Septiembre 25: “Si no hacen caso a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán aunque un muerto resucite” (Lucas 16: 31)

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Comunitas Matutina 25 se septiembre 2022

Domingo XXVI del Tiempo Ordinario Ciclo C ___________________________________________________________________________________________________

Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ ___________________________________________________________________________________________________

Lecturas:

  1. Amós 6: 1 y 4 – 7
  2. Salmo 145: 7 – 10
  3. 1 Timoteo 6: 11 – 16
  4. Lucas 16: 19 – 31

Siguiendo las lecturas que la Iglesia nos propone para este domingo los invitamos a considerar estas realidades:

  • En una población de 51 millones de personas que tiene actualmente Colombia se estima que el 39% vive en situación de pobreza, cerca de 20 millones de prójimos nuestros.
  • En el mundo mueren de hambre cada día unas cien mil personas.
  • Más de mil millones, de los siete mil quinientos pobladores que tiene el planeta, se encuentran en condición de pobreza extrema; cerca de tres mil millones son pobres.
  • Alrededor de mil ochocientos millones de seres humanos carecen de acceso al agua potable.
  • Otros mil millones no tienen una vivienda que se compadezca con su dignidad, con los mínimos vitales para un hábitat respetable.
  • Dos mil millones de personas no tienen acceso a medicamentos básicos.
  • Novecientos millones de personas se encuentran en niveles muy bajos de nutrición[1].

El mensaje de Jesús que, en uno de sus elementos más determinantes, lleva a optar preferencialmente por los pobres y a denunciar con crudeza la indiferencia de los ricos, resulta antipático y reiterativo para muchos. ¿Qué hacer ante esto? ¿Callar o limar la aspereza de estos contenidos para no perder adeptos? ¿O mantenerse firme en el vigor original del Evangelio, aún a costa de resultar ingratos a los ojos de quienes viven sumergidos en el mundo de las riquezas? La realidad misma, cruda y dolorosa, es el lenguaje más elocuente para ilustrar la severidad de Jesús en su denuncia.

Siguiendo al mismo Señor, él indica que la actitud cristiana es la segunda. Es el énfasis que nos ofrece el texto de Lucas escogido para este domingo, evangelio que destaca la conciencia misericordiosa del Señor con respecto a los afectados por la pobreza, cuyas carencias son resultado de la insensibilidad de muchos de los que disfrutan con exageración egoísta de los bienes materiales, tipificados en el rico Epulón de la parábola: “Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino finísimos, y cada día hacía espléndidos banquetes. A su puerta, cubierto de llagas, yacía un pobre llamado Lázaro, que ansiaba saciarse con lo que caía de la mesa del rico y hasta los perros iban a lamer sus llagas”[2].También, lo sabemos bien, el análisis científico de la economía señala que el modelo vigente necesita para estar “en equilibrio” la concentración de capitales en pocas manos y países, con la correlativa y escandalosa concentración de pobreza/miseria en miles de millones de hombres y mujeres[3]. Pregunta fundamental: ¿cuál es la ética de ese “equilibrio”?

La primera lectura, del profeta Amós, como el domingo anterior, conecta con esta intención de Jesús: “¡Ay de los que se sienten seguros en Sión y de los que confían en la montaña de Samaría, la gente más notable de la capital de las naciones, a quienes acude la casa de Israel!” [4], este texto – del siglo VIII antes de Cristo – inspira la parábola que trae a cuento Lucas para contrastar la desmedida abundancia del rico Epulón y la dramática pobreza de Lázaro, cuya necesidad no conmueve a aquel. Amós vivió en un contexto muy parecido, con gente millonaria que se podía dar toda clase de lujos, y multitud de pobres que a duras penas sobrevivían, tal como sucede en nuestro tiempo. Este profeta se dirige a la clase alta de las dos capitales –Jerusalén y Samaría– y denuncia con rigor su forma de vida: “Los que beben vino en anchas copas y se ungen con los mejores perfumes, pero no lamentan el desastre de José”[5], refiriéndose  a lo que sucede en todo el país.  Amós les anuncia: “Por eso, ahora irán al destierro a la cabeza de los cautivos y cesará la orgía de los sibaritas” [6], texto que participa de la doctrina de la retribución, propia del Antiguo Testamento. Lo que padece Epulón es consecuencia de su nulo interés por Lázaro[7].

Es muy importante advertir que estos comentarios tienen el propósito de hacernos sensibles a estos hechos incontrovertibles, nunca conducirnos a un malsano sentimiento de culpa ni a un conflicto neurótico con las cosas buenas que nos dan la vida y nuestro trabajo. El objeto es ayudar a fortalecer en nosotros el sentido de solidaridad, el compromiso con la dignidad de cada persona y la indignación profética ante las injusticias que promueve el “establecimiento”: “En el mundo de hoy persisten numerosas formas de injusticia, nutridas por visiones antropológicas reductivas y por un modelo económico basado en las ganancias, que no duda en explotar, descartar e incluso matar al hombre”[8].

Para comprender por qué el rico, que comía y vestía de lo suyo, es lanzado al infierno, debemos referirnos brevemente al concepto de rico y de pobre en la Biblia. Para nosotros el uno y el otro son conceptos que aluden a una situación social y económica. Rico es el que posee mucho más de lo necesario para vivir y puede acumular bienes en demasía, y pobre es el diametralmente opuesto, el que carece de todo, el que vive en constante necesidad, con el agravante de que su condición apenas mueve a compasiones ocasionales, a limosnas fruto de piedades del momento, sin tocar en su raíz las estructuras que dan pie a este estado de cosas. Pobres, en el Antiguo Testamento, sobre todo a partir del destierro en Babilonia, eran aquellos que no tenían otro valedor que Dios. Se trataba de los desheredados de este mundo, que no tenían nada en qué apoyar su existencia, no tenían a nadie en quien confiar, pero seguían confiando en Dios. Tal confianza era la que los hacía gratos a Yavé, que no les podía fallar. En este contexto, lo sociológico no se puede desligar de lo religioso.[9]

La opción preferencial por los pobres no es “pobrerismo”, que victimiza siempre a los vulnerables, ni una ideología resultado del resentimiento social.  Es una opción por la dignidad plena de todo ser humano, promoviendo una dinámica y estructuración de la sociedad tales que en ella todo se ha de articular para tender a este objetivo común [10]. El clamor intenso del Papa Francisco, quien desde el comienzo de su ministerio como Obispo de Roma y antes, en su pastoreo de la iglesia de Buenos Aires, llama la atención sobre esta seudocultura opulenta que trata a muchos seres humanos como desechables y los “descarta” porque no son funcionales para el sistema de producción y de consumo: “Mientras tanto, los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente. Así se manifiesta que la degradación ambiental y la degradación humana y ética están íntimamente unidas”[11] . En el mundo cristiano hay ahora, ya desde hace un número importante de años, un movimiento teológico y pastoral que llama la atención con fuerza sobre estas realidades, de ahí surgen organizaciones sociales, revisión del carisma de congregaciones religiosas, replanteamientos teóricos y prácticos del quehacer pastoral, nuevas tendencias teológicas implicadas en la realidad histórica y posturas de entrega generosa por parte de muchos cristianos. Ya sabemos que nunca será suficiente lo que se haga en esta materia: es deber creyente mirar siempre a Dios y al ser humano en sus contextos de realidad, y sobre esa base discernir y tomar decisiones según el Evangelio.

Jesús nos enseña que un indicador de la verdadera religiosidad reside en la construcción de una comunidad de hermanos, donde la dignidad humana sea el principio decisivo de la misma. Siguiendo aquello de “caridad es hacer hombres, no mendigos”, estamos llamados a superar el asistencialismo y paternalismo de las caridades de momento para dar paso a un paradigma en el que la solidaridad sea estructurante de todo el tejido social, disminuyendo al mismo tiempo la abundancia de los ricos y la carencia de los pobres en la perspectiva de bienes compartidos en igualdad de condiciones, trascendiendo también los intereses políticos y económicos de los grupos de poder, de una y otra tendencia ideológica. Durante siglos ha predominado en el mundo cristiano el modelo asistencial para atender las necesidades de los pobres, sin tomar postura ante las causas estructurales de tan preocupante hecho; muchas congregaciones y organizaciones católicas han nacido bajo esta inspiración. Se impone un discernimiento serio que nos lleve a procesos profundos de conversión sin convertir al pobre en persona eternamente mantenida, sin iniciativa para tomar el rumbo de su emancipación[12], tampoco para instrumentalizarlo o convertirlo en bandera ideológica.

Proponer esto resulta de alto idealismo, quijotesco si se quiere, pero este debe ser el horizonte ético que inspire una nueva humanidad. De lo contrario, seguiremos sometidos al designio funesto de seres humanos que utilizan a sus semejantes como mercancías y los descartan cuando nos les resultan útiles, mientras aquellos siguen anestesiados en su mundo de excesos. No podemos desarrollar nuestra religiosidad sin contar con el pobre. Un cierto tipo de predicación incompleta del cristianismo, olvidando lo sustancial del Evangelio, ha desarrollado un individualismo casi absoluto, haciendo de la relación con Dios un tratamiento vertical que desconoce al prójimo. En el mensaje original de Jesús el camino para llegar a Dios es el compromiso solidario con el prójimo.  El verdadero grado de acercamiento a Dios es el acercamiento al otro, todo lo demás es idolátrico[13].

Pablo,  exhorta a Timoteo  a vivir en la nueva humanidad, que es definitiva para este proyecto de fraternidad : “Tú, en cambio, hombre de Dios, huye de estas cosas; corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de la paciencia en el sufrimiento, de la dulzura” [14]. El rico Epulón es la vieja humanidad, la que ignora el sufrimiento del hermano, la que desperdicia y gasta sin sentido ético, la que es incapaz de la justicia. Si bien, nuestra esperanza está cifrada en una plenitud más allá de la muerte, que llamamos salvación, nuestra historia actual, y en ella nosotros como actores comprometidos, debemos hacer de la misma un sacramento anticipado de esa trascendencia total, dedicándonos sin reservas a la restauración de los caídos por causa de la inequidad y de la riqueza irresponsable.

 

[1] PNUD PROGRAMA DE NACIONES UNIDAS PARA EL DESARROLLO. Informe sobre desarrollo humano 2021-2022. Naciones Unidas. New York, 2022.  PNUD. Informe regional de desarrollo humano 2021: América Latina y el Caribe. Naciones Unidas. New York, 2021. LARRAÑAGA, Oswaldo. La medición de la pobreza en dimensiones distintas al ingreso. CEPAL Naciones Unidas. Santiago de Chile, 2007. STEZANO, Federico. Enfoques, definiciones y estimaciones de pobreza y desigualdad en América Latina y el Caribe. CEPAL NACIONES UNIDAS. México D.F., 2021. RODRÍGUEZ, Francisco. La pobreza como un proceso de violencia estructural. En https://www.flacsoandes.edu.ec/sites/dafault/files/agora/files/128089538.francisco_rodriguez.pdf  LEWIS, Oscar. Antropología de la pobreza. Fondo de Cultura Económica FCE. México DF, 1980. CORREDOR, Consuelo. La política social en clave de derechos. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, 2010. NACIONES UNIDAS OFICINA DEL ALTO COMISIONADO PARA LOS DERECHOS HUMANOS. Los principios rectores sobre la pobreza y los derechos humanos. Naciones Unidas. New York, 2018.

[2] Lucas 16: 19-21

[3] SADER, Emir & GENTILI, Pablo. La trama del neoliberalismo: mercado, crisis y exclusión social. Universidad de Buenos Aires, 1999. STITGLITZ, Joseph. El malestar en la globalización. Taurus. Madrid, 2002. LEWKOWICZ, Nicolás. Auge y ocaso de la era liberal: una pequeña historia del siglo XXI. Biblos. Buenos Aires, 2020. ARNSPERGER, C. & VAN PARIJS, P. Etica económica y social: teorías de la sociedad justa. Paidós. Barcelona, 2002. NUSSBAUM, Martha. Sin fines de lucro: por qué la democracia necesita de las humanidades. Katz. Madrid, 2010. PAPA BENEDICTO XVI. Carta Encíclica Caritas in veritate. Librería Editrice Vaticana. Roma, 2009. SEN, Amartya. On ethics and economics. Blackwell. Oxford, 2003. RAWLS, John. Teoría de la justicia. Fondo de Cultura Económica. México DF, 1979.

[4] Amós 6: 1

[5] Amós 6: 6

[6] Amós 6: 7

[7] NARDONI, Enrique. Justicia, trabajo y pobreza. En FARMER, William L.(Editor).  Comentario Bíblico Internacional. Verbo Divino. Estella, 2000; páginas 268-271. DÍEZ ALEGRÍA, José Manuel. La respuesta de las primeras generaciones cristianas a la exigencia evangélica de justicia. SM. Madrid, 1988. RODRÍGUEZ, Pablo Gustavo. Los mundos posibles de la pobreza en la Biblia. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/3010442458.pdf AUTORES VARIOS. La causa de los pobres, causa de Dios. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2015.

[8] PAPA FRANCISCO. Carta Encíclica FRATELLI TUTTI sobre la fraternidad y la amistad social. Librería Editrice Vaticana. Roma, 2020; número 22.

[9] GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Jesús y los ricos de su tiempo. Servicio Bíblico Verbo Divino. Quito, 2014. AUTORES VARIOS. La justicia que brota de la fe. Sal Terrae. Santander, 1983. AUTORES VARIOS. El secuestro de la verdad: los hombres secuestran la verdad con su injusticia. Sal Terrae. Santander, 1986. CASTRO GÓMEZ, Carlos David. La opción por los pobres; análisis crítico de sus posibilidades y limitaciones en un mundo globalizado. En https://www.biblioteca.clacso.edu.ar/gsdl/collect/clacso/index/assoc/D6142.dir/04castro2.pdf BENASSAR, Bartomeu. Pensar y vivir moralmente: la actitud samaritana del pueblo de Dios. Sal Terrae. Santander, 1988.

[10] CONCILIO VATICANO II.  Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo moderno: Gaudium et Spes. Números  12 a 18. Biblioteca de Autores Cristianos BAC.  Madrid, 2009. CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO CELAM. Las cinco conferencias generales del episcopado latinoamericano: Río de Janeiro, Medellín, Puebla, Santo Domingo, Aparecida. San Pablo, Paulinas. Bogotá, 2014. PIKAZA, Xabier & ANTUNES DA SILVA, José (Editores). El pacto de las catacumbas: la misión de los pobres en la Iglesia. Verbo Divino. Estella, 2015. CONSEJO MUNDIAL DE IGLESIAS. Fortalecer el compromiso cristiano con la dignidad humana y los derechos humanos. En https://www.oikoumene.org/es/resources/documets/strengthening-christian-commitment-to-human-dignity-and-human-rights

[11] PAPA FRANCISCO. Encíclica Laudato si: sobre el cuidado de la casa común. Librería Editrice Vaticana. Roma, 2015; número 56.  

[12] FREIRE, Paulo. La educación como práctica de libertad. Siglo XXI Editores. México, D.F., 2005; Pedagogía del Oprimido. Siglo XXI Editores. México D.F. 1987. DE SOUSA SANTOS, Boaventura. Renovar la teoría crítica y reinventar la emancipación social. CLACSO. Buenos Aires, 2006. ABRAMO, Laís & CECCHINI, Simone & MORALES, Beatriz. Programas sociales, superación de la pobreza e inclusión laboral. CEPAL NACIONES UNIDAS. Santiago de Chile, 2019.

[13] GONZALEZ FAUS, José Ignacio. Otro mundo es posible desde Jesús. Sal Terrae. Santander (España), 2010. CASTILLO, José María. La alternativa cristiana. Sígueme. Salamanca, 1985. COTO MURILLO, Paulo & SALGADO RAMÍREZ, Moisés. Entre el dolor de la pobreza real y el gozo de la pobreza espiritual. En https://www.clacso.edu.ar/clacso/clacso-crop/20120630090313/07mur2.pdf

[14] 1 Timoteo 6: 11

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