Marzo 22: Un interesante debate teológico sobre la identidad de Jesús

Marzo 22: Un interesante debate teológico sobre la identidad de Jesús

Por: Jorge Humberto Peláez S.J.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Lecturas:

  • I Libro de Samuel 16, 1b. 6-7
  • Carta de san Pablo a los Efesios 5, 8-14
  • Juan 9, 1-41

El Evangelio de hoy narra la curación de un ciego de nacimiento. Se trata de una pieza literaria muy bien elaborada pues logra comunicar este acontecimiento como si fuera una obra de teatro en la que participan dos protagonistas (Jesús y el ciego), sus antagonistas que son los fariseos y las autoridades civiles, y unos actores secundarios (los padres del ciego y los vecinos). Alrededor del hecho de la curación se desarrolla un debate teológico muy profundo sobre la identidad de Jesús.

Antes de entrar a analizar el desarrollo de este debate, que sigue un libreto muy bien escrito, es conveniente hacer referencia a dos asuntos:

  • En primer lugar, Jesús aclara que las enfermedades que padecemos los seres humanos no pueden ser interpretadas como un castigo de Dios. Su explicación es fisiológica, no religiosa. Esta aclaración aparece al comienzo de este relato: “Sus discípulos le preguntaron: Maestro, ¿quién pecó, él o sus padres para que naciera ciego? Jesús respondió: No fue porque él o sus padres pecaran, sino que nació así para que se manifestaran en él las obras de Dios”. Algunas personas se equivocan al interpretar como castigo de Dios algunas desgracias personales.
  • En segundo lugar, conviene recordar el sentido de los milagros. Estas acciones extraordinarias de Jesús no tenían un fin publicitario ni pretendían aumentar el rating de aceptación del Señor. Con ellas, Jesús buscaba tocar las mentes y corazones para que se abrieran al mensaje de salvación. Por eso es tan hermoso el diálogo final entre Jesús y el ciego que había sido curado: “¿Crees en el Hijo del hombre? Él respondió: ¿Y quién es, Señor, para que crea en Él? Jesús le dijo: Lo estás viendo: es el que te habla. Entonces exclamó: Creo, Señor. Y se postró ante Él”.

El ciego de nacimiento, que había sido curado por Jesús, es un hombre del pueblo, sin formación teológica y jurídica, pero con un sentido común que le permite rebatir los argumentos de los letrados que querían descalificarlo. Es muy interesante la narración que nos llega a través del evangelista Juan. El beneficiario del milagro describe, de manera escueta, los hechos: “Ese hombre llamado Jesús hizo barro, me lo puso en los ojos y me dijo que fuera a Siloé y me lavara. Yo fui, me lavé y empecé a ver”. Es un testigo que narra lo vivido sin formular juicios de valor.

Los fariseos y las autoridades judías estaban muy molestos con este testimonio y contra-atacaron. Para ello, utilizaron tres argumentos: el primero de ellos, contra el hombre que había sido curado; el segundo, contra la integridad religiosa y ética de Jesús; el tercero era la amenaza: quien admitiera que Jesús era el Mesías sería expulsado de la sinagoga:

  • En primer lugar, afirman que se trata de un fraude: “Las autoridades judías no creían que él había sido ciego y que había empezado a ver”. Por eso, exigían la presencia de los padres para que dieran testimonio; pero este recurso jurídico no les resultó como esperaban.
  • En segundo lugar, quieren desacreditar la calidad religiosa y ética de Jesús pues se trata de alguien que viola Ley judía: “Ese hombre no es enviado por Dios porque no guarda el sábado”.
  • En tercer lugar, habían puesto a circular entre la comunidad esta amenaza: quien proclamara que Jesús era el Mesías, sería expulsado de la sinagoga; esta era una gravísima sanción religiosa y social.

El hombre que había sido curado por Jesús se defiende hábilmente en el interrogatorio que le hacen, y además contra-ataca. “¿Por qué quieren oírlo otra vez? ¿Es que también ustedes quieren hacerse discípulos suyos?”

Ahora entran en escena los padres de este hombre. Ciertamente, se sienten intimidados por la importancia y prepotencia de los jueces que los interrogan, pero conservan la calma. Los fariseos les hicieron dos preguntas:

  • La primera pregunta era fácil de responder: “¿Este es su hijo? ¿Certifican que nació ciego?”. La respuesta que dieron fue muy simple: “Estamos seguros de que es hijo nuestro y de que nació ciego”
  • La segunda pregunta era mucho más complicada, pues ellos conocían la amenaza que habían hecho circular los fariseos: “¿Cómo puede ver ahora?”. Con gran habilidad sortearon el obstáculo: “No lo sabemos, ni sabemos quién le abrió los ojos. Pregúntenselo a él; ya es mayor de edad y puede contar lo que le pasó”.

Los vecinos, que son actores secundarios en este relato, sirven de caja de resonancia a las dos posiciones que estaban en discusión a propósito del ser y naturaleza de Jesús: “Los vecinos y los que antes estaban acostumbrados a verlo pedir limosna, decían: ¿No es este el que se sentaba a pedir limosna? Y unos decían: Sí, es el mismo. Pero otros replicaban: No, es que se parecen”.

Al principio de esta meditación decíamos que Jesús, a través de sus milagros, esperaba tocar las mentes y corazones para que se abrieran al mensaje de salvación. ¿Cuál es la experiencia espiritual de este hombre?  De manera muy sintética, el evangelista Mateo nos señala tres momentos:

  • En un primer momento, el hombre que ha sido curado de la ceguera, se refiere a Jesús con admiración, pero sin destacar ningún atributo en particular: “Ese hombre, llamado Jesús…”
  • En un segundo momento, avanza en la comprensión de Jesús. A la pregunta que le hacen los fariseos. “Tú, ¿qué dices de Él?”, responde: “Que es un profeta”. En el contexto de la historia religiosa de Israel, se trata de una afirmación muy significativa.
  • En un tercer momento, al ser interpelado por Jesús, exclamó: “Creo, Señor. Y se postró ante Él”.

Este es el clímax del relato evangélico. A partir de una experiencia que le cambió la vida, este hombre empieza a reflexionar sobre lo que ha vivido, estimulado por el interrogatorio que le hacen los fariseos, y así va avanzando en la comprensión de Jesús hasta reconocerlo como Mesías.

La fe es un camino que cada uno de nosotros va recorriendo. A través de la lectura de nuestra historia personal, vamos descubriendo la acción de Dios. En esta eucaristía dominical, pidamos la gracia de VER la presencia de Dios en nuestra vida, que se manifiesta de muchas maneras.