Junio 13: Una inspiradora imagen campesina

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Por: Jorge Humberto Peláez, SJ

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Lecturas:

  • Profeta Ezequiel 17, 22-24
  • II Carta de san Pablo a los Corintios 5, 6-10
  • Marcos 4, 26-34

La liturgia de este domingo gira alrededor de la imagen de la semilla. Jesús, sabio pedagogo, utilizaba aquellos ejemplos que hacían parte de la experiencia cotidiana de quienes lo seguían, que eran, en su mayoría, campesinos. Como nos recuerda el Evangelio que acabamos de escuchar, “con muchas parábolas como esas les predicaba, adaptándose a lo que ellos podían entender; sin parábolas no les hablaba, pero en privado se lo explicaba todo a sus discípulos”.

La imagen de la semilla era muy potente, porque permitía explicar muchos aspectos del desarrollo del Reino: la iniciativa de Dios; la necesidad de proteger esa semilla de los depredadores; las condiciones para su desarrollo; la paciencia que requiere; los tiempos que deben ser respetados, etc. Para este pueblo de campesinos y pastores, familiarizados con las actividades del campo, este lenguaje del Maestro llegaba fácilmente a la mente y al corazón.

Empecemos por el texto del profeta Ezequiel. Allí leemos: “Voy a tomar un cogollo de un cedro; arrancaré un retoño tierno de la rama más alta, y lo plantaré en la cima de un monte elevado”. Esta hermosa imagen nos ayuda a comprender el plan de Dios que se realiza a través del pueblo de Israel y que continúa a través de la Iglesia. Ese cogollo tierno nos invita a mirar atrás en el tiempo, cuando Dios llama a Abrahán, un pastor nómada que vivía en un rincón desconocido del mundo, en Ur de los Caldeos. Ese cogollo tierno se convirtió, con el paso de los siglos, en un cedro magnífico que alcanza su plenitud en Jesucristo, revelador del Padre.

Leemos en el profeta Ezequiel: “En él harán sus nidos aves de toda especie y descansarán a la sombra de sus ramas”. Es una delicada metáfora para expresar que el mensaje de salvación está dirigido a toda la humanidad, y acoge a todas las culturas y tradiciones. Es un mensaje de universalidad e inclusión.

El Salmo 91 continúa con este lenguaje campesino para describir a quien cumple los mandamientos del Señor y no se aparta del camino de la justicia: “El justo crecerá como una palmera y se alzará como un cedro del Líbano: plantado en la casa del Señor, crecerá en los atrios de nuestro Dios. En la vejez seguirá dando fruto y estará lozano y frondoso”. Es un lenguaje muy visual para expresar las bondades de una vida según los mandatos del Señor y los valores espirituales.

El evangelista nos resume dos parábolas sobre el Reino de Dios que se inspiran en la imagen de la semilla:

  • “Sucede con el Reino de Dios como cuando un hombre planta la semilla en la tierra. Él se acuesta a dormir y luego se levanta, pasan los días y las noches, y la semilla germina, y crece la planta sin que él sepa cómo”.
  • “¿Con qué podemos comparar el Reino de Dios? Sucede como con el grano de mostaza: cuando se siembra en la tierra, es la semilla más pequeña de todas, pero después de sembrada, crece la planta y se vuelve la mayor de la huerta”.

Estas dos parábolas sobre el Reino de Dios y la semilla contienen unos mensajes profundamente inspiradores para nuestra meditación dominical:

  • El sembrador por excelencia es Dios, que es quien planta en nuestro interior la semilla de la fe y nos invita a compartir la vida divina. Es muy importante que los evangelizadores tengamos total claridad sobre este punto. Se trata de la obra de Dios. No es un proyecto humano que depende del dinero que invirtamos y las campañas publicitarias que llevemos a cabo.
  • Nosotros somos colaboradores, operarios que trabajamos en la viña del señor. A través de la oración y de la vida sacramental nos iremos transformando en instrumentos más dóciles a la acción del Espíritu. Dios ha querido invitarnos a colaborar en esta tarea. Fue la misión que confió a sus discípulos poco antes de su Ascensión gloriosa.
  • Es muy sugestiva la referencia que hace Jesús al grano de mostaza: de una semilla muy pequeña surge un arbusto frondoso. Esto nos invita a reflexionar sobre la gradualidad del plan de Dios. Los grandes proyectos han tenido comienzos modestos. Por ejemplo, la fundación de la Iglesia empieza con un puñado de hombres rudos que acogieron el mensaje de Jesús y fueron transformados por el Espíritu Santo. 
  • La historia de la Iglesia está llena de ejemplos de mujeres y hombres que respondieron con total generosidad al llamado del Señor e iniciaron verdaderas revoluciones espirituales: Francisco de Asís, Domingo de Guzmán, Catalina de Siena, Ignacio de Loyola, Teresa de Ávila, Juan XXIII. Fueron instrumentos de Dios para sembrar la semilla de la renovación en la vida de la Iglesia.
  • Los agricultores necesitan mucha paciencia pues no pueden acelerar procesos y alterar los ciclos de la naturaleza. Y también necesitan fortaleza para reconocer que intervienen muchos otros factores que ellos no pueden controlar en su totalidad, como son las plagas y los desastres naturales. Nunca sabremos qué suerte tendrá la semilla de la Palabra que sembramos en una homilía, una conversación, un escrito, un consejo. Es el Espíritu Santo quien actúa en lo profundo del corazón. Los designios de Dios no coinciden con las agendas humanas.

Al terminar esta eucaristía dominical, dejemos que esta imagen de la semilla inspire nuestra oración. Es un potente símbolo que nos habla de la acción del Espíritu en nuestro interior, nos abre a su gracia, nos motiva a reflexionar sobre las condiciones que hay que favorecer para que germine. Además, los tiempos de Dios son diferentes…