Mayo 30: "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo"

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Por: Gabriel Jaime Pérez, SJ

Los once discípulos fueron a Galilea y subieron al monte en el que Jesús los había citado. Al ver a Jesús se postraron, aunque algunos titubeaban. Entonces Jesús se acercó a ellos y les dijo: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28, 16-20). 

 

1. El Misterio de Dios trino y uno 

Cuenta san Agustín (354-430 d.C.) que, al ver a un niño intentando vaciar toda el agua del mar en un caracol, comprendió que la mente humana es incapaz de abarcar la infinitud del misterio de Dios. El lenguaje bíblico, al intentar describir a Dios -no definirlo, porque el Infinito es indefinible-, lo hizo con la palabra que mejor puede caracterizarlo: Amor (1 Juan 4,8.16). Este es el sentido del misterio: un solo Dios que es pluralidad en la perfecta comunidad de amor. Es así como Dios Padre se nos revela en su Hijo Jesucristo, su Palabra hecha carne por obra del Espíritu Santo. Este mismo Espíritu nos mueve a reconocer el amor de Dios llamándolo “Abba”, palabra aramea que significa “Papá”, que evoca Pablo en la segunda lectura (Romanos 8, 14-17) y que fue empleada por Jesús para dirigirse a Dios Padre. 

En algunos textos bíblicos del Antiguo Testamento hay varias referencias a la Trinidad de Dios: 

- En el primer relato de la creación (Génesis 1,26) Dios habla en primera persona del plural: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra”. 

- En la historia de Abraham, Dios se le presenta en la figura de tres personas, a las que recibe como si fuera un solo ser: “Señor, si te he caído en gracia, no pases de largo”. 

- El profeta Isaías, al narrar su vocación (6,3), ve místicamente a los ángeles que dicen “Santo, Santo, Santo el Señor del Universo”, y luego Dios le dice: ¿A quién enviaré? ¿Quién irá de parte nuestra? 

Pero en los Evangelios aparecen más claramente los nombres y la acción de las Tres Personas: 

- En el relato de la Encarnación (Lucas 1,26-38), el Padre habla por la voz del Ángel, Gabriel y el Hijo se hace carne en el seno de la Virgen por obra del Espíritu Santo. 

- En el Bautismo de Jesús (Mc 1, 9-11), el Padre le dice al Hijo “Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco, mientras el Espíritu Santo se posa sobre Él en la figura de una paloma. 

- En la Transfiguración, el Padre dice “Este es mi Hijo Amado, a quien he elegido, escúchenlo” (Mt 17,5), y el Espíritu Santo está representado en la nube que cubre a Jesús y los apóstoles. 

- En la Última Cena con sus discípulos, Jesús hace referencias a la Santísima Trinidad (Jn 14,23-26) . 

- E inmediatamente antes de su Ascensión, Jesús les dice “Vayan, pues, y enseñen a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28, 19). 

 

2. Los símbolos de la Santísima Trinidad 

Muchos símbolos han venido siendo empleados para tratar de expresar el misterio de Dios uno y trino: 

- Uno de ellos es el sol, fuente de energía, luz y calor. El Padre es la fuente, el Hijo es la luz que nos revela a Dios Padre y el Espíritu Santo es el fuego que enciende la llama del amor. 

- Otra imagen es la del triángulo: tres ángulos y lados distintos, pero una sola figura geométrica. Y aunque ninguno de ellos es lo que son los otros dos, los tres forman un mismo y único ser. 

- La flor de lis, en la heráldica, es una representación del lirio y también se utiliza como representación de la Santísima Trinidad, debido a sus tres pétalos. 

- San Patricio (387-461 d.C.), para presentarles el misterio de Dios a los paganos de Irlanda, les señalaba los tres componentes del trébol. 

- Y san Ignacio de Loyola (1491-1556) cuenta en su Autobiografía (No. 28) que, en Manresa, donde vivió la experiencia de sus Ejercicios Espirituales, “veía la Trinidad en figura tres teclas”, con lo cual parece referirse a la armonía perfecta de Dios que es Amor y se comunica así a sus creaturas. 

 

3. Nuestra fe en la Trinidad nos debe impulsar a la realización de lo que ella significa 

En la liturgia de la Eucaristía abundan las referencias a la Santisima Trinidad: 

- "La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo estén con ustedes”. Así empezaba san Pablo sus cartas, y este es el origen del saludo de quien preside la celebración, después de hacer la señal de la cruz invocando a Dios uno y trino. 

- En el himno del “Gloria”, que se reza o canta los días domingos y festivos, alabamos a Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; en la oración anterior a las lecturas invocamos al Hijo, que vive y reina con el Padre en la unidad del Espíritu Santo, y en el Credo proclamamos nuestra fe en la Santísima Trinidad. 

- Luego, después de la alabanza al tres veces Santo, el celebrante le pide a Dios Padre que santifique con su Espíritu el pan y el vino para que sean el Cuerpo y la Sangre de su Hijo, y después hace el brindis con el que, por Cristo, con Él y en Él, reconocemos la gloria de Dios Padre omnipotente en la unidad del Espíritu Santo. Y finalmente, el celebrante da la bendición de Dios uno y trino. 

En un libro de meditaciones escrito por Joseph Ratzinger, quien luego sería el Papa Benedicto XVI (2005- 2013), y titulado El Dios de los Cristianos, leí la siguiente reflexión: “¿Cuántas veces hemos hecho la señal de la cruz sin recapacitar? Pues bien, otras tantas hemos invocado al Dios trino y uno. Por su sentido originario, esa invocación es renovación bautismal, aceptación de las palabras con las que nos hicimos cristianos y apropiación de lo que, en el bautismo, se infundió en nuestra vida. En aquella ocasión se derramó agua sobre nosotros mientras eran pronunciadas las palabras: “Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. 

Que la fiesta de la Santísima Trinidad nos motive, no sólo para renovar la expresión de nuestra fe en el misterio insondable e infinito de Dios, sino también para que reactivemos nuestro compromiso bautismal de realizar lo que significa proclamar a Dios como comunidad perfecta en la unidad y la pluralidad de personas: que por haber sido creados a su imagen y semejanza, también nosotros, empezando por la familia, llamada a seguir el modelo de la unidad trinitaria, cumplamos cada día mejor la voluntad de Dios uno y trino, que quiere que seamos, y nos hace posible ser, una auténtica comunidad de Amor.