Noviembre 14: Una mirada diferente del futuro

Homilia_Jorge_Humberto_Pealez

Por: Jorge Humberto Peláez, SJ

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Lecturas:

1. Profeta Daniel 7, 13-14

2. Apocalipsis 1, 5-8

3. Juan 18, 33b-37

Con esta fiesta de Cristo Rey concluye el Año Litúrgico, el cual tiene como punto de partida el adviento o preparación para la venida del Señor, y el punto de llegada es la fiesta que hoy celebramos. Así vamos recorriendo los diversos momentos de la vida de Jesús, guiados por la liturgia de cada domingo: desde el momento en que asume nuestra condición humana, su predicación, pasión, muerte y resurrección, hasta el regreso glorioso junto al Padre y es constituido Rey del universo.

El evangelista Juan nos describe, con gran realismo, el encuentro entre Jesús y Pilatos, el gobernador de Judea. La conversación gira alrededor de un tema muy sensible: Jesucristo como rey de los judíos. ¿Por qué era particularmente sensible este tema? El Imperio Romano había conquistado aquella parte del mundo y ejercía un poder total sobre sus habitantes. Hablar de un rey de los judíos era amenazante, tenía ruido de subversión. Era un desafío al poder del Emperador.

Leamos algunas frases de esta conversación: “Dijo Pilatos a Jesús: ¿Eres tú el rey de los judíos?”. Jesús hábilmente le respondió: “¿Dices esto por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?”. ¿Cuál es el trasfondo de esta respuesta de Jesús? Él era consciente del complot que habían orquestado sus enemigos, quienes buscaban desacreditarlo acudiendo a todo tipo de argumentos: unos eran de tipo religioso, por ejemplo, afirmando que era un blasfemo y que no respetaba el día santo del sábado; y también con argumentos políticos que suscitaban temor entre los representantes de la potencia dominante.

Como hemos leído tantas veces este pasaje evangélico, ya no nos impresiona. Se nos ha desdibujado su dramatismo. Pilatos encarna el poder absoluto de Roma; delante de él se encuentra un prisionero maniatado, humillado, golpeado. Un ser que parece insignificante. Sin embargo, el representante del país más poderoso del mundo percibe en ese hombre una fuerza superior. Para sorpresa del funcionario, Jesús le responde: “Tú lo dices: soy rey. Para eso he nacido y para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad”.

Estas palabras de Jesús son estremecedoras. El Hijo eterno del Padre se ha despojado de los atributos de la divinidad y desde la cruz, convertida en trono real, da la mayor muestra de amor. Se trata de un reinado diferente, incomprensible para nuestra mentalidad deslumbrada por el oro de los poderosos. Jesucristo reina desde el amor, la empatía con los que sufren. Su lucha frontal es contra el pecado y la injusticia.

El relato del evangelista Juan nos presenta a Cristo Rey, quien nos sobrecoge desde su indefensión. El relato del Apocalipsis nos muestra otra faceta de Cristo Rey, en la plenitud de su gloria: “Jesucristo es el testigo fiel, el primogénito entre los muertos, el príncipe de los reyes de la tierra. A Él la gloria y el poder por los siglos de los siglos”.

A lo largo del año litúrgico vamos acompañando a ese Jesús, que empieza su misión despojado de los atributos de su divinidad y que nace en una humilde pesebrera, rodeado de una corte constituida por la mula y el buey, escoltado por un pequeño grupo de pastores. Jesús culmina su misión reconocido y proclamado como Rey del Universo. Se cierra el círculo.

Otro gran tema de meditación en esta fiesta de Cristo Rey es el para qué del poder. El inmenso poder que tiene Jesús lo usa para curar enfermedades, consolar, perdonar, transformar las vidas de aquellos que acogían su mensaje.

La marcha de nuestro planeta sería muy diferente si los poderosos del planeta, es decir, los líderes del G20, que son los países más ricos del mundo, cambiaran su perspectiva para la toma de decisiones. Si ellos quisieran, podría superarse el hambre en el mundo, podría detenerse la destrucción causada por el cambio climático. Cristo Rey da una potente lección sobre el poder entendido como servicio.

En Colombia nos encontramos en pleno proceso electoral. Lamentablemente, hasta el momento no hemos escuchado un mensaje de esperanza y de transformación social que nos motive. Sólo palabras que alimentan rabias y temores. Es como si un grupo de ciegos, los precandidatos, pretendiera guiar a un país de ciegos. ¡Qué pobreza de argumentos, qué mediocridad en las propuestas!

Que esta fiesta de Cristo Rey nos sirva para repensar el auténtico sentido del liderazgo, que no consiste en otra cosa que el servicio.