“Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes que, con su lámpara en la mano, salieron al encuentro del novio”

Comunitas Matutina

DOMINGO XXXII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

Lecturas:

  1. Sabiduría 6: 12-16
  2. Salmo 62
  3. 1 Tesalonicenses 4: 13-17
  4. Mateo 25: 1-13

 

En los tres domingos restantes del año litúrgico vamos a considerar  el capítulo 25 de Mateo: parábolas de las diez vírgenes, talentos y juicio final: el significado último de la existencia humana, lo que pasa y pasará con nosotros cuando “evolucionemos” de la muerte hacia la Vida.  Una distorsionada interpretación del sentido de estas  realidades   puede “asustar”, causar angustia por aquello de tratarse de los asuntos definitivos de la muerte, que en el lenguaje del catecismo tradicional se llamaban las “postrimerías”. [1] Para rescatar el significado original de estas situaciones límite  lo enfocaremos – siguiendo la línea dominante en esta materia  en el ministerio de Jesús y en la tradición bíblica – desde la teología de la esperanza.  Por eso,  en  el comienzo de esta reflexión,    invitamos a despojarse de esa mentalidad de miedo, incompatible con el proyecto de Jesús.[2] La advertencia de Mateo a la comunidad a la que dirige su evangelio es para poner en guardia a los cristianos acerca de las consecuencias de sus actitudes vitales, ante Dios, ante nuestros semejantes, ante nosotros mismos, estamos ante la exigencia de una vida rica en humanismo y espiritualidad.  Es un asunto de libertad, de sentido pleno de la vida, de seriedad existencial: verificar si esta  que llevamos es fecunda, si responde a lo esencial, si sirve al prójimo, si trasciende del ego hacia el tú y hacia el nosotros, si aportamos a la construcción de una mejor humanidad, si la Buena Noticia de Jesús modela en cada uno un ser humano en plan  de   servicio, de plena apertura a Dios y al prójimo, con su correlativa experiencia de esperanza y plenitud de sentido: “No queremos, hermanos, que vivan en la ignorancia acerca de los que ya han muerto, para que no estén tristes como los otros, que no tienen esperanza. Porque nosotros creemos que Jesús murió y resucitó: de la misma manera, Dios llevará con Jesús a los que murieron con él”. [3]

Es innegable que la realidad de la muerte nos estremece porque es allí donde se da la jugada maestra de la vida , el ámbito decisivo donde nuestro relato vital es confrontado,  la valoración crítica de una existencia asumida con sentido , o – en muchos casos penosamente –  la constatación dramática de haber desperdiciado la gran oportunidad de la trascendencia. A esta gran pregunta  llevan las lecturas bíblicas que la Iglesia nos propone para este domingo, muy significativamente en los finales del año litúrgico. [4]

La  interpretación distorsionada  sobre  la muerte es muy alimentada en el imaginario dominante en la mayoría de ambientes sociales y religiosos, muchos también afianzados en un pesimismo incurable, el sentimiento trágico de la vida, otros evadiendo en la mayor medida posible la responsabilidad que demanda una vida auténtica y responsable, construyendo paraísos artificiales, estrategias de prolongación de la vida y de desconocer la fragilidad inherente a nuestra condición, o en la religiosidad sombría de una muerte que no se vislumbra como experiencia de plenitud. Concepciones como esta son proyecciones neuróticas de seres humanos que no atinan con su libertad y con su felicidad, [5] ideas totalmente distantes de la originalidad de la revelación cristiana.

En este domingo y en el siguiente se nos plantea el asunto fundamental de la esperanza, de la vida entendida y vivida en clave de Dios, de la nueva humanidad que sucede  gracias a la  intervención   que El hace para nosotros en la persona de Jesús. [6] Se trata de pensar en la finalidad de la existencia, y también en su final-comienzo, advirtiendo que en el cristianismo auténtico esto no se asume   con el sentimiento trágico propio de la aludida angustia ante el final.  Es fundamental acoger el don del Espíritu que nos lleva del fetiche de Dios, de  las falsas concepciones de Dios y de lo religioso, al Dios liberador que se nos revela en Jesús. Un verdadero camino de conversión!

A esto se refiere la parábola de las muchachas necias y prudentes, unas y otras son paradigmas de cómo se lleva la vida, con improvisaciones y urgencias desmedidas, sometimientos y esclavitudes, arrogancias y vanidades , en el caso de las primeras; con sentido de lo esencial, responsabilidad histórica, apertura a la trascendencia, projimidad, rectitud existencial, en el caso de las segundas.[7]

La mentalidad que asumimos quiere   valorar la totalidad de la vida, purificarnos de  infiernos y condenaciones , con la confianza puesta en este Dios que no cesa de agraciarnos. “Señor, tú eres mi Dios, yo te busco ardientemente; mi alma tiene sed de ti; por ti suspira mi carne, como tierra reseca, sedienta y sin agua”. [8]El final  no se entiende como el agotamiento definitivo de la vida, [9] es el amanecer a la trascendencia total, a la eterna permanencia en el ser insertos en el misterio de Dios, salvación y liberación de toda ambigüedad, pecado, muerte e injusticia.

La concepción bíblica de sabiduría constituye un aporte esencial para esta manera de entender la vida: “ La sabiduría resplandece con brillo que no se empaña; los que la aman, la descubren fácilmente; y los que la buscan, la encuentran; ella misma se da a conocer a los que la desean. ….Tener la mente puesta en ella es prudencia consumada” . [10] En la experiencia bíblica , el sabio es  el  que se ha dejado tomar por el sentido esencial  que encuentra en Dios su principio y fundamento, el que tiene la capacidad de ser libre relativizando  aquellas realidades que tienen el peligro de ser erigidas como falsas salvaciones:  el dinero, el poder, el reconocimiento social, los privilegios, y accede a la vida recta, solidaria, servicial, fraterna, viendo en todo ello la mejor manera de construír un relato vital cargado  de trascendencia y de projimidad.

El tema de esta primera lectura conecta  con la sensatez de las cinco muchachas llamadas prudentes por el evangelista, las que guardaron la provisión suficiente de aceite para aguardar la llegada del novio: “En cambio, las previsoras llevaron sus botellas de aceite, además de sus lámparas. Como el novio tardaba en llegar, les dió sueño a todas y por fin se durmieron. Cerca de la medianoche se oyó gritar: Ya viene  el novio!  Salgan  a recibirlo! Todas las muchachas se levantaron y comenzaron a preparar sus lámparas” .[11]

Lo que quiere contrastar Jesús con este ejemplo es el sentido de previsión, de vida prudente  y sabia en oposición a la improvisación, a la existencia superflua, la que no tiene bases sólidas: “Las despreocupadas llevaron sus lámparas pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo” .[12]  La vigilancia que se propone es la de vivir siempre en tónica de esperanza, con el proceder de una vida que se toma en serio, que constantemente se hace responsable, que traduce en conductas de autenticidad los valores del Evangelio.  La sabiduría  no es un conjunto de conocimientos intelectuales, sino una persona a quien se ama, por quien estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros. En el cristianismo primitivo esta imagen de la sabiduría se aplicó a Jesús, él es la sabiduría de Dios, la expresión definitiva en la que el Padre nos comunica su proyecto de humanidad-divinidad y nos ofrece  la gracia requerida para que, con la respuesta de nuestra libertad, se genere  una vida consistente, amorosa, con densidad teologal y antropológica .[13]

Muchos creen que la vida se arregla a última hora,   llamando al sacerdote ,  al pastor, o al rabino ,  para que realice un ritual  como algo mágico que resuelve de buenas a primeras los errores de una existencia desperdiciada, “unidad de cuidado intensivo” para personas en trance de muerte. La Iglesia, en ejercicio de la misericordia que le es propia, presta el servicio sacramental, y lo hace con gusto y verdadero sentido pastoral.  Pero es bueno advertir que la autenticidad cristiana no es cuestión de último momento.  Ese no es el planteamiento de Jesús.  Cuando él dice: “Manténganse ustedes despiertos, porque no saben ni el día ni la hora”, [14]alude a todo nuestro recorrido existencial , llamado a ser progresivamente consistente. Ser sabio es cuestión de siempre, de vivir con sentido, de no erigir falsos dioses, de llevar el propio proyecto a los más altos niveles de autenticidad. [15]

Estas reflexiones son invitación para revisar con sentido crítico los modelos de humanidad que se plantean desde la cultura “light”, llenos de felicidades epidérmicas, de desprecio por la abnegación y la entrega al prójimo, de búsqueda ansiosa de experiencias llamadas “fuertes” (paraísos artificiales, consumismo, hedonismo a ultranza). También entran en esta confrontación los modelos sombríos, la religiosidad que se niega al legítimo disfrute de la condición humana, lo mismo que el sometimiento a ideologías y estilos de corte autoritario e intransigente.

Será muy saludable que nos preguntemos qué tipo de aceite alimenta nuestras lámparas, cómo trabajamos en el día a día para avivar el fuego de una vitalidad amorosa y servicial, cómo sabemos ejercer la libertad para desvincularnos de asuntos egoístas, cómo discurrimos por la vida con sabiduría y humildad apuntando a lo esencial, a lo que vale la pena de acuerdo con la invitación que Jesús nos hace a una existencia proactiva y  fundamentada en la esperanza del Dios que siempre está de nuestra parte.

 

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Bibliografía

[1] El Catecismo  del Padre Gaspar Astete formulaba como postrimerías: muerte, juicio, infierno y gloria. Tal vez el exceso que había en la predicación sobre pecado, culpa y Dios justiciero generaba este clima de pesadumbre y temor ante el carácter inevitable de la muerte.

[2] PAPA BENEDICTO XVI. Carta Encíclica Spe Salvi La Esperanza que salva. Libreria Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2007. MOLTMANN, Jürgen. Teología de la esperanza. Sígueme. Salamanca, 1999. LOHFINK, Gerhard. Al final, la nada? Sobre la resurrección y la vida eterna. Sal Terrae. Santander, 2022. KÜNG, Hans. Vida eterna? Trotta. Madrid, 2004. GESCHÉ, Adolphe. El sentido. Sígueme. Salamanca, 2004. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Olegario. Raíz de la Esperanza. Sígueme. Salamanca, 1996.

[3] 1 Tesalonicenses 4: 13-14

[4] BURRIEZA SÁNCHEZ, Javier. Los jesuitas: de las postrimerías a la muerte ejemplar. En https://www.hispaniasacra.revistas.csic.es/index.php/hispaniasacra/article/view/96/92 CUCHET, Guillaume. El fin de la salvación? La crisis de la predicación sobre las postrimerías en el catolicismo del siglo XX. En https://www.publicaciones.lasallecampus.es/index.php/SINITE/article/view/134/169 VORGRIMLER, Herbert. Qué clase de Dios para las postrimerías? Preguntas a la escatología hoy. En https://www.seleccionesdeteologia.net/assets/pdf/091_12.pdf GUTIÉRREZ JARAMILLO, Mario. La esperanza de la vida: escatología cristiana. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 1982. KÚBLER ROSS, Elizabeth. La muerte, un amanecer. Luciérnaga CAS. Madrid, 2020.

[5] GARCÍA RUEDA, Sara. Cristianismo auténtico y cristianismo adulterado: la crítica de Nietzsche. Trabajo de grado para obtener el título de Master Universitario en Ciencias de las Religiones. Universidad Complutense. Madrid, 2019.  GARRIDO, Javier.  El conflicto con Dios hoy: reflexiones pastorales. Sal Terrae. Santander, 2000. ALVES, Rubem. Religión, opio o instrumento de liberación? Sígueme. Salamanca, 1973.  TAMAYO ACOSTA, Juan José. Para comprender la crisis de Dios hoy. Verbo Divino. Estella, 2000.

[6] ALFARO, Juan. Esperanza cristiana y liberación del hombre. Herder. Barcelona, 1976. TEPEDINO, Ana María.  Espiritualidad de la esperanza: la experiencia de Dios en tiempos difíciles. En Theologica Xaveriana 154 (2005), páginas 253-266. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá. GELABERT BALLESTER, Martín. La revelación: acontecimiento fundamental, contextual y creíble. San Esteban. Salamanca, 2009. ALEIXANDRE, Dolores. Dame a conocer tu nombre: imágenes bíblicas para hablar de Dios. Sal Terrae. Santander, 2000. MORAGA Esquivel. José M. El misterio del Dios de Jesucristo, breve ensayo trinitario. En Veritas volumen XIV número 1, páginas 159-182. Pontificia Universidad Católica. Valparaíso, 2006.

[7] GIACCARDI, Clara. La parábola de las diez vírgenes: la espera y la libertad. En https://www.vidanuevadigital.com/tribuna/la-parabola-de-las-diez-virgenes-la-espera-y-la-libertad-chiara-giaccardi DONFRIED, K.P. La alegoría de las diez vírgenes como sumario de la teología de Mateo. En Selecciones de Teología, número 93, páginas 415-428. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 1974.

[8] Salmo 62: 1-2

[9] CASTILLO, José María.  Dios y nuestra felicidad. Desclée de Brower. Bilbao, 2009. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Plenitud humana: reflexiones sobre la bondad. Sal Terrae. Santander, 2022; Llegar a ser lo que somos : hermanos. Sal Terrae. Santander, 2023. LÜKE, Ulrich. El mamífero agraciado por Dios. Sígueme. Salamanca, 2018.

[10] Sabiduría 6: 12-13 y 15.

[11] Mateo 25: 4-7

[12] Mateo 25: 3

[13] GILBERT, Maurice & ALETTI, Jean Noel. La Sabiduría y Jesucristo. Verbo Divino. Estella, 1985. NAPOLE, Gabriel M. Jesucristo, plenitud de la revelación. El testimonio del Nuevo Testamento. En Teología volumen XLVI, número 99, páginas 249-266. Pontificia Universidad Católica Argentina. Buenos Aires, agosto 2009. URÍBARRI BILBAO, Gabino. El Hijo se hizo carne. Cristología fundamental. Sígueme. Salamanca, 2021. PAPA JUAN PABLO II. Carta Encíclica Redemptor Hominis Redentor del Hombre. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1979. RAHNER, Karl. Para la Teología de la Encarnación. En Escritos de Teología volumen IV , páginas 139-157. Taurus. Madrid, 1964. SCHOONENBERG, Piet. Un Dios de los hombres. Herder. Barcelona, 1972.

[14] Mateo 25: 13

[15] LEPP, Ignacio.  La existencia auténtica. Carlos Lohlé. Buenos Aires; 1973; Filosofía cristiana de la existencia. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1971. FRANKL, Viktor. La voluntad de sentido. Herder. Barcelona, 1988. ESTRADA, Juan Antonio. El sentido y el sinsentido de la vida: preguntas a la filosofía y a la religión.  Trotta. Madrid, 2010. HEIDEGGER, Martin. Carta sobre el Humanismo. Trotta. Madrid, 2000. MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Creer en el ser humano, vivir humanamente. Antropología en los Evangelios. Verbo Divino. Estella. DÍAZ, Carlos. La persona como don. Desclée de Brower. Bilbao, 2001.

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