En el Colegio San Ignacio de Medellín, entre el 23 y el 29 de junio, algo más de 500 jóvenes de nuestras obras apostólicas, vivieron un encuentro en memoria de san Pedro Claver. Así como se han creado en otros lugares la ‘Javeriada’, para recordar a Francisco Javier, y otras jornadas de trabajo juvenil en memoria de otros santos, en Colombia se creó la Claveriada, que completa su tercera versión. Fueron días de experiencias formativas, apostólicas, espirituales, culturales y celebrativas, para compartir el llamado a ser: Peregrinos de la Reconciliación y de la Esperanza.
Vivimos el encuentro acompañando a nuestro querido pueblo hermano de Venezuela, golpeado por los terremotos y teniendo presente el año de las juventudes, con el lema de “Cambiemos los miedos por los sueños”, que nos recuerda la invitación del querido papa Francisco. Queríamos mantener viva la consigna de nuestro Proyecto Apostólico de Provincia, que nos sigue interpelando: “Soñemos juntos lo imposible”.
Al llegar, cada joven puso un puñado de tierra que trajo desde de su propia región en un mapa de Colombia, como expresión de la comunión en un solo proyecto de país al que somos convocados. Aunque también tuvimos la participación de jóvenes de las pastorales jesuíticas de México, Brasil y Paraguay, además de varios de los teólogos del CIF que estudian en la Javeriana y vienen de Uruguay, Nigeria, Nicaragua, México, Ecuador, entre otros países. Nos hicimos conscientes de nuestras heridas y de nuestra fragilidad. Luego nos distribuimos en comunidades alrededor de experiencias de profunda significación e impacto en el corazón de cada uno de los participantes, acogiendo el mandato de Jesús de “remar mar adentro”.
Unos fueron a una misión rural en varias veredas de Fredonia. Otros vivieron su misión en barrios populares de Bello y Granizal, en el nororiente de Medellín. Otros hicieron tres días de Ejercicios Espirituales. Otros vivieron en el Centro de Fe y Culturas un taller de liderazgo llamado Ubuntu. Otros tuvieron en el noviciado una experiencia de oración y convivencia con la dinámica de Taizé. Otros fueron al Parque Arví para vivir una experiencia de Ecología integral con un grupo Scout. Otros hicieron tres días de camino por el Oriente antioqueño, como peregrinos de la reconciliación y conociendo historias dolorosas de la violencia. Otros se aproximaron a la vida religiosa como opción fundamental. Otros tuvieron un taller de Arte, Cultura y Espiritualidad. Y, finalmente, otros hicieron una experiencia de servicio con habitantes de calle.
Al terminar tres días de inmersión apostólica y comunitaria en 19 grupos diferentes, nos reunimos de nuevo en el Colegio San Ignacio para conversar sobre Eco esperanza, de la mano del joven ecologista Francisco Vera. Luego sobre Memoria y Verdad con el P. Francisco de Roux, SJ, y más tarde con el periodista Jesús Abad Colorado, quien compartió con nosotros las historias y rostros del conflicto que hemos vivido en los últimos sesenta años. El domingo, después de la celebración de la eucaristía y del trabajo en grupos, hicimos una peregrinación desde el colegio hasta la Plazuela de San Ignacio en el centro de Medellín, donde fuimos acogidos por Comfama. Hicimos el recorrido en silencio y llevando fotografías y la biografía de víctimas del conflicto armado en Colombia. Al llegar a la antigua sede del colegio, en el Patio Salón, hicimos un homenaje a las víctimas y celebramos que la vida sigue triunfando sobre la muerte y que la alegría siempre llena los espacios que el dolor y la tristeza han colonizado. Finalmente, en la jornada del lunes, trabajamos en equipos regionales para proyectar la animación del apostolado juvenil y cerramos con la eucaristía de envío. Una eucaristía que nos invitó a pasar de las heridas a la Reconciliación y la Esperanza.
La palabra conciliación proviene del latín y significa «acción y efecto de reunir”, indicando la acción de reunir voluntades contrapuestas. En resumen, la palabra conciliación expresa la voluntad de reunir voces o intereses separados para lograr un acuerdo armonioso o una unión. La Claveriada, de muchas formas, nos propuso este valor que ha sido, es y seguirá siendo una opción fundamental en nuestras vidas. En un contexto en el que el ruido de la polarización, la discordia, los enfrentamientos de todo tipo y los relatos de muerte nos aturden, hablar de conciliación es tomar la decisión de hacernos artesanos de esperanza en un país herido que clama por justicia y paz. Y esta tarea se hace más urgente cuando vivimos la tentación de desaparecer a los contrarios en lugar de construir con ellos puentes de diálogo y consenso haciendo posible que todos tengamos un puesto en la mesa de las oportunidades y el bienestar.
Si a la palabra “conciliación” le queremos dar un énfasis mayor, le podemos añadir el prefijo “re”, como cuando decimos que algo es re malo, o re lindo, de este modo, la palabra que resulta es “re-conciliación”. La palabra «reconciliar» significa unir o reparar todo lo que se ha quebrado. Este proceso va más allá que la simple ausencia del conflicto. La reconciliación transforma las relaciones quebrantadas en relaciones de confianza.
El papa León invitó recientemente a todos los creyentes en su carta apostólica a “diseñar nuevos mapas de esperanza”, a tener tres actitudes a las que invito hoy a cada uno de los miembros del Cuerpo Apostólico. Un mensaje que también estamos invitados a llevar a nuestras familias, obras, estudios y trabajos… a nuestra cotidianidad:
1. Desarmen las palabras: Porque el amor no puede avanzar con la polémica, sino con la mansedumbre que escucha y espera.
2. Levanten la mirada: Sepan preguntarse a dónde van y a qué. Miren siempre adelante. No se queden nunca mirando atrás.
3. Custodien el corazón: La relación está antes que la opinión, la persona antes que el programa.
Hermann Rodríguez Osorio, SJ
Bogotá, 1 de julio de 2026
Provincial