Confianza incondicional en Dios y perseverancia en la oración

Confianza incondicional en Dios y perseverancia en la oración
  • Domingo Octubre 20 de 2019
  • Pistas para la Homilía del Domingo
  • Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.
  • Ordinario

El salmista expresa sus sentimientos: “Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra”.

La asamblea de los fieles se une a las palabras del salmista respondiendo: “El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra”.

Este es el clima espiritual en el que se desarrolla la liturgia de este domingo. Ahora podemos reflexionar sobre las experiencias vividas por los diferentes personajes que aparecen en los textos: Moisés, Timoteo y Jesús, con su parábola del juez injusto y la viuda insistente.

¿Qué encontramos en el libro del Éxodo? Los israelitas van a luchar contra los amalecitas, y Moisés invoca la ayuda de Yahvé para que los resultados de la batalla les sean favorables. Las instrucciones que da Moisés son sencillas y breves; le dice a Josué: “Escoge unos cuantos hombres y sal a pelear contra los amalecitas. Mañana yo me colocaré en la cumbre con la vara de Dios en la mano”. Las instrucciones de Moisés combinan sabiamente los medios humanos y el poder de Dios.

Es muy interesante observar con detenimiento la escena que se desarrolla en la cima del monte. Leamos el texto: “Moisés, Aarón y Hur subieron a la cumbre del monte. Y mientras Moisés tenía el brazo levantado, vencía Israel, pero cuando lo bajaba, vencía Amalec. Y como a Moisés se le cansaban los brazos, buscaron una piedra para que se sentara en ella, y Aarón y Hur, uno a cada lado, le sostenían los brazos. Así pudo tener los brazos levantados hasta que se ocultó el sol. Y Josué derrotó al ejército de Amalec”.

Detengámonos a analizar el significado del cansancio de Moisés. Bajar los brazos significaba disminuir el ritmo de su oración. Podemos, entonces, interpretar el cansancio de Moisés en su oración como un símbolo del cansancio y desánimo que muchas veces afectan nuestra vida interior. Con frecuencia, descuidamos la participación en la misa dominical, prescindimos del ofrecimiento de obras al comenzar el día y la acción de gracias al terminar la jornada. Poco a poco nos vamos distanciando de Dios. Unas veces por cansancio, otras por desánimo y desesperanza.

Es muy sugestiva la presencia de Aarón y Hur junto a Moisés para ayudarle a tener sus brazos en alto. ¿Qué nos dice esta escena? Solos no podemos. Solos sucumbimos al cansancio. Necesitamos el apoyo de los demás para perseverar hasta el fin. Este relato del libro del Éxodo es un testimonio de lo que alcanza la confianza incondicional en Dios que se nutre de una oración que persevera en medio de las dificultades.

Pasemos ahora a la II Carta de san Pablo a Timoteo. En ella, el maestro motiva a su discípulo a que siga avanzando por el camino del Señor: “Tú debes permanecer fiel a las enseñanzas que recibiste y a tus convicciones”. Y luego le da unas instrucciones muy precisas para su trabajo como anunciador del Evangelio, las cuales son fruto de la experiencia del apóstol:

La primera instrucción se refiere al contenido del mensaje que debe transmitir: “Predica la Palabra de Dios”. Es la mayor responsabilidad de un evangelizador. No se trata de proponer y debatir nuestras ideas particulares sobre temas diversos, sino de facilitar que el Pueblo de Dios conozca la Palabra de salvación y pueda conectarla con las situaciones de la vida diaria.

La segunda instrucción se refiere a la cercanía pastoral: “Hazte presente a tiempo y a destiempo”. Las relaciones entre el pastor y su comunidad no pueden tener un sabor burocrático y puramente funcional. El pastor deber compartir los gozos y esperanzas, las luchas y preocupaciones de su comunidad. El Papa Francisco lo dijo en unas palabras que nunca olvidaremos: “El pastor debe oler a oveja”.

La tercera instrucción tiene que ver con la flexibilidad que hay que tener en el trabajo pastoral, ya que debe estar atento a las diversas situaciones y necesidades de la gente; por lo tanto, la pedagogía pastoral debe tener en cuenta el contexto. Ignacio de Loyola hablaba de los ajustes que hay que hacer teniendo en cuenta personas, tiempos y lugares. Timoteo es un inspirador modelo de evangelizador con un modo de vida absolutamente centrado en Jesucristo, que se nutría de la lectura y meditación de la Palabra de Dios, y con una gran sensibilidad para identificar las necesidades de la comunidad y dar una respuesta modulada pedagógicamente.

Sigamos repasando las lecturas de este domingo. El evangelista Lucas recapitula una parábola de Jesús sobre la importancia de perseverar en la oración. Para comunicar este mensaje de manera que la gente entendiera el alcance teológico que quería darle, elabora un relato en el que aparecen dos personajes: un juez injusto y una viuda insistente. La perseverancia de la viuda le permitió doblegar la insensibilidad y mala conciencia del juez. Jesús mismo explica la enseñanza de esta sencilla y expresiva parábola: “¿Creen que Dios no saldrá en defensa de sus escogidos cuando clamen a Él día y noche? ¿Creen que los dejará esperando?”

Que esta eucaristía dominical nos ayude a fortalecer nuestra confianza en Jesucristo, nuestro Señor y Salvador, que nos dio la mayor muestra de amor al entregar su vida por nuestra redención. Sigamos avanzando por un camino espiritual que persevera en la oración a pesar del cansancio y del pesimismo que con frecuencia se apoderan de nosotros.