Febrero 21: Las tentaciones en tiempos de pandemia

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Por: Jorge Humberto Peláez S.J.

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  • Lecturas:
     
    • Libro del Génesis 9, 8-15
    • I Carta del apóstol san Pedro 3, 18- 22
    • Marcos 1, 12-15
  • El pasado Miércoles de Ceniza empezamos a recorrer el camino cuaresmal. Es posible que la celebración de la liturgia de la Imposición de la Ceniza haya pasado desapercibida porque pocas personas han podido participar presencialmente en este rito por causa de las limitaciones en el aforo de las iglesias.
  • El camino cuaresmal es tiempo de reflexión, interiorización y ajustes en nuestro modo de vida. Dentro del lenguaje propio de la Iglesia, hablamos de un proceso de conversión. Es apenas natural que esta meditación tenga como foco las profundas lecciones que nos está dejando la pandemia. Si las ponemos en práctica, habremos crecido como personas y como sociedad. Aprovechemos estas circunstancias tan atípicas para introducir modificaciones en nuestro estilo de vida y pongamos en práctica las lecciones aprendidas:
  • Hemos tomado conciencia de nuestra enorme fragilidad. Los enfermos y muertos pertenecen a todos los estamentos sociales y son de todos los continentes. En este tiempo de Cuaresma, despojémonos de nuestra arrogancia. Vivamos cada día como un auténtico regalo de Dios.
  • Hemos visto que el cuidado es una responsabilidad colectiva. Durante las fiestas navideñas, el coronavirus produjo estragos en los grupos familiares. El descuido del nieto costó la vida a los abuelos. En este tiempo de Cuaresma, despojémonos de nuestro egoísmo. Dejemos a un lado el YO y aprendamos a pensar en función del bienestar comunitario.
  • Durante estos largos meses, henos descubierto que necesitamos menos cosas. Numerosos objetos que considerábamos imprescindibles, han permanecido guardados. En este tiempo de Cuaresma, tomemos la decisión de superar los hábitos consumistas. Esta decisión beneficiará a los más necesitados y también al medio ambiente. El consumismo es el responsable de haber convertido a nuestro planeta en un inmenso basurero.
  • Esta pandemia ha disparado las alarmas. Está enfermo nuestro planeta, que es la casa común que habitamos. Su enfermedad es la misma que afecta al cuerpo social. Recordemos que los problemas ambientales y sociales son inseparables. El Papa Francisco nos invita a una conversión ecológica. Por eso los invito a recorrer el camino cuaresmal de conversión teniendo ante los ojos las profundas y dolorosas lecciones de la pandemia.
  • El evangelista Marcos propone a nuestra consideración las tentaciones que Jesús tuvo que afrontar cuando se retiró al desierto para orar. Si Jesucristo, el Santo por excelencia, fue acosado por la tentación, ¿qué podemos esperar nosotros? La tentación es inseparable de la condición humana. Nadie está seguro de nada. Nadie puede decir “de esta agua no beberé”. No hay virtud que esté plenamente asegurada. No hay amor que esté 100% protegido contra la infidelidad.
  • En coherencia con lo que dijimos anteriormente respecto a avanzar por el camino cuaresmal de la conversión teniendo en cuenta las lecciones aprendidas durante estos largos meses de confinamiento, los invito a meditar sobre la experiencia de la tentación considerando el mismo contexto: ¿Cuáles son las tentaciones más frecuentes durante esta pandemia?
  • Tentación de la desesperanza. En estos tiempos, son muy frecuentes las conversaciones pesimistas entre amigos, así como los titulares trágicos de las noticias. No podemos intoxicarnos y perder la capacidad de mirar hacia el futuro con esperanza. Podemos hacer que esta gran crisis se convierta en una formidable oportunidad de crecimiento y superación hacia una nueva sociedad en la que establezcamos unas relaciones de solidaridad con nuestros hermanos y redefinamos un nuevo modo de interacción con la naturaleza, y podamos pasar del dominio y la explotación a la administración responsable de la casa común.
  • Tentación del miedo. Tenemos sobrados motivos para estar asustados dada la fuerza con que el virus está atacando a la sociedad. Pero no podemos permitir que el miedo nos conduzca a la parálisis de las actividades diarias. Con prudencia, los niños y los jóvenes tienen que regresar a las instituciones educativas; hay que retornar, poco a poco y tomando todas las medidas, a los encuentros con los familiares y amigos (que no se repita la locura de las fiestas navideñas); la actividad económica debe ir aumentando; la vida cultural debe reactivarse. La respuesta a la pandemia no puede ser el encierro indefinido, sino el cumplimiento estricto de las reglas básicas de bioseguridad.
  • Tentación de pelear con Dios. Algunas personas reaccionan agresivamente contra Dios pues le atribuyen la culpa de la pandemia. No levantemos acusaciones falsas. Los culpables somos nosotros, los seres humanos, que hemos invadido el hábitat natural en el que han vivido, durante millones de años, especies salvajes. Esta proximidad agresiva facilita el tránsito de patógenos del reino animal a los seres humanos. La destrucción del medio ambiente desata procesos de consecuencias inimaginables. Hemos destruido la armonía de la naturaleza, sabiamente establecida por Dios.
  • Tentación de querer aferrarnos a un pasado que no volverá. Algunos sueñan con volver a la normalidad de antes. ¡Sería bueno que fueran despertando! Muchos procesos cambiaron definitivamente. Una realidad nueva se está instalando ante nuestros ojos, aunque muchos no quieren verla. Superemos la tentación de retroceder en el túnel del tiempo y tengamos la mente abierta para innovar.
  • Estamos iniciando el camino cuaresmal. Conectemos nuestros procesos espirituales y la oración que hacemos con la realidad concreta que estamos viviendo. En consecuencia, reflexionemos sobre lo que significa la conversión teniendo como telón de fondo las lecciones aprendidas durante estos largos meses de aislamiento; meditemos sobre las tentaciones concretas que nos acosan en este momento.