Diciembre 1, 2019: Pistas para la homilía

Diciembre 1, 2019: Pistas para la homilía

Por: Jorge Humberto Peláez S.J.

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Todos estos símbolos nos recuerdan el acontecimiento que cambió la historia de la humanidad: el Hijo eterno del Padre se hizo como uno de nosotros con el fin de redimir a la humanidad. Un regalo que no tiene otra explicación que el amor infinito de Dios por sus creaturas.

No debemos quedarnos en la materialidad de la decoración navideña. Todo esto tiene una significación. Nos recuerda que el Hijo eterno de Dios asumió nuestra condición humana, llenando así de luz y sentido nuestra existencia. La encarnación es un poderoso mensaje de esperanza y optimismo, pues no estamos solos; Jesucristo es nuestro compañero de peregrinación, nuestro hermano mayor; es camino, verdad y vida que nos conduce a la casa de nuestro Padre común. Y María es nuestra madre que intercede por nosotros.

Cuando contemplamos la simplicidad del pesebre nos sentimos interpelados por los escandalosos contrastes entre pobreza y riqueza en el mundo. El descontento popular que se manifiesta en las ciudades del mundo entero, y que estamos padeciendo en Colombia, es un severo llamado de atención a todos los líderes sociales y a la ciudadanía para tomar las medidas que permitan corregir las injusticias estructurales que tienen asfixiados a amplios sectores de la población, en particular a la clase media. No es suficiente mirar los grandes indicadores de la economía; hay que analizar cómo se distribuye la riqueza que se está generando.

La contemplación del pesebre, cuyos protagonistas son José, María y el niño, es una invitación a reflexionar sobre la importancia de la familia para el desarrollo de los individuos y la construcción de la sociedad. Es inevitable asociar los altos índices de depresión, drogadicción y suicidio de los niños y jóvenes con la enorme fragilidad de las familias. Si no hay calor de hogar, es muy difícil formar ciudadanos equilibrados, capaces de amar, vivir en sociedad y trabajar por el bien común. Para muchos niños y adolescentes, las redes sociales se convierten en un falso refugio, donde creen encontrar amigos y apoyos que son una ilusión.

Al iniciar este tiempo de Adviento, los invito a mirar con atención los símbolos navideños, en particular el pesebre, para escuchar este mensaje de paz y amor que nos anuncia Dios hecho hombre, descubrir el valor de la sencillez y la simplicidad en medio de las presiones consumistas, y valor la familia como el escenario por excelencia donde nos formamos y realizamos como personas y ciudadanos.

Después de estas reflexiones generales sobre el mensaje de la Navidad, recorramos brevemente las lecturas de este domingo, en las que identificamos tres grandes mensajes, que son de actualidad para nosotros:
El Salmo describe el clima de alegría característico de este tiempo.
El evangelio nos ayuda a comprender el Adviento como un tiempo de preparación.
El profeta Isaías nos habla de la paz en un mundo reconciliado.

¿Qué leemos en el Salmo 121? “¡Qué alegría cuando me dijeron: ¡Vamos a la casa del Señor! Ya están pisando nuestros pies tus umbrales, Jerusalén”. ¡Qué importante este mensaje de alegría, en medio de la turbulencia que estamos viviendo! Muchas veces magnificamos los problemas diarios y perdemos la visión de conjunto. Ciertamente tenemos problemas, pero no podemos ignorar los avances que hemos tenido como país. Hay personas que están absolutamente intoxicadas por el pesimismo. Para ellas, todo tiempo pasado fue mejor. Hay que reconocer que los colombianos vivimos mejor ahora que hace 20 o 30 años. Las cifras lo muestran. Por eso hay que tomar distancia de las redes sociales y sus mensajes venenosos. Miremos el pesebre, creamos en el poder transformador del amor, acompañemos a los niños y a los jóvenes en la construcción de una ética ciudadana. No nos dejemos robar la alegría y la esperanza.

El evangelista Mateo nos exhorta a no caer en el inmediatismo del tiempo presente, sino a vivir en una atmósfera de expectativa: “Permanezcan, pues, en vela, porque no saben cuándo va a venir el Señor (…) Estén ustedes preparados porque a la hora menos pensada vendrá el Hijo del hombre”. Los textos litúrgicos de estos domingos de Adviento son una invitación a ir creando el clima espiritual para vivir la Navidad. Recordemos que toda la vida cristiana está marcada por este dinamismo que nos lleva a asumir el presente con una perspectiva de futuro, como una construcción que se va realizando. Así como decoramos nuestras casas con los símbolos de la Navidad, preparemos nuestro interior para acoger a este Niño portador de salvación.

El tercer mensaje teológico que identificamos en la liturgia de este domingo lo aporta el profeta Isaías. Él describe los tiempos mesiánicos en un lenguaje que nos cautiva porque refleja el anhelo de paz de millones de colombianos: “Convertirán sus espadas en arados, y sus lanzas en herramientas de trabajo. No alzará la espada un pueblo contra otro, nadie se adiestrará para la guerra”.

Si queremos construir un proyecto de país en el que podamos vivir todos los colombianos sin exclusiones, debemos superar la polarización que nos desgasta inútilmente y nos impide avanzar en la búsqueda de soluciones. Debemos identificar cuáles son aquellos puntos estratégicos en los que debemos confluir los colombianos que buscamos la paz y la reconciliación. Necesitamos que los líderes políticos asuman sus responsabilidades frente al país, depongan la agresividad y abran espacios de diálogo. Necesitamos que los jóvenes desarrollen un espíritu crítico para no dejarse manipular por las redes sociales ni empuñen banderas que no son las suyas.

Esperamos que en los próximos días podamos entrar en modo navidad para bajar la temperatura de las marchas y avanzar en la búsqueda de soluciones.