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“Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo sanar a unos pocos enfermos a quienes impuso las manos”

Comunitas Matutina

Dominho XIV del Tiempo Ordinario. Ciclo B

Lecturas:

  1. Ezequiel 2: 2-5
  2. Salmo 122
  3. 2 Corintios 12: 7-10
  4. Marcos 6: 1-6

 

En el desarrollo de la fe judeocristiana y también de muchos ámbitos de la humanidad es fundamental la misión de los profetas, estos son personas inspiradas, varones o mujeres, que reciben una palabra-encargo de Dios para transmitirla al pueblo y a sus líderes respecto a cuestiones que tienen que ver con la fidelidad a Dios, con las responsabilidades adquiridas, con la honestidad y la vida recta, con la justicia debida a los más vulnerables y afectados por la sociedad, anunciando el orden de vida, libertad, amor y dignidad procedentes de Dios y denunciando con vigor todo lo que es incompatible con esa realidad fundante y fundamental. Los profetas son personas profundamente libres, don que les viene de Dios mismo y de la acogida que ellos hacen de esa oferta, no hacen parte oficial del “sistema” religioso o social, su servicio suele tornarse incómodo cuando ”ponen el dedo en la llaga” confrontando corruptelas, vacíos morales, conductas deshonestas, hasta el punto de costarles la vida a muchos de ellos-as, la persecución, la marginación, el desprecio, la incomprensión. [1]

Así sucedió a Jesús, es imposible no cotejar lo que acontece a estos personajes con lo sucedido a él. Surgido de la vida simple, austera, de su hogar humilde con José y María, sabedor de pobrezas e injusticias en su pueblo, en él se realiza la novedad de un Dios que no se resigna al desorden establecido, lo prepara en los años ocultos de Nazareth, discreta y silenciosamente, su biografía no tiene nada de extraordinario, en esa pequeñez se va fraguando la profecía decisiva para anunciar a la humanidad que Dios no es el origen del conformismo ni de los males que hacen sufrir a tantos seres humanos, ni es señor de la muerte y del sin sentido.[2] La profecía bíblica genuina es anunciadora de la novedad salvadora de Dios, plena garantía para asegurar el sentido definitivo de la existencia humana, dando esperanza para ese futuro hacia el que nos dirigimos al pasar el límite de la muerte, pero también anticipándose en signos efectivos de justicia y de dignidad mientras transitamos por la historia.

El profeta experimenta el llamado y, desde un comienzo, sabe que su misión le acarreará incomprensiones y conflictos: “Penetró en mí el Espíritu mientras me estaba hablando y me levantó poniéndome de pie, y oí al que me hablaba. Me decía: hijo de hombre, yo te envío a Israel, pueblo rebelde: se rebelaron contra mí ellos y sus padres, se sublevaron contra mí hasta el día de hoy” .[3] La gente llamada “normal” generalmente rechaza a todo lo que se sale del molde, se indignan cuando surgen los profetas que invitan a la sociedad a tomar posición crítica ante las incoherencias e injusticias de lo establecido. Así sucedió con los profetas bíblicos, así con Jesús, así con muchos líderes de la humanidad; cuando se proponen transformaciones radicales los que están cómodos se alteran y emprenden su cruzada disolvente para silenciar la palabra de la vida.[4]

En ejercicio de su misión profética, en estos días finales de junio de 2024, el Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM llama a no naturalizar la situación del tráfico ilícito de drogas y su consumo, diciendo: “El narcotráfico ha demostrado en muchos países de la región su capacidad de infiltrar y corromper los poderes del estado, las policías, las fuerzas armadas, los medios de comunicación, las empresas; en definitiva, todas las instituciones de la democracia. Ha sabido encontrar complicidades en los sistemas financieros, eludiendo controles y fiscalizaciones, e incluso hallando escondites como las finanzas descentralizadas de las criptomonedas”. [5] A su vez, los obispos de Colombia, en reciente declaración se manifiestan en la misma dirección: “El Papa Francisco nos convoca a rehabilitar la política, es decir, a orientarla hacia un proyecto común de nación presente y futura, esto requiere asumirla como ejercicio supremo de la caridad y de la verdad, capaz de generar procesos sociales de fraternidad y de justicia para todos”. [6] Palabras como estas que, con seguridad están avaladas por las vidas de quienes las dicen y escriben, son una severa confrontación a la totalidad de nuestras sociedades, también a los gobiernos. Si se toman en serio producen escozor, ¡mucho escozor!

El verdadero profeta sabe que su ministerio es provocador de amor y esperanza para los que tienen hambre y sed de justicia, de exacerbada inconformidad para los que no soportan el carácter insobornable de la verdad. Jesús nunca se presentó como un funcionario del sistema religioso oficial del judaísmo de su tiempo, es el profeta por excelencia, movido por el Espíritu de Dios. El Evangelio de Marcos – del que se toma el texto de este domingo – es enfático en señalar el aspecto doloroso y conflictivo del ministerio de Jesús, no hay en el relato nada que llame a triunfalismo o espectacularidad, este evangelista se esfuerza en señalar el “secreto mesiánico”, condición por la cual Jesús no persigue un liderazgo mundano o de notoriedad religiosa: “Un sábado se puso a enseñar en la sinagoga. Muchos al escucharlo comentaban asombrados: ¿De dónde saca este todo eso? ¿Qué clase de sabiduría se le ha dado? Y, ¿qué hay de los grandes milagros que realiza con sus manos? ¿No es este el carpintero, el hijo de María, el hermano de Santiago y José, Judas y Simón? ¿No viven aquí, entre nosotros, sus hermanas? Y esto era para ellos un obstáculo” . [7]

En Nazareth no le creyeron, no lo aceptaron, no pudo ser profeta en su tierra. Sus paisanos le conocen desde niño, creen que saben todo sobre él, sobre su familia, no se dejan sorprender por sus palabras, por su testimonio, están cerrados al misterio que hay en él, se resisten a descubrir en él la cercanía salvadora de Dios. Están muy seguros con su sinagoga, con su culto y con sus tradiciones, si lo aceptan se les complica la vida y se exponen a ser juzgados como herejes. Eso mismo acontece hoy cuando se levantan voces y vidas para denunciar el desorden estructural de la economía, de la política, de las sociedades, de nosotros mismos, los cristianos, de nuestra Iglesia, sacudida por los escándalos clericales de pedofilia; también debemos recibir la profecía de un mundo que nos reclama sinceridad y transparencia. Allí, el mismo Jesús nos confronta con el mayor rigor y severidad. ¿Lo aceptaremos? ¿Lo rechazaremos?

Los profetas a los que nos referimos eran y son personas comunes y corrientes, surgidos de las mismas condiciones de sus comunidades, nada de especial en ellos, su pasión por la dignidad de sus paisanos es la marca diferencial. Por eso los persiguen, los acosan, los matan, porque los violentos van en contra de quienes surgen del común con pretensiones inadmisibles de justicia y de humanidad.[8] Ellos están poseídos por la justicia de Dios.

Jesús fracasa en Nazareth: “Jesús les decía; a un profeta solo lo desprecian en su tierra, entre sus parientes y en su casa. Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo sanar a unos pocos enfermos a quienes impuso las manos. Y se asombraba de su incredulidad” ,[9] el dicho hace carrera en todos los rincones del mundo: nadie es profeta en su tierra. Pero él no se desanima, a pesar de la contradicción permanece firme en su misión: “Después recorría los pueblos vecinos enseñando” .[10] ¿Le creemos a Jesús? ¿Les creemos a nuestros profetas? ¿Les creemos a nuestros genios éticos? ¿Le creemos a la paz, a la justicia, a la reconciliación? ¿Tomamos en serio a Dios? ¿O son para nosotros, locuras, idealismos imposibles de realización, asuntos propios de mentes insensatas? Jesús provoca rupturas y conflicto al encontrarse con él, la vida en adelante no podrá ser ni pasiva ni resignada, seguir su camino no puede convertirse en una práctica religiosa individualista y desentendida de la realidad.

El evangelio de Marcos, surgido en una comunidad primitiva perseguida y agobiada, nos presenta reiteradamente el fracaso de Jesús y el escándalo de su cruz, que desafía a los sabios y a los sensatos.[11] El Jesús de Marcos habla de mesianismo crucificado, esto resulta inaceptable para sus discípulos y sus coterráneos, y para los bien conocidos hombres religiosos de su tiempo. Lo que les habla Jesús no es coherente con lo que ellos conocen de él, bien expresado con las preguntas que se hacen al oírlo en la sinagoga, son incapaces de captar el “más allá” de Jesús, no pueden entender que en ese carpintero, el hijo de María, un hombre discreto y de origen humilde, acontece Dios de modo definitivo para dar vida y esperanza a todos los seres humanos.[12]

Probablemente estos vecinos de Jesús, cansados de malas noticias y de decisiones políticas y religiosas que no los favorecían, sienten que es imposible que haya una buena noticia liberadora, se han habituado a la fatalidad del mal en sus vidas, no tienen cabeza para entender que Dios se aproxima en Jesús con ropaje común, como uno más: “quien a pesar de su condición divina, no hizo alarde de ser igual a Dios, sino que se vació de sí y tomó la condición de esclavo, haciéndose semejante a los hombres” .[13] Y lo más desconcertante: en ese Jesús anonadado, desposeído de gloria y vanidad, acontece la plenitud salvadora de Dios para la humanidad.

El testimonio de Pablo es elocuente para comprender esta sorpresa de la contradicción de Dios: “Y me contestó: te basta mi gracia, la fuerza se realiza en la debilidad. Así que muy a gusto me gloriaré de mis debilidades , para que se aloje en mí el poder de Cristo. Por eso estoy contento con las debilidades, insolencias, necesidades, persecuciones y angustias por Cristo. Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”.[14]

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Bibliografía:

[1] CENTRO BÍBLICO VERBO DIVINO. Los profetas, hombres de Dios y del pueblo. Verbo Divino. Quito, 2014, EIZAGUIRRE, José. Actitudes proféticas hoy. Pasión por el Creador, las creaturas y la creación. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 25 de noviembre de 2014. CARRILLO ALDAY, Salvador. La espiritualidad de los profetas de Israel. Verbo Divino. Estella, 2006. RAMIS DARDER, Francesc. ¿Qué se sabe de los profetas?. Verbo Divino. Estella, 2017. ELORZA, José Luis. Me llamo….Profetas de la Biblia, vidas que hablan. Verbo Divino. Estella, 2023. TORINO, Daniel Adolfo & VERDINI, Leandro Ariel. Los doce profetas. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/11231/1/doce-profetas-torino-verdini.pdf SIVATTE, Rafael de. Persecución y muerte violenta de los profetas de Israel. En Revista Latinoamericana de Teología número 48; páginas 257-276. Universidad Centroamericana José Simeón Cañas UCA. San Salvador, 1999. SICRE, José Luis. El profetismo en Israel. Verbo Divino. Estella, 1992.

[2] PAGOLA, José Antonio. Jesús, aproximación histórica. PPC. Madrid, 2009. De este texto sobre Jesús, ampliamente divulgado, recomendamos la lectura y estudio del capítulo IV Profeta del Reino de Dios, páginas 83-113. GNILKA, Joachim. Jesús de Nazaret, mensaje e historia. Herder. Barcelona, 1993. GIL ARBIOL, Carlos. Jesús profeta: su modo de hacer historia. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 11 de noviembre de 2014. LEMONON, Jean Pierre. Jesús de Nazaret: profeta y sabio. Verbo Divino. Estella, 2004. ESCUDERO FREIRE, Carlos. Jesús, profeta, libertador del hombre. En Estudios Eclesiásticos número 51; páginas 463-496. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 1976. SCHLOSSER, Jacques. Jesús, el profeta de Galilea. Sígueme. Salamanca, 2005. COMISION TEOLOGICA INTERNACIONAL. La conciencia que tenía Jesús de sí mismo y de su misión. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 1985.

[3] Ezequiel 2: 2-3.

[4] SICRE, José Luis. Los dioses olvidados: poder y riqueza en los profetas preexílicos. Cristiandad. Madrid, 1979. SANZ GIMENEZ-RICO, Enrique. Los profetas y la justicia. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 4 de noviembre de 2014. ASURMENDI, Jesús. Amós y Oseas. Verbo Divino. Estella, 1989. CARBULLANCA NUÑEZ, César. Los mártires olvidados: un estudio de los imaginarios del martirio en la fuente de los dichos. En Veritas número 31; páginas 135-160. Pontificio Seminario Mayor San Rafael. Valparaíso, septiembre 2014. PRONZATO, Alessandro. Evangelios molestos. Sígueme. Salamanca, 1969.

[5] En https://www.adn.celam.org/iglesia-latinoamericana-y-caribena-llama-a-no-naturalizar-la-situacion.del-trafico-ilicito-de-drogas y-su-consumo/

[6] CONFERENCIA EPISCOPAL DE COLOMBIA. Mensaje de los obispos católicos al pueblo colombiano en el contexto de la consagración del país al Sagrado Corazón de Jesús. Bogotá, 7 de junio de 2024.

[7] Marcos 6: 2-3

[8] CASAS ANDRÉS, Roberto. Dios pasó por El Salvador: la relevancia teológica de las tradiciones narrativas de los mártires salvadoreños. Desclée de Brower. Bilbao, 2009. HERNÁNDEZ PICO, Juan. El martirio hoy en América Latina: escándalo, locura y fuerza de Dios. En Concilium número 183 páginas 366-375. Verbo Divino. Estella, 1983. MOLTMANN, Jürgen. El Dios crucificado. Sígueme. Salamanca, 2002.

[9] Marcos 6: 3-5

[10] Marcos 6:6

[11] HENAO MESA, Jairo Alberto. Discipulado y cruz en el evangelio de Marcos. En Cuestiones Teológicas volumen 32, número 78; páginas 317-329. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2005. DE MIER, F. Teología de la cruz. Tríptico de las riquezas de la pasión. San Pablo. Madrid, 1996. ALEGRE, Xavier. Un silencio elocuente o la paradoja del final de Marcos: “Y no dijeron nada a nadie porque tenían miedo” (Marcos 16:8b). En Revista Latinoamericana de Teología número 58; páginas 3-24. Universidad Centroamericana José Simeón Cañas UCA. San Salvador, 2003.

[12] CARBULLANCA NÚÑEZ, César & DE SOUZA NOGUEIRA, Paulo Augusto. Cristología del Evangelio de Marcos. En Theologica Xaveriana volumen 67 número 184 páginas 333-359. Pontificia Universidad Javeriana . Bogotá, 2017. CASTRO SÁNCHEZ, Secundino. El sorprendente Jesús de Marcos: el Evangelio de Marcos por dentro. Desclée de Brower. Bilbao, 2010. MATEOS, Juan & CAMACHO, Fernando. El evangelio de Marcos: análisis lingüístico y comentario exegético. El Almendro. Córdoba, 2001. AVENDAÑO, José Luis. El camino de la cruz en el evangelio de Marcos. En https://www.avendano.caminosdecristo.net/pdf/avendano.pdf

[13] Filipenses 2: 6-7

[14] 2 Corintios 12: 9-10

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