Septiembre 20: Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos

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Por: Gabriel Jaime Pérez, S.J.

En aquel tiempo dijo Jesús esta parábola: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros desocupados, y les dijo: “¿Cómo es que están aquí el día entero sin trabajar?” Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Y Él les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña”. Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”. Él le replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?” Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos». (Mateo 20, 1-16).

Jesús nos enseña que la acción salvadora de Dios implica una total gratuidad. Esto quiere decir que nosotros no tenemos por qué exigirle a Él ninguna remuneración. Si él nos recompensa por el bien que hacemos, esto se debe por completo a su iniciativa amorosa. Tal es el mensaje que nos trae el Evangelio (Mateo 20, 1-16). Reflexionemos un poco sobre él, teniendo en cuenta también las otras lecturas [Isaías 55, 6-9; Sal 142 (141), 2-3. 8-9. 17-18; Filipenses 1, 20c-24. 27].

1. Salió a contratar jornaleros para su viña

La imagen de la recolección de las uvas para fabricar el vino había sido empleada por los profetas bíblicos para simbolizar la acción de Dios que hizo de su pueblo un campo de siembra del que esperaba frutos buenos y abundantes. Jesús la retoma para enseñarles a sus discípulos en qué consiste el Reino de Dios: en su acción salvadora, que concede la felicidad plena a toda persona que acoge su invitación a seguir el camino que Él mismo nos ha mostrado en la vida de su Hijo Jesucristo, que no es otro que el camino del Amor, consistente en el reconocimiento filial de Dios, nuestro Creador, y en el reconocimiento fraternal de nuestros prójimos como hijos del mismo Dios, cualquiera que sea su raza, cultura, credo o condición social.

2. Los primeros pensaban que recibirían más, pero también recibieron un denario

A primera vista la forma de proceder del dueño de la hacienda parece injusta. ¿Cómo así que a quienes se rompieron el lomo de sol a sol les viene a pagar lo mismo que a los que apenas trabajaron la última hora del día? Pero la finalidad de esta parábola no es darnos una lección de derecho laboral, sino hacerles ver, a quienes se creían “primeros” por pertenecer a una raza elegida y consideraban que Dios les debía pagar mucho más por el cumplimiento fiel de unos ritos externos, lo equivocados que estaban al criticar la acogida que recibían de Jesús aquellos a quienes ellos rechazaban como pecadores. Éstos, que son los “últimos” a quienes se refiere Jesús, eran los publicanos, las prostitutas, los marginados sociales, los extranjeros no pertenecientes a la religión judía y en general todas las personas que, desde otras procedencias distintas de la judía, se habían hecho sus discípulos y discípulas para formar lo que iba a ser el inicio del cristianismo.

3. “Los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos”

Esta frase de Jesús aparece varias veces en los Evangelios en contextos distintos, pero siempre para hacer referencia a lo que Dios mismo había dicho a través del profeta Isaías en la primera lectura: “Mis planes no son los planes de ustedes, sus caminos no son mis caminos –oráculo del Señor–. Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los de ustedes, mis planes que los suyos”. Ahora bien, tal referencia a los designios de Dios como totalmente diferentes de los planes humanos, Jesús la aplica especialmente a la acogida que Él mismo les brinda a los pecadores que atienden su invitación y se convierten, dejándose transformar por su Espíritu.

A esto se refiere a su vez el mismo pasaje de Isaías, en el que Dios dice: “que el malvado abandone su camino y el criminal sus planes; que regrese al Señor, y de él tendrá piedad nuestro Dios, que es rico en perdón”. Y esta actitud misericordiosa corresponde precisamente a la justicia de Dios, la misma que canta el Salmo al proclamar que “el Señor es justo en todos sus caminos, bondadoso en todas sus acciones”. En otras palabras, la justicia divina no es la frialdad indiferente y ciega de un juez insensible, sino la bondad infinita de un Padre compasivo y misericordioso.

Conclusión

En la segunda lectura bíblica nos invita el apóstol san Pablo a llevar una vida digna del Evangelio de Cristo. Al haber escuchado y meditado el pasaje evangélico de este domingo, dispongámonos a hacer realidad en nuestras actitudes cotidianas las enseñanzas de Jesús, en quien se nos presenta personalmente Dios para mostrarnos su generosidad y su misericordia infinitas. Así como él procedió, también debemos proceder nosotros: con una disposición plena a la compasión, totalmente opuesta al orgullo condenador de quienes se creen buenos y desprecian a los demás.