Mayo 16: "Fue levantado al cielo y se sentó a la derecha de Dios" (Marcos 16, 15-20)

homilia_gabriel_jaime_pérez

Por: Gabriel Jaime Pérez, SJ

Jesús resucitado se apareció a los once y les dijo: "Vayan por todo el mundo y anuncien a todos la Buena Noticia. El que crea y sea bautizado, obtendrá la salvación; pero el que no crea, será condenado. Y estas señales acompañarán a los que creen: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes; y si beben algo venenoso, no les hará daño; además pondrán las manos sobre los enfermos, y estos sanarán". Después de hablarles, el Señor Jesús fue levantado al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos salieron a anunciar el mensaje por todas partes; y el Señor los ayudaba, y confirmaba el mensaje acompañándolo con señales milagrosas 

 

1. La Ascensión del Señor 

Cuando el Credo dice que Jesús subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, no se refiere a un hecho físico, sino espiritual. La aparición de Jesús a los once –sin el traidor- ocurre cuando estaban sentados a la mesa, como lo precisan el versículo inmediatamente anterior (Marcos 16,14), y el relato de los Hechos de los Apóstoles (1,1-11): mientras comía con ellos. Hay aquí una referencia a la Eucaristía, en la que Jesús resucitado se hace presente al partir el pan, como había sucedido con los discípulos que se dirigían a Emaús (Lucas 24,35) y que también evoca el Evangelio de Marcos (16, 12) . 

Pablo (Efesios 1,17-23) dice que Dios resucitó a Jesús y le dio asiento a su derecha en el cielo. En el Nuevo Testamento el término “Dios” se refiere a quien Jesús llama su Padre y también “Padre nuestro”. Y la imagen simbólica de sentarse a su derecha corresponde a que el rey hacía subir hasta su trono a quien se había distinguido en el cumplimiento de una tarea al servicio del reino. Jesús invita a sus discípulos a continuar la tarea que Él ha iniciado al servicio del reino de Dios, dándoles la misión de anunciar la Buena Noticia. Vale destacar por eso lo que se oye al final del relato de la Ascensión que nos trae la lectura de los Hechos de los Apóstoles: ¿Qué hacen ustedes ahí plantados mirando al cielo? Es una invitación a emprender la marcha para cumplir la tarea: Vayan por todo el mundo y anuncien a todos el Evangelio

Ahora, ¿cómo entender lo que sigue, el que crea y sea bautizado obtendrá la salvación, pero el que no crea será condenado? El catecismo dice que “fuera de la Iglesia no hay salvación”, pero esto no significa que quien no pertenezca institucionalmente a ella será condenado. Podemos pertenecer a la institución y no por ello tenemos asegurada la salvación. En cambio, hay quienes no pertenecen de la misma forma, pero cumplen lo que Dios quiere y que Jesús enseñó. 

De hecho, “creer” en lo que ha enseñado Jesús es seguir el dictamen de lo que Dios ha puesto en la conciencia humana: haz el bien y evita el mal, trata a los demás como quieres que los demás te traten a ti. Quien procura obrar así, obtiene la salvación, es decir la felicidad eterna. Quien no lo hace, se sitúa fuera de Dios -que es Amor-, y en esto consiste la “condenación”. Renovemos pues nuestra esperanza en que, si procuramos vivir en este mundo de acuerdo con la voluntad de Dios, que es voluntad de Amor, también nosotros gozaremos del “cielo”, que no es un lugar físico, sino un estado de felicidad sin fin, al que Dios nos invita y del que la resurrección y la ascensión de Jesucristo son prenda y garantía. 

 

2. Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 

Hace 55 años, por disposición del Concilio Ecuménico Vaticano II, comenzó a celebrarse esta Jornada cada año, en la fiesta de la Ascensión, para promover el recto uso de los medios de comunicación. El Mensaje del Papa para la de este año lleva por título Ven y lo verás (Jn 1,46), evocando un relato del Evangelio de Juan: “A los primeros discípulos que quieren conocerlo (…), Jesús les responde: «Vengan y lo verán» (Jn 1,39). Más de medio siglo después, Juan recuerda algunos detalles “de crónica” que revelan su presencia en el lugar y el impacto que aquella experiencia tuvo en su vida: «Era como la hora décima», anota, es decir, las cuatro de la tarde (cf. v. 39). El día después, Felipe comunica a Natanael el encuentro con el Mesías. Su amigo es escéptico: «¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?». Felipe no trata de convencerlo con razonamientos: «Ven y lo verás», le dice (cf. vv. 45-46). Natanael va y ve, y desde aquel momento su vida cambia. La fe cristiana inicia así. Y se comunica así: como un conocimiento directo, nacido de la experiencia (…). El “ven y lo verás” es el método más sencillo para conocer una realidad”. 

Al final dice el Papa: “El Evangelio se repite hoy cada vez que recibimos el testimonio límpido de personas cuya vida ha cambiado por el encuentro con Jesús. Desde hace más de dos mil años es una cadena de encuentros la que comunica la fascinación de la aventura cristiana. El desafío que nos espera es, por lo tanto, el de comunicar encontrando a las personas donde están y como son”. Y termina con esta oración: Señor, enséñanos a salir de nosotros mismos y a encaminarnos hacia la búsqueda de la verdad. Enséñanos a ir y ver, a escuchar, a no cultivar prejuicios, a no sacar conclusiones apresuradas (…), a tomarnos el tiempo para entender, a prestar atención a lo esencial, a no dejarnos distraer por lo superfluo, a distinguir la apariencia engañosa de la verdad.” 

 

3. Comienza la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 

Esta semana en la cual nos preparamos para la Fiesta de Pentecostés que conmemora la venida del Espíritu Santo, que les dio a los primeros discípulos de Jesús la fuerza necesaria para proclamar sin miedo la buena noticia de su resurrección, se nos invita a orar por la unidad de todos los que creemos en Cristo, para que seamos un solo corazón y una sola alma, como lo fue la primera comunidad cristiana (Hechos 4, 32-35. 

Desafortunadamente los que nos llamamos cristianos -y lo somos todos los que reconocemos a Cristo como Dios hecho hombre y salvador de la humanidad-, estamos divididos e incluso enfrentados, en contra de lo que Jesús mismo quería cuando les dio a sus discípulos la misión de proclamar su Buena Noticia. 

Que María Santísima, quien acompañó en la oración a esa primera comunidad antes de Pentecostés (Hechos 1,14), nos alcance de su Hijo la unidad que Él mismo le pidió al Padre al instituir la Eucaristía: “No te ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí al oír el mensaje de ellos. Que sean uno, así como tú y yo somos uno (Juan 17,20-23). Así sea.