Llegó el día de las decisiones. Cada uno de los colombianos en edad de ejercer el sagrado derecho de votar debe pensar seriamente por quién debe hacerlo. No pretendo decir a persona alguna por quién debe o no hacerlo. Es una decisión de conciencia, que cada uno analiza en el sagrado recinto de su intimidad. Lo que sí es claro es el compromiso que todos tenemos para participar y poder decir “ejercí mi derecho, cumplí mi deber y me siento en paz con mi conciencia”. Es el mensaje que deseo compartir con quienes leen esta columna.
Colombia vive un momento particularmente complejo, las decisiones que debe tomar quien resulte elegido para conducir a nuestro país son trascendentales, pues el inmediato futuro exige la voluntad de todos los colombianos para caminar en la construcción de un futuro mejor para nuestros niños y jóvenes. Debemos reconocer que nosotros los adultos de las generaciones que tenemos responsabilidades en los momentos actuales, no pudimos lograr ese país mejor con el cual todos hemos soñado.
Como creyentes, el compromiso ciudadano es parte del ejercicio de esa fe que profesamos. Repito una y otra vez, se trata de participar decidiendo cada uno por quién lo va a hacer. Creo que el mayor daño que le podemos causar a nuestra patria es la abstención, porque si no participamos no tenemos derecho a criticar, a manifestar nuestra inconformidad porque otros decidieron por nosotros.
Por otro lado, uno de los elementos básicos de la democracia participativa es el respeto por las decisiones de las mayorías, lo que conlleva también el respeto a las minorías. No podemos dejarnos llevar por la pasión, por la fiebre del momento, por los resultados y desbordarnos en nuestras manifestaciones de gozo si los resultados coinciden con nuestro deseo, o excedernos en las expresiones de rechazo si los resultados son adversos a nuestro gusto y simpatía. No podemos repetir elementos y situaciones que hemos vivido en otras épocas de dolorosa recordación en nuestra historia. La tolerancia nos garantiza y expresa la manera como hemos ido madurando en nuestro sentido de democracia y participación.
El criterio fundamental para la toma de nuestra decisión debe ser la búsqueda del bien común, pensando en lo que más nos puede ayudar para seguir avanzando como país. Que a la luz de este aspecto, analicemos los puntos de propuestas y programas de cada uno de los dos candidatos y que nos sintamos totalmente libres para decidir. Es el ejercicio de nuestra libertad el que debe estar presente este domingo cuando cada uno acuda a las urnas. Pertenece a la intimidad de cada persona y así debe ser respetado.
Si todos procedemos de esta manera, podemos estar seguros de que se tomará la mejor decisión y todos podremos sentirnos en paz con nosotros mismos, sea cual sea el resultado que conozcamos el domingo en la noche. Hay elementos que pueden distraernos como los partidos del mundial de futbol, o como el día del padre que ha sido adelantado. Acudamos temprano, no lo dejemos para más tarde, votemos y luego disfrutemos de las actividades que nos ofrece un domingo como este de la segunda vuelta de la elección presidencial. Ser ciudadano es algo que se vive de la mano con el ser creyente. Decide en conciencia y vota.