Al ver Jesús a las gentes, sintió compasión de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rueguen, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies». Y llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó. A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayan a tierra de gentiles, ni entren en las ciudades de Samaria, sino vayan a las ovejas descarriadas de Israel. Vayan y proclamen que el reino de los cielos está cerca. Curen enfermos, resuciten muertos, limpien leprosos, echen demonios. Lo que han recibido gratis, denlo gratis».
Sintió compasión de las gentes: La traducción literal del verbo que describe este sentimiento sería se le conmovieron las entrañas. Se expresa así la ternura compasiva de Jesús, en quien Dios quiso encarnarse para tener un corazón humano y unas entrañas humanas que se conmovieran, para así mostrarnos su misericordia. Y es significativo que este domingo el Evangelio se refiera así al amor compasivo y misericordioso de Cristo, de cuyo Sagrado Corazón acabamos de celebrar la fiesta el viernes pasado.
Porque estaban como ovejas sin pastor: La primera lectura (Éxodo 19, 2-6a) muestra a Moisés y los israelitas frente al monte Sinaí. Él, a quien Dios había escogido para conducirlos hacia a la tierra prometida, antes de morir iba a orar así: “Señor, nombra a un jefe que se ponga al frente de tu pueblo y lo guíe, para que no ande como rebaño sin pastor” (Números 27,16-17). Aquel pueblo de origen pastoril reconocía a Dios como su pastor, como lo expresa el Salmo 100 (99), que hoy se recita como responsorial: “somossu pueblo y ovejas de su rebaño”; pero necesitaba pastores humanos que lo guiaran.
En el Evangelio Jesús escoge a doce apóstoles, -o enviados-, evocando a las doce tribus de Israel procedentes de los doce hijos de Jacob, y simbolizando así al nuevo pueblo de Dios, que sería su Iglesia. Jesús invita a aquellos primeros doce, y hoy también nos invita a nosotros, a anunciar la cercanía del reino de los cielos -o reino de Dios-, distinto de los reinos o poderes de este mundo. Jesús les dice a sus apóstoles que primero vayan a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Después de su resurrección, la misión se ampliaría a todas las naciones (Mateo 28, 19-20).
Ahora bien, la imagen del pastor puede aplicarse, como lo hicieron los profetas bíblicos, a los líderes que necesita un pueblo para ser conducido por caminos de justicia. Y aplicándola hoy a nuestra situación nacional, cuando estamos a una semana de la elección de un nuevo presidente de Colombia, sea esta la ocasión de pedirle al Señor que nos ilumine para que al votar contribuyamos a elegir a quien dé mayores garantías de un gobierno alineado con la voluntad de Dios, cuyo Reino es precisamente un reino de verdad y de vida, de justicia, de amor y de paz, totalmente distinto del de la mentira, la muerte, la corrupción, el odio y la violencia.
El reino o reinado de Dios significa el poder del Amor -porque Dios es Amor-, y debe ser entendido en presente, no únicamente como el paraíso futuro. Éste será la culminación en plenitud de la acción de Dios Amor en nuestras vidas, pero Él ya está entre nosotros, en la persona de Jesús y obrando por medio del Espíritu Santo.
Este Dios cercano (“Emmanuel” o Dios-con-nosotros -Mateo 1, 23-) se nos mostró como Amor en la persona de Jesús al morir crucificado, incluso siendo nosotros todavía pecadores, como dice san Pablo en la segunda lectura. Pablo no fue del grupo inicial de los doce, pero también fue llamado apóstol como lo fueron también otros después de la resurrección de Cristo. Y si bien el carácter de sucesores de los apóstoles les corresponde al papa y los obispos, a todos los bautizados nos llama el Señor, a cada uno y cada una por su nombre, así como el Evangelio menciona los nombres de los primeros discípulos de Jesús, a colaborar de distintas formas en la misión evangelizadora de su Iglesia, o sea anunciadora de la buena noticia, que es lo que significa originariamente la palabra evangelio, cuyo mensaje central consiste en la cercanía de un Dios que es Amor misericordioso, y que como tal les comunica a sus discípulos su poder liberador del mal y sanador
La orden de dar gratis lo que gratis se ha recibido significa que el ánimo de lucro no puede ser el incentivo de la acción evangelizadora. Pues si bien más adelante el propio Jesús dirá que el trabajador merece su sustento (Mt 10, 10), el anuncio del reino de Dios no debe hacerse con fines de enriquecimiento, sino como un servicio generoso. ¡Qué importante es este mensaje cuando, con no poca frecuencia, tanta gente es engañada por supuestos pastores que, en lugar de servidores, son unos mercachifles que sólo buscan su propio interés!
Jesús hablaba de Dios Padre como el dueño de la mies, -o de la cosecha, como dicen otras versiones-, y de sí mismo, el Hijo de Dios, como el sembrador que esparce la semilla de su mensaje de salvación, siendo la cosecha el fruto que hace posible el Espíritu Santo y que debe ser recogido para que no se pierda. Tal es la labor para la cual exhorta Jesús a pedirle a Dios Padre que envíe trabajadores.
Por lo tanto, oremos constantemente por las vocaciones al apostolado del sacerdocio ministerial, al de la vida religiosa consagrada de hombres y mujeres y al laical, para que el Señor suscite en muchas personas el deseo sincero de servir a la humanidad anunciando y proclamando con su testimonio de vida la cercanía del reino de Dios, que es el poder del Amor.