¡Cuidado con dejarse engañar!

¡Cuidado con dejarse engañar!
  • Domingo Noviembre 17 de 2019
  • Pistas para la Homilía del Domingo
  • Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.
  • Ordinario

El lenguaje de Jesús es muy directo: “¡Cuidado con dejarse engañar! Porque muchas veces se presentarán usurpando mi nombre, y diciendo que son el Mesías y que el último plazo está cumplido. No se vengan detrás de ellos”.

El nombre de Dios ha servido de inspiración para emprender proyectos de una infinita generosidad al servicio de los demás. Y no solo estamos pensando en gigantes espirituales como Francisco de Asís, Ignacio de Loyola, Teresa de Calcuta o Laura Montoya. También nos referimos al testimonio heroico de millones de seres humanos anónimos que han dedicado sus vidas a amar y servir.

Así como el nombre de Dios ha sido la motivación para unas existencias llenas de sentido, también hemos visto, a lo largo de la historia, cómo se ha manipulado el discurso religioso para envenenar a los individuos y las comunidades. En esta meditación dominical los invito a profundizar en este llamado de atención que nos hace Jesús, ¡cuidado con dejarse engañar!

Las guerras religiosas son una profunda herida en el cuerpo social, y se han dado en todas las denominaciones religiosas. Es aterrador que se cause dolor y muerte en nombre del Dios de la vida. La lista es muy larga: Pensemos en las guerras entre las diversas denominaciones cristianas, la Inquisición, los enfrentamientos entre judíos y musulmanes. Si adoramos al mismo Dios, ¿por qué no podemos orar juntos y compartir pacíficamente nuestra casa común?

No podemos dividir a los seres humanos en dos grandes grupos: los buenos y los malos, los fieles y los infieles, los que están en la verdad y los que están en el error. Con frecuencia, la intolerancia religiosa va acompañada de la intolerancia política y de los prejuicios sociales. De ahí la importancia de educar para una convivencia respetuosa, que reconoce y valora las diferencias e interpreta el pluralismo como una riqueza social.

Así como es posible manipular el discurso religioso para direccionarlo hacia determinadas ideologías, también es posible hacer un uso indebido del nombre de Dios y de la religión para dominar la conciencia de las personas. Recordemos el enorme daño causado por una distorsionada formación moral negativa, que ve pecado en todas partes, que considera el cuerpo como como un enemigo al que hay que someter y que es incapaz de integrar a la sexualidad dentro del plan de Dios.

Estas afectividades enfermas no podrán construir una hermosa relación de pareja; y si optan por la vida sacerdotal o religiosa, serán unos neuróticos agobiados por mil fantasmas interiores, incapaces de dar testimonio de la alegría del Evangelio. Recordemos las sabias palabras de Jesús: ¡Cuidado con dejarse engañar!

Otro uso indebido del discurso religioso y del nombre de Dios conduce a una espiritualidad totalmente desconectada de la vida diaria, que no asume las responsabilidades de construir un mundo más amable y justo. Son personas alienadas de la participación política, que no son activas en la vida comunitaria, que no se preocupan por generar riqueza y abrir puestos de trabajo. Están con los brazos cruzados esperando el final de los tiempos. Son unos parásitos que viven de lo que otros producen.

Esta espiritualidad desencarnada contradice el mensaje que nos dio el Hijo eterno de Dios al asumir nuestra condición humana, y da la espalda al mandato del Señor que nos ha constituido en administradores responsables de la casa común.

Hagamos un alto en el camino para recapitular las ideas que hemos desarrollado hasta ahora. A partir de las palabras de Jesús en el Evangelio, ¡cuidado con dejarse engañar!, hemos desenmascarado unos equivocados discursos religiosos, que han causado mucho mal a los individuos y a las comunidades:

Un discurso religioso que exalta las pasiones y genera violencia contra grupos, iglesias o comunidades.

Un discurso religioso que infecta la conciencia con temores, inseguridades y angustias.

Un discurso religioso que aliena a los seres humanos de sus responsabilidades cotidianas, invitándolos a vivir una espiritualidad desencarnada e irreal.

Recordemos las palabras de Jesús: ¡Cuidado con dejarse engañar!

Después de hacer una revisión de estos discursos desenfocados, demos un paso adelante y caminemos hacia una propuesta positiva. Ya sabemos los caminos que debemos evitar. Ahora exploremos la ruta que nos conviene seguir.

Motivado por el mensaje que propone al mundo el Papa Francisco a través de su encíclica sobre el Cuidado de la Casa Común, hace poco fui en peregrinación a Asís, hermosa ciudad italiana en la que san Francisco vivió su proceso espiritual que sigue siendo fuente de inspiración a pesar del tiempo que nos separa: Francisco vivió entre los siglos XII y XIII; y las mujeres y hombres del siglo XXI seguimos encontrando en él un motivo de inspiración.

Hijo de una rica familia de comerciantes, Francisco descubrió el valor de la simplicidad y renunció al confort que la vida le ofrecía. A pesar de los ocho siglos que nos separan, Francisco transmite un vigoroso mensaje a esta sociedad de consumo que ha convertido al mundo en un inmenso basurero, como nos lo recuerda el Papa Francisco. No podemos continuar derrochando los recursos del planeta. Francisco de Asís es precursor de este modelo de conversión ecológica que propone el Papa Francisco. Por eso los grandes expertos en comercio internacional están proponiendo una economía circular, que es la propuesta responsable para reutilizar o reciclar los bienes de la tierra.

Constituye una experiencia espiritual única visitar la ciudad de Asís y sus alrededores, allí donde Francisco vivió su profunda comunión con la naturaleza que expresó, de manera sublime, en el Cántico de las Criaturas. Los ciudadanos del siglo XXI, intoxicados por la contaminación de las ciudades, debemos reconectarnos con el hermano sol, la hermana luna, la hermana agua, el hermano viento. Y allí, en el silencio de la naturaleza, alabar a Dios y darle gracias por el don de la vida.

En el texto evangélico que hemos escuchado, Jesús nos pone en guardia ante los discursos religiosos equivocados que, en lugar de sembrar amor y paz, causan enfrentamientos, muerte, angustias, rupturas de los vínculos sociales. “¡Cuidado con dejarse engañar! Porque muchos se presentarán usurpando mi nombre y diciendo que son el Mesías y que el último plazo está cumplido”

No caigamos en la trampa que nos tienden. Por el contrario, vayamos a la simplicidad del mensaje evangélico, al camino que nos señalan las parábolas. Abramonos al testimonio de un san Francisco de Asís con su refrescante propuesta espiritual capaz de responder a los grandes desafíos del siglo XXI.