La Compañía de Jesús, más que una marca, es un rasgo de identidad que, gracias a su tradición y su propósito claro, lleva cerca de 500 años comunicándose desde la esencia de los valores que la fundamentan.

 

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Sí a la tradición de comunicar con propósito

Que San Ignacio de Loyola haya escrito más de 6.800 cartas habla de un hombre con la intención clara de dejar huella mundial a través de sus vivencias. Reflexión de RECOJE, la Red de Comunicadores Jesuitas Colombia.

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Sí a la tradición de comunicar con propósito

  •    Diciembre 14 de 2018
  •    RECOJE - Red de Comunicadores Jesuitas Colombia
  •    Curia Provincial

Que San Ignacio de Loyola haya escrito más de 6.800 cartas habla de un hombre con la intención clara de dejar huella mundial a través de sus vivencias. Reflexión de RECOJE, la Red de Comunicadores Jesuitas Colombia.


Tradición con sentido de red
Que San Ignacio de Loyola haya escrito más de 6.800 cartas habla de un hombre con la intención clara de dejar huella mundial a través de sus vivencias. Cada relato confirma que tras esas letras estaba el espíritu de una persona visionaria, con fe en su capacidad de transformar y convencido de llevar el mensaje al mundo. Un hombre encaminado al trabajo en red, cuyas anécdotas se hicieron conocidas y quien logró propagar su propósito. Un hombre abierto a contar sus triunfos, tristezas, situaciones, vicisitudes y sus experiencias espirituales, de las cuales surgieron la Espiritualidad Ignaciana y los Ejercicios Espirituales. Una persona ejemplo, patrón que hoy no se puede perder.

Esa dimensión comunicativa que acompañó a Ignacio, y que se puede ver desarrollada en sus textos históricos, perdura actualmente en el proceder de la Compañía de Jesús, en su misión de salir al mundo entero a proclamar la Buena Noticia, que no es más que el amor, y que, en palabras del Padre General Arturo Sosa, S. J., es “la alegría del evangelio, la posibilidad de ayudar a las personas para que tengan una vida más digna, una vida más libre”.

El ser humano por su misma esencia social tiene la necesidad de comunicarse con todo lo que le rodea, incluso consigo mismo. Hoy se habla de tendencias, de likes, de interacciones, de comunicar y comunicar, como sea. Con gran facilidad las marcas con trayectoria y reconocimiento pierden su foco, les gana el activismo comunicacional sin sentido. La Compañía de Jesús, más que una marca, es un rasgo de identidad que, gracias a su tradición y su propósito claro, lleva cerca de 500 años comunicándose desde la esencia de los valores que la fundamentan.

Es por ello que los jesuitas, desde la reciente Congregación General 36, recuerdan la importancia de la comunicación en clave de estrategia apostólica. Promueven el trabajo en red, avanzado cada día dentro de las instituciones en la colaboración entre jesuitas y laicos; ya que estas articulaciones son las que unen a la sociedad, ese cuerpo disperso y variado en culturas, el cual al mantenerse comunicado internamente y de forma efectiva, se cohesiona para hacer el mensaje universal.

Siendo así viene bien entender que, para el beneficio de las obras apostólicas y cualquier otro tipo de organización, la comunicación no solo es un proceso operativo e informativo, es también un objeto de transformación social, de bienestar, que está al servicio de todas las áreas y que requiere de trabajo en red, para que finalmente sea común la acción.

Convencimiento y apoyo a la audacia
En la actualidad se comunica diferente, con inmediatez, en un panorama en constante cambio y con la innovación como protagonista. Tal vez resulta complejo salirse del espectro de islas en el que se puede envolver la comunicación, pero la Compañía de Jesús tiene un espíritu distinto, que se mueve, se muestra, es coherente, escucha, incluye y es influyente porque actúa. Es contemplativa en la acción.


Los anuncios de la Compañía son esperanzadores, optimistas, llegan a personas inquietas, comprometidas, asimismo a los que los necesitan en clave de reconciliación, fe, justicia, diálogo y colaboración, ya que se requiere conectar con las personas desde la transparencia, la honestidad y convertir a la Compañía de Jesús en una institución que conversa.

Y para conversar se necesitan dos o más, por ello encuentros como RECOJE (Red de Comunicadores Jesuitas) permiten a las obras conocer de cerca la labor que realizan singularmente las instituciones y cómo sus respectivos comunicadores enmarcan sus mensajes, posibilitando encaminar la ruta de trabajo hacia el objetivo transversal de la Compañía, con base en una misión que trasciende la cotidianidad de cada una en particular.

Los jesuitas esperan que la comunicación en sus obras se piense desde un nivel estratégico. ¿Cómo comunicar aquello que mueve internamente a obrar en los diferentes ámbitos? ¿Cómo hablar de las mociones que determinó la Compañía de Jesús para trabajar alrededor del mundo con mensajes sobre la fe que comparten, la justicia en las estructuras sociales, la reconciliación en sus diferentes ámbitos, el diálogo con los demás y el trabajo en red que la enriquece? Desde ahí debe estar enmarcado el rol del comunicador jesuita y cómo su quehacer diario debe ajustarse a la moción general de la Compañía.

Ser los comunicadores de esperanza de obras que trabajan con esta motivación permite reconocer el valor de su Oficina de Comunicaciones como una herramienta eficaz para transmitir vida, posibilitando trascender la Institución al anunciar con contundencia y autonomía el mensaje conjunto de paz y reconciliación que respalda sus acciones, y que llega a tocar los corazones de los que tanto lo necesitan.

Todo lo construido desde el interior de la Compañía de Jesús, el propósito de ser innovadores siempre potenciados por los signos de identidad propios, la convierte en una marca capaz de comunicar hacia afuera su propuesta, porque escucha con criterio para ser disruptiva y sorprender, así como de enamorar con auténticos mensajes. Para eso está RECOJE, sus comunicadores.

Artículo preparado por las comunicadoras Diana Carolina Laverde Escobar, Pontificia Universidad Javeriana Cali; Diana Victoria Quintero Acosta; Colegio San José, y Luisa Fernanda Mahecha Bedoya, Colegio San Francisco Javier.