Jugaremos al Sí y al No

"Todos los colombianos, y sobra decir que también las colombianas, estamos invitados a jugar al sí o al no. El juego se llama plebiscito."


"¿De dónde viene esta palabreja que le da nombre a nuestro juego? El vocablo “plebe” se ha degradado; pero resulta que todos, ustedes y yo, hacemos parte de la plebe. Plebe viene de una palabra latina que significa pueblo. Todos hacemos parte del pueblo soberano. Plebiscito es el acto solemne al que se cita a la plebe -plebe en el sentido primigenio- para que se exprese y decida sobre los problemas de mayor trascendencia nacional. De ahí que el negarse a acudir a la cita se pueda considerar como un pecado de omisión.

El cese al fuego bilateral y definitivo, pactado entre el estado y las FARC, es una gran noticia. Así lo expresó el Papa Francisco en su viaje a Armenia: “Estoy feliz por esa noticia que me llegó ayer. ¡Más de cincuenta años de guerra de guerrilla! Ha sido una buena noticia.”

Francisco, desde la plaza de la Revolución de La Habana, suplicó: “Por favor, no tenemos derecho a permitirnos otro fracaso más en este camino de paz y reconciliación.” Ahora los colombianos tendremos que decidir si aprobamos o no los acuerdos que han hecho posible el fin de la guerra.

La firma del alto al fuego no ha sido un paso precipitado. Sería injusto atribuir los méritos del proceso de paz sólo al último de los presidentes de Colombia. Los resultados actuales se deben a la suma de los esfuerzos realizados durante siete periodos presidenciales. Cada uno de los últimos siete presidentes, incluido el doctor Álvaro Uribe, ha contribuido con su aporte propio, aunque con distintos métodos y enfoques. Sin esta labor previa de años no se hubiera podido llegar a los resultados actuales.

Cada uno de los pasos dados en La Habana, ha sido analizado milimétricamente a lo largo de meses enteros, entre representantes de los actores del conflicto, incluidas las fuerzas armadas del estado y las víctimas. Enemigos a muerte han sido capaces de sentarse frente a frente para buscar durante tres años el bien de Colombia.

Hay razones para estar de acuerdo con los que afirman que los resultados de La Habana, aunque imperfectos como todo lo humano, son los únicos posibles en este momento y que constituyen unas bases justas y firmes para construir la paz.

La Conferencia Episcopal de Colombia nos invita a participar en el plebiscito “de manera responsable, con un voto informado y a conciencia”. Hacia un precipicio, funesto para el país, nos conducen quienes buscan politizar o personalizar el plebiscito, como si en él sólo estuvieran en juego los intereses de dos facciones o dos jefes políticos. La paz no es del presidente Santos; es de Colombia.

Bien se puede estar en desacuerdo con muchas políticas del presidente Santos o con su forma general de conducir el país y al mismo tiempo apoyar firmemente el proceso de paz.
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