¿Cómo vives tu vocación?

Pensando en Voz Alta

Por: Enrique A. Gutiérrez T., SJ

Todos los años, el cuarto domingo de Pascua, llamado Domingo del Buen Pastor por el texto del evangelio que se lee, es la jornada mundial de oración por las vocaciones sacerdotales y religiosas. Pero no debemos quedarnos únicamente en este aspecto, debemos ir más allá. Cada persona debe descubrir y realizar su propia vocación. Ahí radica el sentido de la vida y de la misión que cada uno de nosotros tiene. Analicemos.

En el ambiente ordinario de la sociedad, cuando hablamos de vocación, pensamos siempre en los sacerdotes, las religiosas y los religiosos. Asociamos los dos conceptos de vocación y consagración al servicio de los demás. Sin embargo, dicha apreciación no es completa. No podemos dejar por fuera la vocación al matrimonio, al estado de soltería o al compromiso cristiano vivido desde el estado laical. Para todos se necesita vocación. Es un llamado, eso significa la palabra vocación, y es, al mismo tiempo, una misión, un envío.

Si miramos la realidad que vivimos, podemos preguntarnos por qué hay tantos matrimonios que fracasan, por qué hay tantas personas frustradas y amargadas en la condición en que viven. La razón es muy sencilla, porque no se tomaron el tiempo y el trabajo necesarios para discernir su vocación, para preguntarse si eran llamados o no a ese estado de vida. Las consecuencias no se hacen esperar y, con frecuencia, las sufren otras personas, llamadas esposa e hijos que no tienen responsabilidad en una decisión equivocada, por decir lo menos.

Por eso, es importante que toda persona se pregunte seriamente cuál es la vocación a la cual se siente llamada por Dios, cuál es el camino de realización de su compromiso cristiano y de qué manera sus decisiones a este respecto, afectan o pueden afectar la vida de otras personas. Es cierto que el momento de la certeza absoluta en una decisión nunca llega, que siempre hay un margen de inseguridad con el cual debemos contar. Pero eso es algo muy distinto a tomar decisiones de manera irresponsable y apresurada.

Volviendo al tema de las vocaciones a la vida religiosa y al sacerdocio, nos encontramos ante el llamado al servicio y a la entrega generosa a los demás, características de la vida consagrada. No todas las personas tienen esa vocación, no todas las personas pueden responder afirmativamente a ese llamado. Por eso, el proceso de discernimiento es clave porque entran en juego dos elementos: el llamado que es iniciativa de Dios y la respuesta que es decisión humana. Se deben sopesar los dos componentes para acertar en la toma de decisiones.

El mundo necesita y seguirá necesitando hombres y mujeres consagrados que les ayuden en su camino de la vida cristiana. Hombres y mujeres que con su testimonio de vida los estimulen al compromiso cristiano en su actividad diaria y en el estado de vida que han escogido. Por eso, se les suele llamar, especialmente a los sacerdotes, pastores, porque cuidan el rebaño que les ha sido confiado, porque son para ese grupo de personas como padres en el camino espiritual. Lo dice el lema de esta LXI jornada mundial de oración por las vocaciones: “todos oramos por todos”.

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