Una espiritualidad inspirada en la ecología integral

Una espiritualidad inspirada en la ecología integral
  • Domingo Noviembre 03 de 2019
  • Pistas para la Homilía del Domingo
  • Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.
  • Ordinario

La Amazonia ha vuelto a estar en primer plano a propósito del Sínodo Panamazónico convocado por el Papa Francisco con el objeto de reflexionar sobre los grandes retos evangelizadores en un contexto de gran diversidad cultural, desafíos ambientales, intereses políticos y económicos.

Hay un poderoso movimiento mundial que está tomando muy en serio los problemas socio-ambientales y que está revisando el modelo económico, cuyo apetito de lucro se ha convertido en una grave amenaza para el futuro de la vida.

En este contexto de una preocupación creciente por los asuntos socio-ambientales, la liturgia de este domingo, en particular el pasaje del libro de la Sabiduría que acabamos de escuchar, nos ofrece elementos muy ricos que nos ayudan en esta revisión del modo de relación que hasta ahora hemos tenido con el mundo que nos rodea, y que nos exige avanzar desde una relación de explotación y dominio hacia una relación diferente de manejo responsable y comunión. Podemos afirmar que este texto del Antiguo Testamento nos ofrece pistas muy sugerentes para lo que el Papa Francisco llama una espiritualidad inspirada en la ecología integral.

En un lenguaje poético y delicado, este pasaje del libro de la Sabiduría explica tres aspectos: 1) Dios y su relación con el universo del que hacemos parte; 2) Dios y su relación con nosotros; y 3) Dios como fuente última del ser y de la vida.

Empecemos con la exploración del primer aspecto que nos ofrece el texto. ¿Qué leemos en él? “Señor, el mundo entero frente a ti pesa lo que pesa un grano en un platillo de balanza, es como una gota de rocío que al amanecer cae a tierra y se evapora”. Estas dos imágenes, el grano y la gota de rocío, nos ayudan a visualizar el binomio Dios – mundo.

Todos los días los científicos nos sorprenden con nuevos hallazgos. Gracias a equipos cada vez más sofisticados, vamos conociendo, poco a poco, los misterios de la vida. La euforia de los nuevos hallazgos no puede alimentar la soberbia y la auto-suficiencia de la comunidad científica. Todo lo contrario. Cada descubrimiento debe reforzar la humildad del científico y apropiarse de la idea de Sócrates, quien afirmaba “sólo sé que nada sé”. Cada hallazgo plantea nuevas preguntas…

Cuando observamos la vida en su infinita variedad de formas y contemplamos el cielo tachonado de estrellas, nos sentimos sobrecogidos. Pues bien, esa enorme complejidad es apenas un grano colocado en el platillo de una balanza o una gota de rocío en comparación con la infinitud de Dios. Esta comparación nos deja sin palabras. Sólo nos queda adorar y bendecir a Dios, y establecer una íntima comunión con el mundo que nos rodea. Si la Tierra y el universo son un grano y gota de rocío, ¿qué somos nosotros? Por una parte, somos absolutamente insignificantes; pero, al mismo tiempo, estamos llamados a participar de la vida divina gracias a Jesucristo, nuestro Salvador.

Avancemos ahora hacia el segundo aspecto tratado en este hermoso pasaje del libro de la Sabiduría: Dios y su relación con nosotros. A pesar del abismo que separa al Creador de la creatura, existe una conexión muy especial que es expresada con precisión por el texto bíblico: “tú tienes compasión de todos porque lo puedes todo; y pasas incluso por alto los pecados para llevar al pecador a arrepentirse”. Insignificantes como somos, el amor infinito y misericordioso de Dios establece una relación única e impensable desde la razón humana: somos constituidos hijos de Dios y coherederos con Cristo. El amor infinito de Dios, manifestado a través de Jesucristo, reescribe la historia humana pues nos da una perspectiva totalmente diferente. ¿Qué sentimientos surgen en nuestro interior? Humildad, agradecimiento, confianza.

Llegamos así al tercer aspecto desarrollado con extrema finura por el autor del libro de la Sabiduría, quien nos dice que la explicación última del universo, que va más allá de la evolución y del big bang, y los trasciende, es el amor infinito de Dios que está presente en todas sus criaturas: desde las galaxias hasta las partículas que manipulan los científicos en sus laboratorios. Leemos en el libro de la Sabiduría: “Tú amas todo lo que existe y no aborreces nada de lo que creaste. Movido por el odio, nada hubieras creado. Y ninguna criatura habría subsistido si tú no lo hubieras querido, ni la habrías conservado si no la hubieras llamado a la existencia. Todo, pues, es tuyo y por eso con todos te muestras indulgente, Señor, amigo de la vida. Tu espíritu incorruptible está en todas las cosas”.

Concluyamos nuestra meditación dominical. Esta reflexión sobre el libro de la Sabiduría nos ha llevado a avanzar en tres aspectos de hondo impacto en nuestra espiritualidad: 1) Dios y su relación con el universo del que hacemos parte; 2) Dios y su relación con nosotros; 3) Dios como fuente última del ser y de la vida. Este texto enriquece una espiritualidad que ve al ser humano en comunión con Dios, con los demás y con la naturaleza que nos rodea – nuestra casa común -. Una espiritualidad inspirada en las enseñanzas del Papa Francisco sobre la ecología integral.