Octubre 2: “¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que tú escuches, clamaré hacia ti: violencia, sin que tú salves?”

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Comunitas Matutina 2 de octubre 2022

Domingo XXVII del Tiempo Ordinario Ciclo C

 

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ ___________________________________________________________________________________________________

Lecturas:

  1. Habacuc 1: 2 – 3 y 2: 2 – 4
  2. Salmo 94: 1 – 9
  3. 2 Timoteo 1: 6 – 8 y 13 – 14
  4. Lucas 17: 5 – 10

Jesús pide revisar en profundidad mentalidades y actitudes relativas a asuntos esenciales de la vida, y lo hace con lenguaje desafiante, para indicar la densidad de lo que está planteando. Así, en las lecturas de hoy, la de Lucas, precedida por la de Habacuc, se nos remite a la realidad de la fe, cuestionando las comprensiones deficientes que tenemos de ella. Creer en Dios no es asentir teóricamente a “cosas” externas al creyente o plegarse simplemente a un determinado sistema religioso.[1] En la revelación bíblica la fe no consiste en el asentimiento a una serie de definiciones doctrinales. Esta es algo más radical y decisivo, se trata de la confianza en alguien, de depositar la garantía de la propia vida en una realidad distinta de nosotros, que nos invita y propone cosas maravillosas, comprometiendo la totalidad del ser y del quehacer en este acto, que también exige la fidelidad como actitud de permanente recreación de esa confianza: Dios.

Tampoco nos podemos quedar en un sistema de seguridades doctrinales que nos proteja de las dinámicas del cambio, de las preguntas inquietantes y definitivas, de las inevitables crisis existenciales. La fe genuina es exigente, retadora, provoca renuncias y rupturas, remite a la libertad, se inserta en la realidad, siempre abierta a la trascendencia, confronta esto último con aquellas situaciones en las que el ser humano se juega el sentido de su vida. La historia de los grandes creyentes es la mejor garantía para acreditar estas afirmaciones, esas experiencias parten de preguntas, probablemente de vacíos existenciales y de dudas, pero también nos hablan del riesgo de creer, la gran aventura de la libertad que se inscribe en el relato fundamental de Dios[2].

El profeta Habacuc –primera lectura de este domingo– nos pone en el contexto de un diálogo entre el profeta y Dios, con la cuestión por excelencia, la pregunta por la raíz del mal y el sufrimiento que lo rodea: ¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que tú escuches, clamaré hacia ti: ¡violencia!, sin que tú salves? ¿Por qué me haces ver la iniquidad y te quedas mirando la opresión? No veo más que saqueo y violencia, hay contiendas y aumenta la discordia” [3]. Angustioso clamor que nos pone frente al   interrogante que surge cuando en el mundo se dan tantos males e injusticias, principalmente en contra de inocentes[4]. Nuestra sensibilidad recorre los escenarios trágicos de la humanidad, como estos que hemos vivido en Colombia durante tantos años, propiciados por grupos de personas que recurren a la violencia para eliminar a quien piensa o cree distinto, ejercer retaliación por otros crímenes, presionar a las autoridades a tomar un determinado tipo de decisiones, afianzar poder y demostrar superioridad, y emprender la devastación de comunidades buenas, es la estética de lo atroz en aberrante manifestación.

Vuelve a nosotros el drama existencial de Job, que simboliza el sufrimiento del inocente, la tentación de capitular renunciando a la fe y a la esperanza, culpar a Dios de lo que es responsabilidad humana, caer en un permanente estado de desencanto y sin sentido, pero finalmente abrirse a la dimensión redentora de la fe[5]. Es uno de los grandes núcleos que nos presenta la revelación bíblica, haciendo eco a lo que es vivenciado por muchos en la humanidad. La queja de Habacuc es clara: no hay justicia, se vive en una violación sistemática de los derechos básicos provocada por confusiones de su tiempo, que nos trasladan a nuestro hoy con los grandes desafueros que poderosos y sistemas políticos y económicos cometen contra los débiles del mundo. ¿Cuál es el papel de la fe? ¿Se contiene allí un sentido que abra a la acción de la justicia y dé cauce realista a la esperanza?[6].

La última palabra sobre la vida de los humanos no la tienen los señores de la muerte, ni los provocadores de injusticias y destrucciones, aunque en determinado momento su poder parezca avasallador y ganancioso. Lo decisivo para nosotros proviene de Dios, nos dota de la capacidad creyente, del estilo fuerte para cambiar el significado de lo trágico y mortal en señales de vida y de esperanza, a partir de la confianza radical en Él: “El Señor me respondió y dijo: escribe la visión, grábala sobre unas tablas para que se la pueda leer de corrido. Porque la visión aguarda el momento fijado, ansía llegar a término y no fallará; si parece que se demora, espérala, porque vendrá seguramente y no tardará. El que no tiene el alma recta, sucumbirá, pero el justo vivirá por su fidelidad[7].

La respuesta de la fe no actúa mágicamente, es un proceso de maduración, en el que se viven desolaciones y experiencias de profundas crisis, protestas y rebeliones, pero también vivencias de purificación, de dramático realismo, en las que el creyente poco a poco se va liberando de la  religiosidad mágica  para experimentar ser encontrado por el Dios que se involucra, que se encarna, que se hace principio y fundamento existencial[8].

Estas consideraciones llevan directamente a lo que suscita el texto de Lucas que se propone para este domingo: “Dijeron los apóstoles al Señor: auméntanos la fe. El Señor respondió: si tuvieran una fe como un grano de mostaza, habrían dicho a este sicomoro: arráncate y plántate en el mar, y les habría obedecido[9]. La solicitud de los discípulos da pie a una amonestación que cuestiona el poner la seguridad en las buenas obras y en las prácticas religiosas, en cuanto acumulación de méritos y auto justificación, para abrir la puerta a la confianza en Dios, tema reiterado en los exigentes retos que Jesús pone a los personajes religiosos de su contexto.

Quienes pasan la vida acumulando méritos no confían en Dios sino en sí mismos, mentalidad que también está presente en sus discípulos, a quienes se dirige este reto. Igualmente, la parábola del servidor cuya única obligación es cumplir con lo mandado sin mérito alguno, también es una crítica a las personas y grupos religiosos que sólo confían en la observancia de la ley como única alternativa de salvación. Es el eterno dilema entre la fe y las obras, asunto clave que ocupó las reflexiones y la espiritualidad de aquellos hombres que conmovieron la Europa del siglo XVI: Martín Lutero, sincero y obsesionado creyente que pugnaba por una reforma radical del cristianismo[10], e Ignacio de Loyola, el soldado desgarrado y vano que inmortalizó su experiencia de conversión en la estrategia de sus ejercicios espirituales.

De esta manera, somos conducidos a descubrir lo que realmente somos, ir al fondo de nuestro ser como gran ejercicio de confianza, despojarnos de máscaras  para entrar confiados en el misterio de nuestra humanidad, experiencia que a su vez nos permite entrar en el espacio de Dios en cuanto principio y fundamento de todo lo que somos y hacemos[11]. En la respuesta de Jesús da a entender que la petición que le hacen los discípulos está mal planteada. No se trata de cantidad sino de autenticidad. Él no les podía aumentar la fe porque no la tenían suficiente, esta tiene que crecer desde dentro, y para ello pone el ejemplo sencillísimo del grano de mostaza.

Lo que Jesús dice no está referido a una promesa de poderes mágicos para realizar portentos, que es lo que ordinariamente se entiende y lo que moviliza a muchos en materia religiosa, demandando milagros, sanaciones, sin comprometer la propia vida en un nuevo proceso de mejor humanidad según el Evangelio. Para él, la fuerza de Dios ya está en cada uno de nosotros, para quien tiene confianza esa energía se podrá desplegar en servicio, en solidaridad, en fraternidad y en vida recta y justa.

Lo opuesto a la fe es la idolatría, el poner las seguridades en realidades humanas absolutizadas, y darles a estas un pretendido poder salvador y liberador, sacando del escenario al verdadero Dios que se nos revela amorosamente para que seamos auténticamente humanos. La fe es una actitud personal fundamental que imprime un rumbo definitivo a la existencia.

Los testimonios de los grandes creyentes son relatos de Dios que nos ayudan a comprender la respuesta de Jesús, que suena dura por escueta y contundente pero estimulante para encontrar el sentido real de la fe, así mismo las palabras de Jesús: “Somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber[12]. El creyente se sumerge en la gran dinámica de la gratuidad de Dios y su justicia, e inscribe su libertad en este apasionante misterio de vida, asume la decisión de romper con el universo de las seguridades religiosas que paralizan su ejercicio creyente y se lanza a la gran aventura de la fe. Es una llamada a ejercer en nosotros una autocrítica profunda en perspectiva de superación de los miedos que nos paralizan, de las evasiones con las que queremos justificar el no compromiso y el ejercicio de la responsabilidad de transformar esta historia sin el recurso a la consabida y decadente mentalidad milagrera[13].

Es imperativo tener el coraje de preguntarse, de practicar rupturas, de superar el letargo de una religiosidad que adormece y somete conciencias, hay que mirar todos los aspectos de la condición humana, sus búsquedas de sentido, sus protestas ante el carácter implacable del mal y de la injusticia, explorar, cuestionar y dejar que la realidad desafíe y estimule modos más auténticos de vivir y de creer.

Jesús no instaura un modelo religioso repetitivo. A esto alude Pablo cuando dice a Timoteo: “Por tal motivo, te recomiendo que reavives el carisma de Dios que está en tí por la imposición de mis manos. Piensa que el Señor no nos dio un espíritu de timidez sino de fortaleza, de caridad y de templanza. No te avergüences, pues, ni del testimonio que has de dar de Nuestro Señor, ni de mí, su prisionero. Al contrario, soporta conmigo los sufrimientos por el Evangelio, ayudado por la fuerza de Dios, que nos ha salvado y nos ha llamado con una vocación santa…” [14]. Así, Pablo es para nosotros un referente de cómo es eso de confiar en Dios.

 

[1] TORNOS, Andrés. Cuando hoy vivimos la fe: teología para tiempos difíciles. San Pablo. Madrid, 1997. RAHNER, Karl. Curso fundamental sobre la fe. Herder. Barcelona, 1983. ARDUSSO, Franco. Aprender a creer: las razones de la fe cristiana. Sal Terrae. Santander, 2000. PAPA FRANCISCO. Carta Encíclica Lumen Fidei La Luz de la Fe. Librería Editrice Vaticana. Roma, 2013. BONEVA, Ralitza. La fe como forma de vida. En https://www.scielo.org.mx/pdf/tods/n36/1665-1200-tods-36-00093.pdf   GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Olegario. La gloria del hombre: reto entre una cultura de la fe y una cultura de la increencia. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1985. PAPA JUAN PABLO II. Carta Encíclica Fides et Ratio Fe y Razón. Librería Editrice Vaticana. Roma, 1998. ZANOTTI, Gabriel J. Existencia humana y misterio de Dios. En https://www.riu.austral.edu.ar/bitstream(handle/123456789/567/EXISTENCIA%20HUMANA%20Y%20MISTERIO%20DE%DIOS.pdf?sequence=1  FRANKL, Viktor & LAPIDE, Pinchas. Búsqueda de Dios y sentido de la vida: diálogo entre un teólogo y un psicólogo. Herder. Barcelona, 2005.

[2] DIMITROV, Tihomir. La dimensión espiritual de grandes científicos. Universidad Iberoamericana. México D.F.  2014. GALLAGHER, Michael Paul. Mapas de la fe: diez grandes creyentes desde Newman hasta Ratzinger. Sal Terrae. Santander, 2012. MOTTU, Henry. Dieu au risque de l´engagement: douze figures de la theologie et de la philosophie religieuse au XX siécle. Labor et Fides. Ginebra, 2005. DELP, Alfred. Escritos desde la prisión. Sal Terrae. Santander, 2012. SALVARANI, Francesco. Edith Stein: hija de Israel y de la Iglesia. Palabra. Madrid, 2009. WEIL, Simone. A la espera de Dios. Trotta. Madrid, 1993.

[3] Habacuc 1: 2-3

[4] BRAVO LAZCANO, Carlos. El problema del mal. Pontificia Universidad Javeriana – Facultad de Teología. Bogotá, 2006. DALFERT, Ingolf U. El mal: un ensayo sobre el modo de pensar lo inconcebible. Sígueme. Salamanca, 2018. NEUSCH, Marcel. El enigma del mal. Sal Terrae. Santander, 2009. NABERT, Jean. Ensayo sobre el mal. Caparrós Editores. Madrid, 1998. RICOEUR, Paul. El mal: un desafío a la filosofía y a la teología. Amorrortu. Madrid, 2006. PAPA JUAN PABLO II. Carta Apostólica Salvifici Doloris sobre el sentido cristiano del sufrimiento humano. Librería Editrice Vaticana. Roma, 1984.

[5] UNAMUNO, Miguel. Del sentimiento trágico de la vida en los hombres y en los pueblos. Gredos. Madrid, 1987.  BARRERO CUÉLLAR, Edgar. Estética de lo atroz: psicohistoria de la violencia política en Colombia. Cátedra Libre. Bogotá, 2011. MOLANO, Alfredo. Desterrados. Editorial De Bolsillo. Madrid, 2018; Siguiendo el corte. Alfaguara. Madrid, 2015. ALAPE, Arturo. El “Bogotazo”: memorias del olvido. Ocean Sur. Bogotá, 2016. REES, Lauren. Hitler y Stalin: dos dictadores y la segunda guerra mundial. Crítica. Barcelona, 2022.

[6] ALONSO SCHÖCKEL, Luis & SICRE DÍAZ, José Luis. Job: comentario teológico y literario. Cristiandad. Madrid, 2002. GUTIÉRREZ MERINO, Gustavo. Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente: una reflexión sobre el libro de Job. Centro de Estudios y Publicaciones. Lima, 1986.

[7] Habacuc 2: 2 - 4

[8] MARTIN VELASCO, Juan. El encuentro con Dios. Caparrós Editores. Madrid, 1995. DE BENEDICTO, Marcos. Fe inteligente. Casa Editora Sudamericana. Buenos Aires, 2010. DÍAZ, Carlos Apología de la fe inteligente. Desclée de Brower. Bilbao, 1998. KÜNG, Hans. Lo que yo creo. Trotta. Madrid, 2011. GONZÁLEZ SUÁREZ, Lucero. La mística cristiana en el tiempo de la secularización, el nihilismo y los nuevos movimientos religiosos. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2020. MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. Ser cristiano en una cultura postmoderna. PPC. Madrid, L 1996. ZAMBRANO, María. El hombre y lo divino. Fondo de Cultura Económica FCE. México D.F., 2007. CONCILIUM REVISTA INTERNACIONAL DE TEOLOGÍA. Número 323 “Las edades de la vida y la experiencia cristiana”. Verbo Divino. Estella, 2007.

[9] Lucas 17: 5-6

[10] ROPER, Lyndal. Martín Lutero, renegado y profeta. Taurus. Barcelona, 2017. BALDERAS VEGA, Gonzalo. La Reforma y la Contrarreforma: dos expresiones del ser cristiano en la modernidad. Universidad Iberoamericana. México D.F., 2009. MARCET, Carles. Ignacio de Loyola, un itinerario vital. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2015. GARCÍA HERNÁN, Enrique. Ignacio de Loyola. Taurus. Barcelona, 2013. CACHO NAZÁBAL, Ignacio. Iñigo de Loyola, ese enigma. Mensajero & Deusto. Bilbao, 2004.

[11] ROBINSON, John A.T. Sincero para con Dios. Ariel. Barcelona, 1969. LEONARD, André. Pensamiento contemporáneo y fe en Jesucristo: un discernimiento intelectual cristiano. Encuentro. Madrid, 1997. MARDONES, José María. Postmodernidad y cristianismo: el desafío del fragmento. Sal Terrae. Santander, 1988. KÜNG, Hans. Existe Dios? Respuesta al problema de Dios en nuestro tiempo. Cristiandad. Madrid, 1979.

[12] Lucas 17: 10

[13] MARTIN VELASCO, Juan. El malestar religioso de nuestra cultura. Ediciones Paulinas. Madrid, 1993. GARRIDO, Javier. El conflicto con Dios hoy. Sal Terrae. Santander (España), 2003.

[14] 2 Timoteo 1: 6-8

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