Noviembre 22 : Seremos juzgados por la solidaridad que manifestemos

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Por: Jorge Humberto Peláez S.J.

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Lecturas:

  • Profeta Ezequiel 34, 11-12.15-17
  • I Carta de san Pablo a los Corintios 15, 20-26. 28
  • Mateo 25, 31-46

Hoy celebra la liturgia la fiesta de Cristo Rey. Antes de entrar en los contenidos teológicos de este domingo, digamos una breve palabra sobre el año litúrgico, que es diferente del año civil. El año litúrgico se inicia con la preparación para la primera venida del Señor, en la humildad de un establo, y concluye solemnemente con la segunda venida del Señor, en la plenitud de su gloria al final de los tiempos. Así, domingo a domingo, vamos meditando en los diversos momentos de la vida de Jesucristo y en sus enseñanzas. Con esta fiesta de Cristo Rey concluye, pues, el año litúrgico, y volvemos a empezar con la preparación del Adviento.

El evangelista Mateo nos transmite las palabras de Jesús sobre su segunda y solemne venida al final de los tiempos: “Estas son las últimas instrucciones de Jesús a sus discípulos: Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos sus ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones se reunirán en su presencia, y Él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras”. Estas palabras de Jesús desbordan nuestra capacidad de comprensión. Nuestro lenguaje expresa realidades que se dan dentro de un espacio y un tiempo específicos. Pero las palabras de Jesús se refieren a algo que está más allá de lo espaciotemporal.

Una de las maravillas del arte universal es el El juicio final, de Miguel Ángel, en la Capilla Sixtina. Los visitantes enmudecen cuando se detienen frente a esta obra colosal. La energía de las figuras y la majestad de la composición suscitan emociones muy hondas y una oración de alabanza se eleva desde lo más profundo del corazón.

Las palabras de Jesús, que han llegado hasta nosotros recopiladas por el evangelista Mateo, nos describen cuál será el libreto en esta solemne rendición de cuentas. La solidaridad será el criterio con el cual nos juzgará Jesucristo, Juez y Señor del universo: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que está preparado para ustedes desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y ustedes me dieron de beber […] Yo les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”.

Hay personas que hacen una lectura equivocada del hecho religioso y centran la relación con Dios en unos cuantos principios doctrinales o en el cumplimiento de unos ritos externos o en un código ético. La relación con Dios es mucho más que eso. Es una relación centrada en el amor. Recordemos que los dos mandamientos principales son el amor a Dios y el amor al prójimo, que son como las dos caras de una misma moneda. Y este texto del evangelista Mateo que nos propone la liturgia de este domingo nos ayuda a entender qué significa, en concreto, el amor a Dios y a los hermanos. Es un amor que se expresa en acciones concretas de solidaridad.

El mundo sería muy distinto si atendiéramos este llamado. Pero el egoísmo es el sentimiento que mueve muchas de las decisiones políticas y económicas. Por eso el papa Francisco hace un vigoroso llamado a la fraternidad y la amistad social en su reciente Encíclica Fratelli tutti (Todos hermanos).

El próximo domingo empieza el tiempo litúrgico del Adviento, que es la preparación para el Nacimiento de Jesús. Como consecuencia de la pandemia, estas Navidades serán muy tristes para millones de hermanos nuestros por la enfermedad y muerte de sus seres queridos, por la pérdida del empleo y por la enorme tensión que hemos vivido durante estos largos meses de encierro. Hagamos de estas Navidades un ejercicio de solidaridad. Arrojemos un poco de luz en medio de la oscuridad.