Abril 25: "Yo soy el buen pastor"

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Por: Gabriel Jaime Pérez, SJ

Esto dijo Jesús; Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas; pero el que trabaja sólo por la paga, cuando ve venir al lobo deja las ovejas y huye, porque no es el pastor y las ovejas no son suyas, y el lobo ataca a las ovejas y las dispersa en todas direcciones. Ese hombre huye porque lo único que le importa es la paga, no las ovejas. Yo soy el buen pastor. Así como mi Padre me conoce a mí y yo conozco a mi Padre, así también yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí. Yo doy mi vida por las ovejas. También tengo otras ovejas que no son de este redil; y también a ellas debo traerlas. Ellas me obedecerán y formarán un solo rebaño con un solo pastor. El Padre me ama porque yo doy mi vida para volverla a recibir. Nadie me la quita, yo la doy por mi propia voluntad. Tengo el derecho de darla y de volver a recibirla. Esto es lo que me ordenó mi Padre (Juan 10, 11-18). 

La Iglesia celebra este domingo la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones al Sacerdocio Ministerial, es decir, las de los llamados para la misión de servir a la comunidad como pastores en virtud del Sacramento del Orden. Este sacramento es el de la ordenación de los diáconos, presbíteros y obispos, pero son propiamente los dos últimos los llamados a ser pastores en la Iglesia. Esta Jornada se relaciona por eso con la imagen del Buen Pastor, con la que Jesús se define a sí mismo. Meditemos sobre lo que Él nos dice el Evangelio, teniendo en cuenta también las otras lecturas (Hechos de los Apóstoles 4, 8-12; Salmo 118 [117]; 1ª Carta de Juan: 3, 1-2) y pidiéndole por las vocaciones al sacerdocio ministerial. 

 

1. “Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas” 

La imagen del pastor es constante en la Biblia. El libro del Génesis describe los orígenes de Israel a partir de Abraham, Isaac y Jacob, pastores que en el siglo XVIII a.C. recorrieron territorios desérticos en busca de agua y pasto para sus ganados de ovejas y cabras. Seis siglos después -hacia el XII a.C.- Moisés, a quien evoca el libro del Éxodo, aprende el oficio de pastor y es escogido por Dios como instrumento para liberar al pueblo de la esclavitud que padecía en Egipto y conducirlo por el desierto hacia la tierra prometida. Dos siglos más tarde -hacia el X a.C.-, es designado rey de Israel un joven pastor llamado David, que cuidaba el rebaño de su padre Jesé. A David se le atribuyen los salmos que representan a Dios como el Pastor que conduce, alimenta y protege a su pueblo. Finalmente, los profetas Jeremías y Ezequiel -siglos VII y VI a.C.-, critican a los malos pastores que han descuidado el rebaño -los jefes políticos y religiosos de Israel y Judá-, y anuncian como nuevo pastor para toda la humanidad a un Mesías descendiente de David. 

En el Nuevo Testamento, la parábola del pastor que encuentra a la oveja perdida y la carga sobre sus hombros (Mateo 18,12-14; Lucas 15,3-7)- dio origen a la primera imagen figurativa de Jesús, que se encuentra en las catacumbas de Roma y expresa la misericordia divina manifestada en Él mismo, que busca a los pecadores para reincorporarlos a la comunidad. Juan, por su parte, destaca una característica esencial del Buen Pastor: dar su vida por las ovejas, en lugar de huir como los asalariados. Esta donación de su propia vida, a la que Jesús hace referencia varias veces en pasaje del Evangelio de hoy, es libre y voluntaria, y además conlleva el anuncio de su resurrección, lo cual a su vez es proclamado por el apóstol Pedro en su discurso evocado por la primera lectura. Y por eso mismo podemos aplicar a Jesús lo que dice el Salmo 118: Demos gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia. 

 

2. “Yo conozco a mis ovejas y ellas me conocen a mí” 

El capítulo 10 del Evangelio de Juan se sitúa en el marco de la fiesta de la Dedicación, que conmemoraba la restauración del Templo de Jerusalén en el año 164 a. C. En esta fiesta tiene lugar una discusión entre Jesús y los jefes religiosos, a quienes Jesús critica como malos pastores, aplicándose a sí mismo la imagen del pastor al que sí le importan sus ovejas y por eso lo reconocen. Es en este sentido en el que el Papa Francisco ha dicho que los pastores deben “oler a oveja”. 

Pero existe el peligro de malentender la imagen del pastor cuando se concibe a la Iglesia como una organización autoritaria en la que los jefes imponen su poder a unos borregos pasivos sin libertad ni iniciativa propia. Por el contrario, lo que Jesús quiere es que todos formemos una comunidad en la que seamos pueblo de Dios, como lo indicó el Concilio Vaticano II (1962-1965). Por eso en la labor pastoral de la Iglesia todos debemos no sólo dar a conocer a Jesús, sino también reconocernos entre nosotros como hermanos, con distintos carismas y oficios, pero iguales en dignidad como hijos de Dios, según lo que nos dice la segunda lectura. 

 

3. “También tengo otras ovejas que no son de este redil” 

Jesús se refiere así a quienes no forman parte del pueblo judío. La acción salvadora de Jesús es para todos, sin exclusivismos. Él quiere formar una Iglesia universal, cuya unidad sea un testimonio creíble. Sin embargo, desde fines del siglo I, cuando con base en la predicación de Juan fue escrito el cuarto Evangelio, se habían comenzado a producir divisiones y enfrentamientos entre los cristianos. Hoy persiste esta situación, y a pesar de lo que vienen haciendo los distintos papas desde el Concilio Vaticano II (1962- 1965) -que fue llamado “Ecuménico” por su intención de buscar la unidad respetando la pluralidad-, todavía falta mucho para lograr el ideal de ser un solo rebaño con un solo Pastor

Por eso, sea éste un motivo para renovar la petición evocada por el mismo evangelista Juan en su relato de la última cena, al dirigirse Jesús a su Padre celestial en la que se ha denominado su oración sacerdotal: “No te ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí al oír el mensaje de ellos. Te pido que todos ellos estén unidos (…), para que el mundo crea que tú me enviaste” (Juan 17, 20-21). 

 

Conclusión: Finalmente, en esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones al Sacerdocio Ministerial, pidámosle al Señor, invocando la intercesión de María santísima, Madre del Buen Pastor, y la de la de todos los santos presbíteros, obispos y papas, que suscite muchas vocaciones de jóvenes que tengan y realicen el deseo sincero de entregar sus vidas al servicio de la comunidad en el Sacramento del Orden, y de manera especial oremos hoy por quienes hemos sido ordenados, para que cumplamos nuestra misión pastoral a imagen y semejanza de Jesús, el Buen Pastor.