Julio 24: Señor, enséñanos a orar

homilia_gabriel_jaime_pérez

Por: Gabriel Jaime Pérez, SJ

Una vez Jesús estaba orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: -Señor, enséñanos a orar, lo mismo que Juan enseñó a sus discípulos. Jesús les dijo: -Cuando oren, digan: “Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Danos cada día el pan que necesitamos. Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos han hecho mal. No nos expongas a la tentación”. También les dijo Jesús: -Supongamos que uno de ustedes tiene un amigo, y que a medianoche va a su casa y le dice: “Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío acaba de llegar de viaje a mi casa, y no tengo nada que darle.” Sin duda el otro no le contestará desde adentro: “No me molestes; la puerta está cerrada, y mis hijos y yo ya estamos acostados; no puedo levantarme a darte nada.” Aunque no se levante a darle algo por ser su amigo, lo hará por su impertinencia, y le dará todo lo que necesita. Así que yo les digo: Pidan, y Dios les dará; busquen, y encontrarán; llamen a la puerta, y se les abrirá. Porque el que pide, recibe; y el que busca, encuentra; y al que llama a la puerta, se le abre. ¿Acaso alguno de ustedes, que sea padre, sería capaz de darle a su hijo una culebra cuando le pide pescado, o de darle un alacrán cuando le pide un huevo? Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan! (Lucas 11, 1-13).

 

1. Cuando oren, digan: “Padre …”

Varias veces los evangelios nos presentan a Jesús en oración, siendo ésta una de las características que más resaltan de este Maestro bueno que se mantenía en constante unión con el verdadero Dios cuya cercanía predicaba y al que llamaba Padre. Esta invocación aparece en algunos pasajes del Nuevo Testamento con la palabra Abbá, que, en el idioma significaba exactamente Papá.

Por eso, cuando los discípulos de Jesús le piden a su Maestro que les enseñe a orar como Juan el Bautista lo había hecho con sus discípulos, comienza diciéndoles cómo invocar a Dios: con cariño y confianza, como a un padre bondadoso y compasivo, cercano, reconociéndonos como sus hijos y, por ello mismo, como hermanos. Nadie antes se había dirigido así a Dios, y en esto consiste en gran parte la novedad de la buena noticia proclamada por Jesús al decir que el Reino de Dios está cerca.

En las dos versiones que aparecen en los evangelios, la oración está en plural: tanto en la de Mateo, que es la más extensa y la que nosotros rezamos, como en la de Lucas, que corresponde al evangelio de hoy- Esto quiere decir que debemos superar el individualismo egoísta y tener en cuenta a toda la humanidad. Por eso el “Padrenuestro” es una oración solidaria, en la que si decimos “danos cada día nuestro pan…”, o si pedimos perdón o imploramos ayuda para no caer en la tentación, lo estamos pidiendo para todos. No es por tanto una oración individual, sino comunitaria.

 

2. Alabanza, ofrecimiento y peticiones

El “Padrenuestro” suele ser considerado como una oración de peticiones, y en verdad lo es. Sin embargo, también es una oración de alabanza y de ofrecimiento. Lo primero que encontramos en ella es precisamente la alabanza, luego sigue el ofrecimiento, y por último vienen las peticiones.

Primero está la alabanza, porque al decir santificado sea tu nombre expresamos nuestra gratitud a Dios Creador, que se reveló a Moisés en el monte Sinaí con el nombre de “Yahvé” (Yo soy), deseando que sea reconocido y glorificado en su ser como un Padre que nos ama a todos sus hijos. Luego está el ofrecimiento, porque cuando decimos venga tu reino –o, lo que es lo mismo, ven a reinar en nosotros-, le estamos ofreciendo nuestra disposición a que su poder, que es el poder del Amor, dirija nuestra vida personal y social para que así podamos ser todos felices, que es lo que Él quiere. La versión del Evangelio según san Lucas, correspondiente a este domingo, omite la frase “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”, que sí aparece en el de san Mateo. Pero, en definitiva, esta frase ya está implícita en la anterior (venga tu Reino), pues la realización del Reino de Dios es justamente el cumplimiento de lo que él quiere, que se haga presente cada vez más en nosotros el poder de su Amor.

Y después de la alabanza y el ofrecimiento, vienen las peticiones propiamente dichas. Jesús nos invita a pedir que no nos falte el alimento: danos cada día el pan que necesitamos; no se trata solamente del pan material, sino también del espiritual que recibimos con la Palabra de Dios y la comunión en la Eucaristía. Jesús nos invita a pedir perdón, manifestando nosotros nuestra disposición a perdonar: Perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos han hecho mal. Y finalmente, Jesús nos invita a pedirle al Creador que no nos exponga a la tentación. Aquí concluye la versión de Lucas, mientras que la de Mateo agrega “y líbranos del maligno”, pero precisamente al pedirle a Dios que no nos exponga a las tentaciones -o que no nos deje caer en ellas-, implícitamente pedimos que nos libre de ser vencidos por las fuerzas del mal. Son tres peticiones que a su vez nos recuerdan las tres necesidades fundamentales de nuestra vida: el alimento necesario tanto material como espiritual, la reconciliación con nuestros prójimos como condición para vivir en paz con Dios y entre nosotros, y la fuerza protectora de Dios para no dejarnos vencer por las tentaciones y el poder del mal.

 

3. Pedir, ante todo, lo que más necesitamos

Un detalle muy importante en el Evangelio de hoy es la conclusión que saca Jesús de su parábola del amigo insistente, con la que concluye su enseñanza sobre la oración: “Pues si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!”. Con esta reflexión Jesús nos invita a pedir lo que de verdad y ante todo necesitamos. Muchas veces podemos experimentar la tentación de desanimarnos y desistir de la oración porque sentimos que Dios no atiende a nuestras peticiones. Pero lo que puede estar ocurriendo en estos casos es que el Señor no nos concede lo que no nos conviene para nuestra verdadera felicidad, que en definitiva es la felicidad eterna.

Por eso lo primero que debemos pedirle es justamente la disposición que necesitamos para recibir lo que sólo Él sabe que es más conveniente para nuestra vida. Esta disposición sólo podemos tenerla si actúa en nosotros el Espíritu Santo, y éste es precisamente el sentido de la frase venga tu Reino: dejar que actúe en nosotros el poder de Dios, que es el poder del Amor. Así sea.