Junio 14: Corpus Christi en cuarentena

Junio 14: Corpus Christi en cuarentena

Por: Jorge Humberto Peláez S.J.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Lecturas:

  • Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16ª
  • I Carta de san Pablo a los Corintios 10, 16-17
  • Juan 6, 51-58

Hoy celebra la liturgia la fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo. Durante siglos, esta celebración estuvo acompañada de procesiones, cantos y arreglos florales. Este año todo es diferente. Las iglesias han estado cerradas durante semanas. No nos hemos podido encontrar con los amigos de la parroquia para hablar de nuestras rutinas, orar juntos y compartir el Pan de Vida. Afortunadamente, las misas por TV y el encuentro semanal con el papa Francisco nos han traído una voz de aliento.

Durante esta cuarentena nos sentimos identificados con el pueblo de Israel que, como nos lo narra el texto del Deuteronomio que acabamos de escuchar, caminaba por el desierto, agobiado por la incertidumbre, el hambre y la sed. Pero no estaban solos. El Señor los acompañaba. Esa dura experiencia los sensibilizó a otras realidades y acogieron la gracia de Dios; leemos en la Escritura: “Él hizo que brotara para ti agua de la roca de granito; y en el desierto te dio a comer el maná, que tus padres no habían conocido”.

Estas semanas de cuarentena, que son como caminar a través del desierto, nos han abierto los ojos a valores y estilos de vida que no tomábamos muy en serio. Hemos comprendido el drama padecido por millones de seres humanas que deben afrontar la cuarentena sin tener un ingreso mínimo garantizado, sin protección social y sin una morada digna. También estamos añorando los encuentros familiares. Hemos aprendido a prescindir de muchos productos de consumo. En pocas palabras, hemos redescubierto la riqueza de los valores humanos y la necesidad de una espiritualidad. Como ese pueblo errante por el desierto, tenemos hambre y sed de humanidad y espiritualidad.

Por eso tiene tanto sentido esta fiesta del Cuerpo y Sangre de Cristo en medio de la cuarentena. Es muy significativa la respuesta del Salmo responsorial de la misa de este domingo: “A los hambrientos los colmó de bienes el Señor”.

En su I Carta a los Corintios, el apóstol Pablo expresa, con emoción y profundidad, la unión que se genera alrededor del Cuerpo y la Sangre del Señor: “Hermanos: El cáliz de nuestra acción de gracias, ¿no nos une a todos en la sangre de Cristo?, y el pan que partimos, ¿no nos une a todos en el cuerpo de Cristo?”. Ojalá que los dolores causados por esta pandemia nos ayuden a madurar como ciudadanos y demos prioridad al bien común sobre los intereses particulares. Que seamos capaces de comprometernos con un proyecto solidario de país. En lugar de desgastarnos en debates políticos estériles, focalicemos nuestros esfuerzos para superar las crueles inequidades que han quedado al desnudo y generemos bienestar para todos los colombianos.

¿Por qué hago esta conexión entre eucaristía y desarrollo del país? Recordemos que en la teología católica no hay separación sino integración entre los valores espirituales y las acciones conducentes a promover la justicia y la equidad. El Evangelio no es teoría, sino que exige ponerlo en práctica. El Reino de Dios lo empezamos a construir desde ahora. Los cielos nuevos y la tierra nueva requieren de nuestra colaboración y esfuerzo.

Las palabras que Jesús pronuncia en la sinagoga, y que nos transmite el evangelista Juan, son de un enorme impacto: “Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente. Y el pan que voy a dar es mi carne, para la vida del mundo”.

Como miembros de la Iglesia, tenemos el privilegio de ser invitados cada domingo a la Mesa del Señor. Estas semanas de encierro obligatorio, iglesias cerradas y misas por TV nos han permitido valorar y añorar la riqueza del encuentro eucarístico. ¡Qué bueno que pronto volvamos a sentarnos todos a la Mesa del Señor, escuchar su Palabra y buscar caminos concretos para ponerla en práctica; juntos podremos convertir en oración nuestros miedos e incertidumbres y alimentarnos con el mismo Pan y beber del mismo Cáliz! Que esta dura experiencia del Covid-19 nos ayude a crecer en la fe y a madurar como ciudadanos sensibilizándonos a valores más profundos y humanos.