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Abril 17: “Pero Dios lo resucitó al tercer día e hizo que se apareciese, no a todo el pueblo, sino a los testigos designados de antemano por Dios: a nosotros, que comimos y bebimos con Él después de su resurrección”

Comunitas Matutina 17 de abril 2022
Domingo de Pascua ciclo C Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ Lecturas:

Hechos 10: 34-43
Salmo 117
Colosenses 3: 1-4
Juan 20: 1-9

¿Cómo llegamos a esta Pascua de 2022? ¿Adormecidos en el cristianismo de inercia sociocultural, en el que todo está establecido y resuelto, sin aventurarnos a la experiencia saludable de la crisis de fe y de las preguntas que nos llevan a dejarnos confrontar por la mayor honestidad de la historia, la de Jesús de Nazaret? Sucede que, en su tiempo, y en diversos momentos de la historia, Jesús y el cristianismo han causado auténticas convulsiones y han desacomodado la buena conciencia de las religiones sin profecía y de los modos adormecidos de vida en sociedad. La Pascua es un momento favorable para recuperar la originalidad del hecho cristiano y su extraordinaria capacidad para “contestar” proféticamente el “desorden establecido”. Jesús nos interpela, a título personal y comunitario: en este cuestionamiento se contiene una revisión profunda de nuestros mapas mentales, de nuestros estilos de vida, de nuestra jerarquía de valores, de nuestras creencias y prácticas religiosas, de nuestra misma ciudadanía,[1] de la relación matrimonial y de la familia, de la constitución de las diversas culturas, de la economía, de la política, del bien común, de las instituciones; no en lo que se llamó en un momento de la historia régimen de cristiandad sino en el plano fundamental de la autenticidad de la vida humana y de su significado trascendente.
La experiencia pascual transformó a los ambiguos y derrotados discípulos de Jesús: “¿No ardía nuestro corazón en nuestro interior cuando nos hablaba en el camino y nos iba explicando las Escrituras?”.[2] El relato que trae el Evangelio de Lucas sobre los discípulos de Emaús, entristecidos por la muerte de su maestro y acompañados por un misterioso caminante, es esclarecedor en este sentido.[3]
Durante su vida, el maestro empezó a formarlos en la comprensión y vivencia del reino de Dios y su justicia a partir de la muy original e innovadora propuesta de las bienaventuranzas, los inició en una nueva manera de concebir la relación con Dios, a quien presentó como Padre, les planteó también el cambio de paradigma en la mediación religiosa, no a partir del rigor observante de la ley y los rituales del judaísmo sino desde el ejercicio de la misericordia y de la compasión, presentó su mensaje como a contracorriente de lo establecido, pero no consiguió mucho a pesar de la profundidad de su esfuerzo. Con frecuencia estos hombres resultaron con interpelaciones a Jesús en las que manifestaban su incapacidad de comprender la radical revolución que él les ofrecía, seguían pensando en el poder, en el triunfo al estilo mundano, en el miedo a la abnegación, en su resistencia al conflicto derivado de la postura profética de la Buena Noticia.[4] Cuando vivieron la pasión y muerte de Jesús quedaron completamente confundidos y con un sentimiento de total fracaso. ¿Qué pasó? ¿Cuál es el carácter de la experiencia que vivieron, en la transformación de sus mentes y corazones, en la ruptura con sus ambigüedades, en la valentía que demostraron en adelante, en la generosidad de sus vidas dedicadas por entero a ser testigos del Resucitado? La respuesta a este interrogante está en lo que conocemos como experiencia pascual. Al contemplar a estos discípulos conviene que también hagamos una revisión a nuestro modo de ser y de proceder, con un análisis comparativo entre ellos y nosotros. Que la Pascua de Jesús no sea un “checking list” en lo que va del año, sino una interpelación exigente que suscite en nosotros la novedad de vida en él.
Este esfuerzo teológico e interpretativo nos conduce a descubrir que esa resurrección no es un hecho “histórico” en el sentido tradicional del término. Con esto no se quiere decir  que sea un acontecimiento irreal, sino que su realidad trasciende los límites de lo físico. En esta trascendencia está la clave de su gran realismo y la raíz de nuestra esperanza, la Pascua de Jesús pertenece a otro nivel de realidad, eso la hace más definitiva y plenamente dotada de Dios, para nuestro bien y salvación. [5]
La resurrección de Jesús no es un hecho registrable en la historia. Al hacer esta afirmación no estamos atentando contra la verdad fundante del cristianismo sino afirmando que esa Pascua tiene otro ámbito de realidad: el de los testigos que experimentaron una honda transformación a partir de ese acontecimiento. Los relatos evangélicos no narran el hecho de la resurrección en sí mismo.[6] Lo que se refiere son las experiencias de creyentes –los discípulos, las comunidades cristianas primitivas– que sienten a Jesús como el Viviente: “Después de decirles esto, el Señor Jesús fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios. Ellos fueron a predicar por todas partes, y el Señor los asistía y confirmaba su palabra con los milagros que la acompañaban”.[7]
Gracias a estos testigos, la semilla de la fe se ha depositado en millones de seres humanos, en las comunidades eclesiales que profesan a Jesucristo como Señor y Salvador. Así se ha dado su paso por la historia humana, dando plenitud de sentido a todos aquellos que libremente acogen esta oferta: “El ángel dijo a las mujeres: Ustedes no teman. Sé que buscan a Jesús, el Crucificado. No está aquí, ha resucitado, como había dicho. Acérquense a ver el lugar donde yacía. Después vayan corriendo a anunciar a los discípulos que ha resucitado y que irá por delante a Galilea. Este es mi mensaje”.[8]
Importa mucho recalcar este aspecto para que podamos percibir que nuestra fe en la resurrección no es la adhesión a un mito, sino a una verdad de fe experimentada en la nueva humanidad que nos comunica Jesús. La Pascua es un acontecimiento de la gracia de Dios.
El anuncio de la resurrección de Jesús estremece a quienes le condenaron a muerte, los discípulos anunciaban que ese a quien los judíos crucificaron, pretendiendo con ello sofocar definitivamente su causa, ahora es el Viviente, su proyecto sigue en pie, su predilección por los humillados y ofendidos tiene total legitimidad. Su denuncia de la hipocresía religiosa del Templo, su rechazo al fariseísmo y al fundamentalismo jurídico-ritual del judaísmo de su tiempo, su insobornable libertad para anunciar un reino de justicia y de dignidad para todos, su presentación de Dios Padre, desbordante de misericordia y de compasión, están vigentes. El poder político romano y el religioso de los sacerdotes del templo y de los miembros del sanedrín no pudieron acabar con Jesús y con su proyecto.[9]
Por esto se enardecen los ánimos de las autoridades religiosas: “Mientras hablaban al pueblo, se les presentaron los sacerdotes, el comisario del templo y los saduceos, irritados porque instruían al pueblo anunciando la resurrección de la muerte por medio de Jesús. Los detuvieron y, como ya era tarde, los metieron en prisión hasta el día siguiente. Muchos de los que oyeron el discurso abrazaron la fe, y así la comunidad llegó a unos cinco mil”.[10]
Al comienzo, todo pareció concluir con la crucifixión. Para el poder judío, la batalla estaba ganada. Los discípulos, desolados y con sentimiento de fracaso, desaparecieron de la escena; parecía que el poder del mal, encarnado en aquellos sacerdotes y en el imperio romano, tenía la razón. El crucificado era blasfemo y hereje, contrario a las tradiciones religiosas de Israel, había profanado el santo nombre de Dios pretendiendo ser su Hijo, y había acogido con notable preferencia a todos los excluidos de la religión oficial: prostitutas, pobres, condenados morales, publicanos. Conducta profundamente escandalosa que le hizo acreedor a la pena de muerte en la ignominia de la cruz.[11]
En la experiencia pascual Dios “saca la cara” por Jesús.[12] Con la resurrección, el Padre acredita la plena validez de su misión, su palabra, sus opciones y conductas, su rechazo enfático a la religión formal, su predilección por los últimos del mundo, sus señales milagrosas para configurar al ser humano abatido, su despojo de todo poder y arrogancia. Jesús tenía razón, no así quienes lo condenaron y despreciaron su causa. Jesús irritó a aquellas autoridades estando vivo, esto mismo acontece cuando sus seguidores afirman su proyecto, lo hacen real, se comprometen con sus mismos ideales, se implican solidariamente con todos los sufrientes, denuncian el pecado y la injusticia, y anuncian que ese Reino tiene plena garantía.[13]
Creer en Jesús, siguiendo a estos testigos primeros de la Pascua, es afirmar de modo contundente la validez de la causa de Jesús. El asunto del sentido de la vida encuentra aquí su pleno significado, no se trata de vivir domesticados por las costumbres sociales y religiosas, sumidos en la gris pesadumbre de lo repetitivo. Gracias a Jesús la vida es pasión de justicia y de dignidad, la fe en él no puede ser cómoda pertenencia a una institución prestadora de servicios religiosos sino vivencia activa del discipulado en la Iglesia, la comunidad de sus seguidores.[14]
Resucitados con Jesús, vivimos desde la estructura pascual de la existencia humana, trabajamos para que las relaciones entre todos promuevan justas maneras de vivir, para que el cuidado de la naturaleza, la casa común que bellamente designa el papa Francisco, sea la mesa donde todos podemos sentarnos en igualdad de condiciones, para que la vida no sea atropellada por poderes e ideologías deshumanizantes, para que la sociedad de consumo no sustituya la fraternidad, para que la ligereza de muchas mentalidades no arrase con la razón y la inteligencia, para que nadie tenga que desplazarse de su hábitat, para certificar que ninguna violencia es legítima: “Vi un cielo nuevo y una tierra nueva. El primer cielo y la primera tierra habían desaparecido, el mar ya no existe. Vi la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén, bajando del cielo, de Dios, preparada como novia que se arregla para el novio. Oí una voz potente que salía del trono: Mira la morada de Dios entre los hombres, habitará con ellos; ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos…”.[15]
 
[1] HORSLEY, R. Jesús y el imperio: el reino de Dios y el nuevo desorden mundial. Verbo Divino. Estella, 2003. THEISSEN, Gerd. El movimiento de Jesús: historia social de una revolución de los valores. Sígueme. Salamanca, 2005. CROSSAN, John Dominic. Jesús, biografía revolucionaria. Grijalbo. Barcelona, 2004. SEGUNDO, Juan Luis. La historia perdida y recuperada de Jesús de Nazaret: de los Sinópticos a Pablo. Sal Terrae. Santander, 1991. ACOSTA BONILLA, Manuel. Vivir en marginalidad: lectura socio-histórica del Evangelio de Lucas. UCA Editores. San Salvador, 2013. MEIER, John P. Un judío marginal.: nueva visión del Jesús histórico. Verbo Divino. Estella, 2000 (es una obra en 5 volúmenes).
[2] Lucas 24: 32
[3] CHENU, Bruno. Los discípulos de Emaús. Narcea Ediciones. Madrid, 2005. NORATTO GUTIÉRREZ, José Alfredo. El lenguaje de las manifestaciones del Resucitado y su sentido. En revista Cuestiones Teológicas volumen 40 número 94, julio-diciembre 2013, páginas 289-322. Universidad Pontificia Bolivariana, Facultad de Teología. Medellín. BETZ, Hans Dieter. Origen y esencia de la fe cristiana según la perícopa de Emaús (Lucas 24: 13-42). En https://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol10/37/037_dieter.pdf 
[4] GUIJARRO OPORTO, Santiago. Fidelidades en conflicto: la ruptura con la familia por causa del discipulado y de la misión en la tradición sinóptica. Universidad Pontificia de Salamanca, Facultad de Teología, 1998; Jesús y sus primeros discípulos. Verbo Divino. Estella, 2007. HENGEL, Martin. Seguimiento y carisma: la radicalidad de la llamada de Jesús. Sal Terrae. Santander, 1981. DUNN, James D. La llamada de Jesús al seguimiento. Sal Terrae. Santander, 2000.
[5] DURWELL, F.X. La resurrección de Jesús, misterio de salvación. Herder. Barcelona, 1967. Este libro es fundamental para la nueva comprensión de la resurrección de Jesús, a partir de la aplicación de los métodos histórico-críticos en la interpretación bíblica. LEON-DUFOUR, Xavier. Resurrección de Jesús y mensaje pascual. Sígueme. Salamanca, 1992. BRAMBILLA, Franco Giulio. El Crucificado Resucitado. Sígueme. Salamanca, 2003.
[6] TORRES QUEIRUGA, Andrés. Repensar la resurrección. Trotta. Madrid, 2003. MÜLLER, Ulrich B. El origen de la fe en la resurrección de Jesús. Verbo Divino, Estella, 2003. LORENZEN, Thorwald. Resurrección y discipulado: modelos interpretativos, reflexiones bíblicas y consecuencias teológicas. Sal Terrae. Santander, 1999.
[7] Marcos 16: 19-20
[8] Mateo 28: 5-7
[9] TAMAYO-ACOSTA, Juan José. Por eso lo mataron: el horizonte ético de Jesús de Nazaret. Trotta. Madrid, 1998. LEGASSE, Simon. El proceso de Jesús. Desclée de Brower. Bilbao, 1996. MOINGT, Joseph. El hombre que venía de Dios. Desclée de Brower. Bilbao, 1995.
[10] Hechos 4: 1-4
[11] SCHURMANN, Heinz. Cómo entendió y vivió Jesús su muerte? Sígueme. Salamanca, 1982. NOEMI, Juan. Vida y muerte: una reflexión teológico-fundamental. En https://www.scielo.cl/pdf/tv/v48n1/art04.pdf  BROWN, Raymond. La muerte del Mesías, desde Getsemaní al sepulcro. Verbo Divino. Estella, 2006.
[12] MERINO BEAS, Patricio. Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Colección Discipulado, volumen 1. Universidad de Santo Tomás-Facultad de Teología. Bogotá, 2015.
[13] CASTILLO, José María. El reino de Dios: por la vida y la dignidad de los seres humanos. Desclée de Brower. Bilbao, 1999. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Otro mundo es posible desde Jesús. Sal Terrae. Santander, 2010. CASTILLO, José María. El seguimiento de Jesús. Sígueme. Salamanca, 2005. NOLAN, Albert. Jesús, hoy: una espiritualidad de libertad radical. Sal Terrae. Santander, 2011. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Del movimiento de Jesús a la Iglesia cristiana: ensayo de exégesis sociológica del cristianismo primitivo. Verbo Divino. Estella, 2015.
[14] EQUIPO BÍBLICO VERBO. La comunidad del Resucitado, encuentros bíblicos desde la lectio divina con los Hechos de los Apóstoles. Verbo Divino. Estella, 2016. ALEGRE, Xavier. Una Iglesia que nace de la Pascua: seguimiento de Jesús y opción por los pobres. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1547/1/RLT-2010-080-B.pdf
[15] Apocalipsis 20: 1-3

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