Julio 19: Reconfortante mensaje sobre el amor misericordioso de Dios

Julio 19: Reconfortante mensaje sobre el amor misericordioso de Dios

Por: Jorge Humberto Peláez S.J.

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Lecturas:

  • Libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19
  • Carta de san Pablo a los Romanos 8, 26-27
  • Mateo 13, 24-43

La liturgia de este domingo gira alrededor del amor misericordioso de Dios. El Creador del universo es infinitamente tierno y está pendiente de cada uno de nosotros. El Salmo 85 lo expresa con gran delicadeza: “Tú, Señor, eres bueno y clemente, rico en misericordia con los que te invocan. Señor, escucha mi oración, atiende la voz de mi súplica”.

Es muy interesante comparar la narrativa de los libros de historia y la narrativa de la historia de la salvación. Los libros de historia nos muestran que, en general, los grandes caudillos construyeron su poder haciéndose obedecer, imponiendo su proyecto, generando temor; nada ni nadie podía oponerse a sus designios. Y este modelo sigue vigente; basta ver los noticieros de televisión. Por eso la palabra misericordia, asociada al poder político o militar, es sinónimo de debilidad. Por el contario, la palabra misericordia, asociada al poder de Dios, se convierte en un maravilloso atributo de la divinidad.

Los invito a profundizar en esta idea a partir de un documento escrito por el Papa Francisco en 2015, cuando convocó el Jubileo Extraordinario de la Misericordia. En su Bula El rostro de la misericordia (Misericordiae Vultus), encontramos unas reflexiones que nos invitan descubrir un mundo maravilloso y reconfortante:

  1. En el n.1 de este documento papal, leemos: “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona revela la misericordia de Dios”
  2. En el n.2, el Papa hace una hermosa explicación sobre el significado de la palabra misericordia: “Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad. Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a la esperanza de ser amados no obstante el límite de nuestro pecado”.

Después de meditar en estas expresivas palabras del Papa Francisco, los invito a leer con atención los textos bíblicos de este domingo y sus referencias al amor misericordioso de Dios.

El Libro de la Sabiduría, que recoge agudos comentarios sobre el comportamiento humano, establece un paralelo entre la forma como los grandes de este mundo ejercen su poder, que es a través de la imposición; y la forma como el Señor del universo se relaciona con sus creaturas. Leamos con atención este pasaje: “Hace ostentación de su fuerza el que sabe que no está en posesión del poder absoluto, y por eso censura las libertades de sus propios seguidores. Tú, en cambio, por ser verdaderamente soberano, nos juzgas con clemencia y nos gobiernas con gran misericordia”.

El evangelista Mateo nos presenta la parábola del agricultor que descubrió que en su parcela estaban creciendo, simultáneamente, el trigo y la maleza. ¿Qué hacer? La solución que encuentra el agricultor es un mensaje sobre la paciencia que Dios tiene con nosotros. Su amor misericordioso no tiene afán, sabe esperar. Vayamos, pues, a los textos:

  • Ante el hallazgo de la maleza que crece en medio del trigal, los obreros hacen una propuesta radical: “¿Quieres que vayamos a arrancar la mala hierba?”
  • ¿Qué responde el dueño del cultivo? “Él les contestó: No, no vaya a ser que al arrancar la mala hierba arranquemos también el trigo. Dejémoslos crecer juntos hasta la cosecha”.

Esta parábola nos comunica un mensaje teológico que nos genera paz: Dios nos ama; conoce nuestras miserias; sabe que en nuestro interior cohabitan la gracia y el pecado; somos, al mismo tiempo, egoístas y altruistas. En pocas palabras, dentro de nosotros crecen el trigo y la maleza. Dios no se impacienta. Aguarda a que nosotros recapacitemos. Recordemos que Jesucristo no puso límites al perdón; por eso afirmó, de manera simbólica, que hay que perdonar hasta 70 veces 7…, es decir, la capacidad de perdonar y acoger no se agota.

Esta parábola también nos comunica un mensaje pedagógico. Como acompañantes en el proceso formativo de niños, adolescentes y jóvenes, necesitamos revestirnos de paciencia. Por su inmadurez son inconstantes y distraídos. No importa. Permanezcamos junto a ellos. Siendo muy claros en cuanto a los principios, al mismo tiempo debemos mostrar una flexibilidad paciente, sin autoritarismos. La vida del hogar y de las instituciones educativas no puede regirse por las reglas de una academia militar.

Dios es infinitamente misericordioso y nos invita a ser instrumentos de misericordia en el mundo. En su Bula El rostro de la misericordia, el Papa Francisco tiene unas inspiradoras palabras sobre la práctica de la misericordia por parte de la Iglesia y por cada uno de nosotros:

  • “La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral deberá estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia”.
  • “Abramos nuestros ojos para mirar las miserias del mundo, las heridas de tantos hermanos y hermanas privados de la dignidad, y sintámonos provocados a escuchar sus gritos de auxilio. Nuestras manos estrechen sus manos, y acerquémoslos a nosotros para que sientan el calor de nuestra presencia, de nuestra amistad y de la fraternidad”.

En este mundo atemorizado por la COVID-19, este mensaje sobre el amor paciente y misericordioso de Dios transmite paz y pide expresarse en acciones de solidaridad.