Diciembre 15, 2019: Pistas para la homilía

Diciembre 15, 2019: Pistas para la homilía

Por: Jorge Humberto Peláez S.J.

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Es muy interesante comparar los dos relatos centrales: Por una parte, el profeta Isaías describe, con siglos de anticipación, los hechos que llevará a cabo el Ungido de Dios; y el evangelista Mateo, teniendo como telón de fondo el texto de Isaías, dice cómo esas realidades ya están presentes en la comunidad: “Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo”.

Lo que celebramos en este tiempo litúrgico es la realización de una promesa hecha al pueblo de Israel, la cual transformará la historia espiritual de la humanidad. El profeta Isaías se refiere a estos cambios a través de diversas imágenes:

La primera de estas imágenes está tomada de la naturaleza: “Se alegrará el desierto, tierra estéril, la estepa se llenará de flores y de júbilo. Florecerá como florecen los narcisos, desbordará de gozo y de alegría”.

La segunda imagen describe esta realidad nueva mediante cambios en el estado de ánimo de la gente: “Fortalezcan al que va con los brazos caídos, robustezcan al que tiene encogidas las piernas. Digan a los cobardes: ¡Valor! ¡No tengan miedo! Miren: ya llega su Dios a hacer justicia”.

La tercera imagen se refiere a la curación de los enfermos. Este texto será retomado por Jesús como respuesta a las preguntas que le hacían los discípulos de Juan Bautista: “Entonces los ciegos recobrarán la vista, los oídos del sordo se abrirán, los cojos tendrán agilidad de venados, los mudos cantarán”.

Estas tres imágenes del profeta Isaías (la transformación del paisaje, los cambios en el estado de ánimo y la curación de los enfermos) son la manera de darnos a entender las profundas transformaciones que llevará a cabo el Ungido de Dios. Este anuncio se hace realidad en Jesús de Nazaret.

El tiempo de Adviento es una preparación espiritual para acoger al Hijo eterno del Padre que se hace presente en medio de nosotros. Algo inimaginable que cambió el curso de la historia.

El Salmo 145 expresa el clima espiritual de expectativa y preparación que impregna estas semanas de Adviento: “Ven, Redentor nuestro, y danos la salvación”. Nos preparamos para acoger a nuestro Salvador. Este sentimiento espiritual debe prevalecer sobre las presiones consumistas que nos llegan a través de los mensajes comerciales.

El texto del evangelista Mateo nos permite conocer un encuentro muy interesante entre Jesús y los discípulos de Juan Bautista:

¿Qué nos dice el texto del evangelista Mateo? “Estando Juan Bautista en la cárcel, oyó hablar de las obras mesiánicas realizadas por Jesús. Entonces mandó a unos discípulos suyos a preguntarle: ¿Eres tú el que debe venir, o tenemos que esperar a otro?”. Según este texto, Jesús y Juan no se conocían personalmente sino por los comentarios que la gente hacía sobre ellos.

A esta pregunta de los discípulos del Bautista, Jesús responde con el texto del profeta Isaías que acabamos de escuchar. Lo que el profeta había anunciado sobre los tiempos mesiánicos se ha hecho realidad en Jesús. La promesa ya está presente y actuante en medio de la comunidad. ” Vayan a contar a Juan lo que están viendo y oyendo: los ciegos recobran la vista, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios de su enfermedad, y los sordos oyen (…)”

Esta respuesta de Jesús es de una gran profundidad teológica y marca un derrotero para la acción evangelizadora de la Iglesia: el Reino de Dios no consiste en un cuerpo doctrinal ni en unos discursos retóricos. El Reino se expresa a través de hechos concretos que muestran cómo actúa Dios liberándonos de todo aquello que nos esclaviza: la enfermedad, el dolor, la muerte, el pecado. Estas acciones realizadas por Jesús son signos de este orden nuevo que ha venido a instaurar.

Siguiendo el ejemplo del Señor, la Iglesia anuncia la buena noticia de la salvación a través de gestos concretos de amor y solidaridad. El testimonio, es decir, el lenguaje de los hechos concretos de solidaridad, hace creíble el anuncio sobre la persona y el mensaje del Señor.

La mejor predicación es el ejemplo de vida. Y el peor daño que podemos hacer a la comunidad es el escándalo, que tiene un efecto demoledor para la credibilidad del mensaje evangelizador. Esta afirmación es válida, no sólo para la Iglesia, sino para todos los procesos formativos: los padres de familia y los maestros educan principalmente a través de su testimonio de vida.

Se acerca la conmemoración del Nacimiento del Señor. Dispongámonos interiormente para esta celebración. La petición de estos días es: Ven, Señor Jesús. Los textos litúrgicos de este domingo nos describen, a través de diversas imágenes, la novedad que significa la presencia de Jesucristo en medio de nosotros. Superemos nuestras preocupaciones diarias y sintonicémonos con la alegría que nos transmite el Adviento.