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La reconciliación: un compromiso ético y espiritual que nos convoca

El principio ético movilizado por las disposiciones espirituales que contemplan el carisma ignaciano se afirma sobre la voluntad de trabajar de manera personal y comunitaria por la reconciliación, a través de aquel valor interior que se anima a leer la realidad acopiando nuestras propias herramientas de labor, liberando las fuerzas de los presupuestos, los miedos y los apegos que las oprimen.


La apuesta apostólica de la Compañía de Jesús, en sus obras sociales y educativas, busca trabajar en las fronteras, no solo comprendidas física y geopolíticamente, sino como acervo simbólico en el que se concentran aquellos “campos de trabajo relevantes definidos en el discernimiento que, de una parte, tienen en cuenta el accionar de Dios en las esperanzas, angustias, clamores, derechos y deberes de los pobladores de las regiones; y de otra (…) lo que nos es propio a nosotros aportar (…) desde nuestra manera de vivir la fe, nuestra espiritualidad, nuestra formación y nuestras capacidades”. (Proyecto Apostólico Regional de Provincia, 2018).

En ese orden de ideas, se propone un horizonte de sentido en el que convergen el espíritu de discernimiento que procura identificar la mejor manera de colaborar con el Reino y las opciones que se sitúan ante la realidad en aquella contemplación activa que, en clave de reconciliación, invita constantemente a acoger las diferencias, propiciar el encuentro y asumir imperativamente el compromiso con los desavenidos. A esto obedece la misión apostólica de la Provincia Colombiana que, durante los últimos nueve años, identificamos bajo la consigna Construyendo paz, perdón y reconciliación desde las regiones.

Las herramientas que se propone consultar en el segundo boletín de divulgación de la Caja #RedConciliacion? han sido elegidas bajo la óptica de la reconciliación como compromiso ético y espiritual que nos convoca. Con ellas deseamos poner de presente algunas claves de lectura que las obras de la Compañía de Jesús nos ofrecen, desde una comprensión de la reconciliación como talante. Las consideramos significativas porque desde el ejercicio espiritual y la conciencia de las certidumbres interiores, se valida la dignidad de las personas y el trabajo comprometido con esa misión. Esta coordenada puede ser iluminadora ante la situación actual de nuestro país en su nueva etapa política y ante las importantes incidencias que este contexto tendrá en los próximos años, en la perspectiva de la paz y la reconciliación. Cabe citar en este sentido elementos como: la presencia en el recién conformado Congreso de la República de nuevas opciones políticas alternativas, el aumento en la participación electoral ciudadana en los comicios de 2018, los desafíos éticos que le significan al país el alto porcentaje de corrupción en nuestras instituciones y, finalmente, el nivel de polarización revelado por la contienda electoral para la presidencia de la República -especialmente para su segunda vuelta-, que en muchos casos ha sido acompañada por actos de violencia.

Pasar la página de la polarización es la invitación del presidente electo. Movilizarnos como ciudadanos en una común responsabilidad en la construcción social, asumir las controversias como oportunidades para fortalecer la democracia y los procesos que conciernen a las reformas constitucionales, los mecanismos para la justicia y el Acuerdo de Paz, se constituyen en temas esenciales en el próximo cuatrienio. Allí se encontrarán quienes disienten en sus modelos de país, así como en los caminos que se conciben eficaces para propiciar la paz y la reconciliación y valorar las instituciones y factores de mediación que intervienen. Las poblaciones implicadas, los distintos actores, las víctimas del conflicto armado -formalmente reconocidas en el quinto punto del Acuerdo de Paz que nos hace responsables de su atención y reparación-, los ciudadanos en general y sus distintos tipos de relación con las dinámicas del poder económico y político centrales en el país, son piedra angular a considerar en medio de la confrontación y las decisiones que sean encarnadas. Por supuesto, todo ello bajo el entramado del configurado Sistema Integral de Verdad, Justicia y Reparación y No Repetición y el trabajo de articulación que este demanda, en una tarea que se torna aún más compleja cuando se amplía el campo de acción de cada uno de sus componentes en las distintas Regiones que constituyen el ámbito nacional. Institucionalmente hablando, los Organismos Internacionales, aquellos vinculados con el sector del conocimiento y la investigación y, por supuesto, los movimientos sociales, las ONGs y las organizaciones constituidas por las propias víctimas en defensa de sus derechos a la verdad, la justicia y la reparación, tendrán un rol crucial. Esto en términos de la formación de capacidades y del apalancamiento de los procesos en forma coordinada, y aún más en consideración a los enfoques diferenciales y el respeto por los distintos contextos que este Sistema contempla.

De todo lo anterior emana un compromiso que incluye a las distintas ramas de la sociedad civil, en términos del acompañamiento al movimiento de transición y las máximas éticas que se han ido formulando en el proceso, pero también en conciencia del debilitamiento de la credibilidad del Acuerdo que ha ido brotando y se suma a sentimientos de miedo y desconfianza que se ciernen frente a las distintas instituciones. Resultan fundamentales como derroteros: a) cuidar que el espíritu de trabajo por las víctimas no se vea minado por procesos inmediatistas o de intervención indebida que resulten en revictimizaciones, b) ejercer una comunicación asertiva para la comprensión de los distintos conceptos y mecanismos que han sido estipulados en el ambiente del post-conflicto, c) combatir el ambiente de hostilidad y d) ser gestores de una pedagogía solidaria y de corresponsabilidad, atenta a los distintos focos en que se incuba la violencia en nuestros ambientes cotidianos también. Estas tareas atañen de manera especial a los centros educativos y a las instituciones que movilizan el conocimiento, pues también allí se tejen las oportunidades para que, aún epistémicamente, se construya un proceso de reconciliación más profundo, un discurso atento a la diversidad de relatos y saberes. Desde allí pueden tenderse puentes para el reconocimiento del otro, donde habite la divinidad que concierne a las condiciones de la humanidad que se potencia críticamente, al ser capaz de desaprender los prejuicios que, tanto en la intimidad de la persona, como en la concreción de sus formas de comunión, desestiman la vida.

Nota:

Miembros del comité: María Teresa Urueña, Consultora y diseñadora de la Caja de Herramientas; María Consuelo Escobar, Gerente proyecto de Regionalización de la Compañía de Jesús en Colombia; Julián Andrés Castaño, Gestor de Regionalización, Educación Continua y Consultorías, Vicerrectoría de Extensión y Relaciones Internacionales, Pontificia Universidad Javeriana; Juan Daniel Cruz, Coordinador Académico Peace Education, Educación Continua y Consultorías, Vicerrectoría de Extensión y Relaciones Internacionales, Pontificia Universidad Javeriana; Juan Carlos Merchán, Investigador CINEP-Programa por la Paz.

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