Agosto 8: Superemos las dudas y perplejidades que no nos dejan avanzar

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Por: Jorge Humberto Peláez, SJ

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Lecturas:

  • I Libro de los Reyes 19, 4-8
  • Carta de san Pablo a los Efesios 4, 30—5, 2
  • Juan 6, 41-51

Cada día está tejido de retos de muy diversa condición. Hay retos que son constantes, pues pertenecen a nuestra realidad cotidiana, y son aquellos asuntos que debemos atender como miembros de una familia, como empleados o profesionales y como miembros de una comunidad. Son tareas y responsabilidades inherentes a nuestra inserción social.

Además de estos retos constantes que hacen parte de nuestra agenda, en nuestra vida aparecen situaciones nuevas que modifican sustancialmente nuestra rutina, nos obligan a hacer un alto en el camino y nos exigen afrontarlos porque nos encontramos ante lo inesperado. Estas situaciones nuevas que nos sacuden y obligan a buscar una salida diferente, más allá de las soluciones a las que hemos estado acostumbrados, son las crisis.

Según el Diccionario de Real Academia de la Lengua, la palabra crisis tiene diversas acepciones. Entre ellas, quiero destacar: “Situación de un asunto o proceso cuando está en duda la continuación, modificación o cese. Momento decisivo de un negocio grave y de consecuencias importantes”. En palabras simples, estamos en crisis cuando se nos presenta algo inesperado que afecta el proyecto que estamos realizando. La experiencia nos muestra que la vida está llena de eventos que nos sacuden, perturban nuestra cotidianidad y nos obligan a tomar decisiones.

Las lecturas de este domingo nos invitan a profundizar en dos situaciones de crisis. La primera crisis es la que afecta al profeta Elías, quien se siente agobiado y pierde la motivación para seguir viviendo; es una crisis existencial. La segunda crisis la experimentan los judíos que asisten a la sinagoga de Cafarnaúm al escuchar que Jesús afirma que Él es el pan vivo bajado del cielo; el contacto cercano que han tenido con Jesús durante su infancia y juventud les dificulta reconocer al profeta excepcional que les habla un lenguaje diferente; viven una crisis de fe.

Exploremos la situación que agobia al profeta Elías. Vivió en el siglo IX antes de Cristo y su servicio profético se desarrolló en un contexto muy difícil pues la esposa del rey Acab, Jezabel, era una mujer ambiciosa, que no tenía límites en el ejercicio del poder, adoraba al dios Baal y había intrigado para que el rey, su corte y el pueblo fueran infieles a la alianza y adoraran a Baal. El Señor pidió a Elías que denunciara las prácticas idolátricas en que habían caído y regresaran a la fidelidad del culto a Yahvé.

Jezabel montó en cólera y utilizó todos los medios que le otorgaba el poder real para asesinar al profeta Elías. El texto del I Libro de los Reyes que acabamos de escuchar nos muestra al profeta Elías en medio de una terrible crisis pues se siente agobiado por la persecución de la que es víctima, siente que ha llegado al límite de sus fuerzas y pide a Dios que le conceda la muerte. Leamos el texto: “Caminó por el desierto una jornada y al final se sentó debajo de una mata de retama y deseó la muerte diciendo: ¡Basta, Señor! ¡Quítame la vida pues yo no valgo más que mis padres!”. Elías siente que ha tocado fondo y no ve otra salida que la muerte. En medio de esta crisis existencial, el ángel del Señor lo socorre, le da alimento y bebida, y lo invita a levantarse para encontrarse con el Señor en el monte Horeb.

Es posible que algunos de nosotros hayan podido afrontar una crisis de tal magnitud que desaparecen todas las seguridades. Durante esta pandemia, millones de seres humanos han visto morir de sus familiares y amigos, han perdido sus fuentes de ingreso y se sienten en medio de la oscuridad.

Viendo la dolorosa situación de tantos hermanos nuestros que, como Elías, se sienten vencidos por la vida, seamos solidarios y, como ángeles protectores, hagamos lo que esté en nuestras manos para que salgan del abismo. En medio de la angustiosa crisis que nos agobia, han surgido muchas iniciativas de solidaridad. Seamos instrumentos de la misericordia y del amor de Dios.

La primera lectura nos describe la crisis existencial en que se encuentra Elías por causa de la implacable persecución de la reina Jezabel. Esta crisis es superada gracias a la intervención de un ángel que ofrece pan y motivación para seguir avanzando.

En el texto del evangelista Juan, se nos relata la crisis de fe que experimentan los contemporáneos de Jesús. Las palabras que ha pronunciado y los milagros que ha realizado los ponen en conflicto: “¿Este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros sabemos quiénes son su padre y su madre. ¿Cómo dice ahora que bajó del cielo?”. Delante de los contemporáneos de Jesús se abren dos escenarios que son incompatibles:

  • El primer escenario recapitula lo que ha sido la vida de Jesús en su intimidad familiar y lo que ha compartido con sus vecinos, ya que conocen a sus padres y lo vieron crecer.
  • El segundo escenario es el de su predicación y los hechos extraordinarios que realiza. Les queda muy difícil armonizar esos dos perfiles. Se sienten desconcertados ante el Jesús-vecino y el Jesús-taumaturgo que cura enfermos y multiplica los panes.

Jesús es consciente de su desconcierto y abre una conversación que los va llevando a abrirse a una mirada trascendente, que les permitirá acoger la palabra de salvación: “No critiquen entre ustedes. Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió”. Inicia, entonces, una catequesis en la que correlaciona el maná que alimentó a sus padres en el desierto y el pan vivo que Él ofrece: “Sus antepasados comieron el maná en el desierto, y sin embrago murieron. El pan que baja del cielo es el que no deja morir al que lo come. Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente”.

Es hora de terminar nuestra meditación dominical. Los textos del I Libro de los Reyes y el relato de Juan nos invitan a profundizar en una experiencia que todos hemos vivido, con mayor o menor intensidad: las crisis. El profeta Elías siente que ha llegado al límite de sus fuerzas y desea morir; experimenta una profunda crisis existencial. Y los contemporáneos de Jesús, reunidos en la sinagoga de Cafarnaúm, experimentan una crisis de fe: han sido testigos de los milagros de Jesús y han escuchado sus enseñanzas, pero están totalmente desconcertados porque no logran compaginar estos hechos con el Jesús que conocieron durante sus primeros años; es una crisis de fe que se debate entre la inmediatez de un Jesús al que vieron crecer y el profeta cuyas palabras y milagros anuncian una realidad diferente.

El profeta Elías y los seguidores de Jesús superaron sus crisis y perplejidades para abrirse a la gracia. Abrámonos a la acción del Espíritu y dejémonos llevar de sus mociones.