Diciembre 5: Adviento, un camino de esperanza

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Por: Jorge Humberto Peláez, SJ

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Lecturas:

1. Libro de Baruc 5, 1-9

2. Carta de san Pablo a los Filipenses 1, 4-6. 8-11

3. Lucas 3, 1-6

Una de las tareas más gratas en este tiempo de Adviento es la decoración de nuestros hogares con la participación de todos los miembros de la familia. Con cuidado vamos desempacando las figuras del pesebre y los adornos del árbol. Ahora bien, este hermoso rito familiar que realizamos cada año no puede reducirse a la simple repetición de unas tradiciones que hemos recibido de nuestros antepasados.

La celebración del Adviento debe significar, cada año, una auténtica renovación interior. Como sociedad, hemos vivido unas experiencias muy fuertes por causa de la pandemia. Este tiempo de Adviento es una excelente oportunidad para decantar aprendizajes, revisar nuestros hábitos de vida y proyectar un año 2022 diferente. Recordemos que no tiene sentido pretender un regreso al pasado. Se trata de proyectar una nueva normalidad que integre los aprendizajes que hemos tenido.

En muchas de nuestras casas ocupa un lugar destacado la corona de Adviento, formada por una rama de pino que tiene cuatro velas en su interior. En cada uno de los domingos de este tiempo litúrgico encendemos una vela. Como hoy celebrarnos el II domingo, en la corona están encendidas dos velas. A medida que nos acercamos a la fiesta de la Navidad, va aumentando la luz. Esta luminosidad creciente simboliza la presencia de Jesús en medio de nosotros. Es luz en medio de la oscuridad de nuestros conflictos y ambiciones.

La primera lectura está tomada del profeta Baruc. Es un canto a la vida que motiva a la comunidad para la superación de los duelos que tiene pendientes: “Jerusalén, despójate del vestido de luto y aflicción que llevas, y vístete las galas perpetuas de la gloria que Dios te concede”.

Los seres humanos no podemos quedar atrapados en los acontecimientos dolorosos del pasado ni en las angustias del presente. Tenemos que mirar hacia el futuro con esperanza. En este Adviento, vemos que, poco a poco, vuelve a salir el sol: la aplicación de las vacunas avanza con buen ritmo, los indicadores económicos nos muestran una reactivación significativa. Aunque persisten situaciones muy difíciles, veamos el vaso medio lleno de los logros obtenidos y no alimentemos pensamientos pesimistas. Acojamos este llamado del profeta Baruc a superar el duelo.

Este llamado a superar nuestro estado de ánimo es reforzado en el Salmo 125: “Cuando el Señor hizo volver a los cautivos de Sion, nos parecía soñar; la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares”. Vivamos con alegría las celebraciones navideñas, fortalezcamos los vínculos familiares que se vieron lastimados por el confinamiento obligatorio. Y sigamos cuidándonos porque el virus sigue presente y aparecen variantes muy agresivas.

Pasemos ahora al texto del evangelista Lucas, quien describe con precisión el momento histórico del nacimiento de Jesús, identificando a los diversos actores políticos y religiosos: el emperador Tiberio, el gobernador Poncio Pilato, los jefes políticos locales y el sumo sacerdote. ¿Por qué aparecen estos nombres? Jesús no es un personaje inventado por un grupo de fanáticos. Nació y cumplió su misión en un momento preciso de la historia.

Después de darnos estas coordenadas históricas, el evangelista Lucas se refiere a un personaje interesantísimo, cuya misión consistió en preparar el terreno espiritual para la venida del Mesías. Se trata de Juan Bautista, un personaje muy especial que ejerció su ministerio en los alrededores del río Jordán. El núcleo de su mensaje es el llamado a la transformación interior, “predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados”.

En síntesis, los mensajes de la liturgia de este II domingo de Adviento son dos:

1. Un llamado a superar los sentimientos sombríos para abrirnos a la esperanza y vivir alegres.

2. Una invitación a revisar nuestro modo de vida, los hábitos de consumo, la responsabilidad frente a la salud colectiva, la solidaridad con los que sufren.