nos incluimos en ese objeto de nuestras condenas, tenemos la tentación de eximirnos de responsabilidad moral haciendo uso de la “buena conciencia”, característica de la vanidad farisaica. ¿Qué postura asumir ante los males que causamos? Entran en tensión las sanciones de la sociedad, a través de sus mecanismos judiciales, y el deseo amoroso propio de Dios: redimir al ser humano de la cautividad de su pecado y de su injusticia, lo que también demanda de nuestra parte una actitud inspirada en ese amor desbordado.[3]

El escueto párrafo con el que comienza el texto de Lucas describe la esperanza que suscita Jesús en los pecadores, su tratamiento distinto y misericordioso hacia ellos, en abierto contraste con la envidia y presunción de quienes se sentían muy religiosos y estrictos observantes de la ley: “Entre tanto, todos los que recaudaban impuestos para Roma y los pecadores se acercaban a Jesús para oírle. Los fariseos y los maestros de la ley murmuraban: este anda con pecadores y come con ellos”.[4] A este requerimiento, formulado con escándalo, Jesús responde con las tres parábolas de la misericordia, las de la oveja y la moneda perdida, y la muy clásica del padre compasivo y del hijo pródigo, atravesadas por la revelación del Dios misericordioso, cercano, transformador del ser humano, distante del justiciero implacable, tan socorrido por quienes se sienten propietarios de la moral.[5]

Los fariseos y personajes similares tenían una idea de Dios como juez intransigente, asociado con la ley, con el cumplimiento riguroso de esta, haciendo de ello la estructura fundante de la religiosidad y de lo que ellos entendían como santidad, con el aspecto correlativo de la culpa y castigo de quien iba en contra de este ordenamiento. Jesús desbarata esta concepción cuando afirma la bondad absoluta de Dios para todos nosotros. Es el esfuerzo desmedido que se simboliza en el pastor que va en busca de la oveja perdida: “Les digo que, de igual modo, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no tengan necesidad de conversión”,[6] o la emoción de la mujer que busca su moneda extraviada: “Les digo que, del mismo modo, habrá alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta”.[7]

El Dios que se nos revela en Jesús no es el rígido contabilista de faltas y pecados, siempre a la cacería despiadada de los pecadores, que establece una escala milimétrica de condenas y castigos de acuerdo al tamaño de la pecaminosidad. El Dios Padre de Jesús se vuelca amorosamente hacia el ser humano en disposición de salvación y de reconstrucción de lo desfigurado por el pecado y por la injusticia. Este modo de llegar a las honduras del ser humano y a las motivaciones de su conducta contrasta con el estilo que penosamente se introdujo en muchos ámbitos del mundo cristiano, el de excomulgar, anatematizar, excluir, cerrar las puertas de Dios al ser humano agobiado por su pecaminosidad.[8]

Son tres las actitudes que encontramos en la parábola:

- La del hijo menor que queriendo ser libre rompe con el hogar paterno: “Pocos días después, el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano, donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino”.[9]

- La del Padre compasivo que se puso dichoso por el retorno del hijo y ordenó la celebración de una fiesta para festejar el retorno al hogar: “Traigan el novillo cebado, mátenlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado”.[10]

- La del hermano mayor que manifiesta su inconformidad y envidia porque a su hermano, malo y pecador, le hacen tal festejo: “Hace muchos años que te sirvo y jamás dejé de cumplir una orden tuya. Sin embargo, nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos. Y ahora que ha venido ese hijo tuyo que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado”.[11]

Con la sabia sencillez de este lenguaje, Jesús nos induce a considerar en cuál actitud estamos, cuál es la imagen de Dios que tenemos, cuáles son las exigencias suyas para nuestra vida. El Señor nos revela un Dios cuya personalidad es la misericordia. Estupendo ejercicio para entrar en lo más hondo de nuestro ser, para dejarnos interrogar por el Señor y por la realidad de nuestro pecado, por nuestra postura ante las debilidades del prójimo, por nuestra capacidad para ejercer con él el ministerio de la misericordia y de la compasión. Muchos de los seres humanos que incurren en conductas desordenadas no han tenido en su vida referentes de ayuda para estructurar su identidad, han padecido abusos y violaciones, han sido desconocidos en su dignidad. Vayamos a los sitios “difíciles” de la vida para encontrarnos con estas personas, para apreciarlos con la mirada amorosa del Dios que revoluciona los cauces estrechos de muchas “moralidades”.[12]

En el camino de crecer en nuestra humanidad, esta Palabra nos propone la lógica salvadora del Dios de Jesús, genuina sustancia del cristianismo. El Dios de Jesús es don absoluto y total. De esto es testigo Pablo: “Doy gracias a aquel que me revistió de fortaleza, a Cristo Jesús, Señor nuestro, que me consideró digno de confianza al colocarme en el ministerio, a mí que antes fui un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero encontré misericordia porque obré por ignorancia cuando no era creyente. Pero la gracia de nuestro Señor sobreabundó en mí…”.[13]

Pablo, fariseo de pura cepa, es desarmado y trastocado en sus convicciones cuando se encuentra con esta evidencia ilimitada de misericordia. Esta historia de la conversión demuestra que es Dios quien toma la iniciativa, Él busca, pone las cartas sobre la mesa, irrumpe gratuitamente, sorprende, siempre a nuestra disposición para darnos la mejor y más saludable posibilidad de vida resignificada por la misericordia.[14] Si somos capaces de entrar en esta comprensión, cambiará nuestra idea de los “buenos” y de los “malos”. Él no nos ama porque seamos buenos, simplemente lo hace porque somos sus creaturas, Él lo apuesta todo por nosotros. La bondad, en este orden de cosas, es porque Dios está en nosotros, a pesar de nosotros mismos. Esta es la gran manifestación de su total gratuidad. Pablo es testigo ejemplar de esta misericordia.

En el relato del Éxodo –primera lectura de hoy– encontramos buenas pistas para respaldar este gozoso descubrimiento. Dios “se hace” el que va a castigar al pueblo por su dedicación a la idolatría, por querer manipularlo y someterlo a sus intereses. Ante esto, Moisés, sabedor de las entrañas amorosas de Yavé, intercede para que se descubra su realidad misericordiosa: “Abandona el ardor de tu cólera y arrepiéntete de la amenaza contra tu pueblo”.[15]

Moisés tiene firme confianza en la misericordia de Dios y, siendo responsable de este pueblo que va por el desierto, no desecha el compromiso que tiene con su gente, aún a pesar del pecado y del alejamiento. Esta misma disposición es la que está presente todo el tiempo en Jesús, cuya vida es toda para esta causa del amor ilimitado y de la mano tendida para rehacer al ser humano.

Dios sólo puede amar, el perdón en Él significa que su amor no acaba cuando nosotros fallamos, como pasa entre los humanos, que nos apartamos de alguien porque deshace los vínculos establecidos. La auténtica revolución del cristianismo es esta gratuidad que no sabe de límites, este amor apasionado por la humanidad, este terco empeño en perdonarnos y darnos siempre la oportunidad de la vida trascendente y libre del desorden que trae el pecado.

 

[1] BETANCUR JIMÉNEZ, Gloria. Elena. La ética y la moral: paradojas del ser humano. En Revista CES Psicología volumen 9 número 1 enero-junio 2016; páginas 109-121. Universidad CES Corporación para Estudios en la Salud. Medellín, 2016. LIPOVESTKY, Gilles. El crepúsculo del deber. Anagrama. Barcelona, 2004. ROMANO RODRÍGUEZ, Carmen(compiladora). Reflexiones sobre lo humano. Universidad Autónoma de Puebla, 2003. NIETZSCHE, Friedrich. Más allá del bien y del mal. Alianza Editorial. Madrid, 2012. GARCÍA LÓPEZ, Jesús. La libertad humana. En https://www.digitum.um.es/digitum/bitstream/10201/21709/1/02%20la%20libertad%20humana.pdf  SAFRANSKI, Rüdiger. El mal o el drama de la libertad. En https://www.ddooss.org/libros/safranski_rudiger.pdf GONZÁLEZ, Juliana. Etica y libertad. Fondo de Cultura Económica FCE. México D.F., 2007. GONZÁLEZ RESTREPO, Publio. El problema del mal en San Agustín. En Revista Franciscanum número 146, mayo-agosto 2007; páginas 97-117. Universidad de San Buenaventura. Bogotá, 2007.

[2] GONZÁLEZ, María de los Angeles. Dios y el misterio del mal: Santo Tomás y Cornelio Fabro. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/4110/1/dios-misterio-mal-tomas-fabro.pdf LADARIA, Luis F. Teología del pecado original y de la gracia. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1993.  GÓMEZ SANTIBÁÑEZ, Guillermo. El problema del mal: una aproximación teológica desde San Agustín. En https://www.biblioteca.clacso.edu.ar/Nicaragua/cielac-upoli/20170831063945/El-Problema-del-mal.pdf  RICOEUR, Paul. Le mal: un defi a la philosophie et a la teologie. En Lectures 3: aux frontieres de la philosophie. Editions du Seuil. París, 1994. PIS-DÍEZ PRETI, Gustavo. El mal: una perspectiva antropológica. En https://www.eprints.ucm.es/id/eprint/4950/1/EL_MAL.pdf  GESCHÉ, Adolphe. Dios para pensar 1: El mal. Sígueme. Salamanca, 2010.

[3] TORRES QUEIRUGA, Andrés. Del terror de Isaac al Abba de Jesús: hacia una nueva imagen de Dios. Verbo Divino. Estella, 2000. VALMASEDA, Martín. Cuando tú dices Dios……yo me huelo otra cosa. Alandar. Madrid, 1985. MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. La experiencia cristiana de Dios. Trotta. Madrid, 1995. HIND, Rebeca. Las mil caras de Dios. Océano. Barcelona, 2004. ROSA BORJAS, Germán. El Dios crucificado versus el mal del mundo. En https://www.repositorio.uca.edu.ni/4658/1/El%20Dios%20crucificado%20versus.pdf  KASPER, Walter. La misericordia: clave del evangelio y de la vida cristiana. Sal Terrae. Santander, 2013. VIVES, Josep. Si oyerais su voz: exploración cristiana del misterio de Dios. Sal Terrae. Santander, 1988.

[4] Lucas 15: 1-2. RESEÑA BÍBLICA. El evangelio de Lucas: relato de la misericordia. Número 90 verano 2016. Verbo Divino. GARCÍA VIANA, Luis Fernando. El perdón y la misericordia en Lucas. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 27 de octubre de 2009. CONTRERAS MOLINA, F. Un padre tenía dos hijos. Verbo Divino. Estella, 1999. PONTIFICIO CONSEJO PARA LA NUEVA EVANGELIZACION. Misericordiosos como el Padre. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2015.

[5] PAOLI, Arturo. La perspectiva política de San Lucas. Siglo XXI editores. México D.F., 1973; FITZMYER, Joseph A. El evangelio según San Lucas. Cristiandad. Madrid, 2018. ANTOLÍN SÁNCHEZ, Javier. La compasión en las parábolas más emblemáticas de Lucas. En Revista Estudios Agustinianos número 47 2012; páginas 211-245. Estudio Agustiniano. Valladolid, 2012.

[6] Lucas 15: 7

[7] Lucas 15: 10. PAPA FRANCISCO. La misericordia de Dios desarma los juicios humanos. Angelus lunes 14 de marzo 2016. Boletín, Sala de prensa de la Santa Sede. Ciudad del Vaticano, 2016.

[8] PRONZATO; Alessandro. Tras las huellas del samaritano: peregrinación al santuario del hombre. Sal Terrae. Santander, 2003. DUCQUOC, Christian. Jesús, hombre libre. Sígueme. Salamanca, 1976. FERNÁNDEZ SANGRADOR, Jorge Juan. Fariseos y Escribas. En Revista Reseña Bíblica número 44, páginas 5-12 ,  ejemplar dedicado a Grupos políticos y religiosos en la Jerusalén del siglo I. Verbo Divino. Estella, 2004. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Miedo a Jesús. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2010. .

[9] Lucas 15: 13

[10] Lucas 15: 23-24

[11] Lucas 15: 29-30

[12] DROUZY, M. Jesús come con los pecadores. En https://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol14/16/016_drouzy.pdf PAPA FRANCISCO. El nombre de Dios es misericordia: una entrevista con Andrea Tornielli. Planeta. Barcelona, 2016. AGUIRRE MONASTERIO; Rafael. Compartir la mesa y conocer a Jesús. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 14 de noviembre de 2006. SANDERS, E.P. El reino: inversión de valores y perfeccionismo ético, capítulo 13 de La figura histórica de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2005; páginas 219-227. CASTILLO, José María. Jesús y la religión, capítulo 4 del libro La humanización de Dios. Trotta. Madrid, 2010; páginas 93-117.

[13] 1 Timoteo 1: 12-14

[14] REYNIER, Chantal. Para leer a San Pablo. Verbo Divino. Estella, 2009. CROSSAN, John Dominic & BORG, M.J. El primer Pablo: la recuperación de un visionario radical. Verbo Divino. Estella, 2009.

[15] Exodo 32: 12