“Yo soy la puerta” – “Yo soy el buen pastor”

El mensaje del domingo

IV Domingo De Pascua Ciclo A – Abril 26 de 2026

Del Evangelio según san Juan (10, 1-10): En aquel tiempo, dijo Jesús «Les aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños». Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús: «Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí eran ladrones y bandidos, y las ovejas no los escucharon. Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos. El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia».

Según el calendario litúrgico, el IV Domingo de Pascua es la “Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones”. ¿Qué “vocaciones”? Se suele pensar sólo en las correspondientes al Sacramento del Orden, pero la misión de la Iglesia no se debe reducir al clero,  pues toda persona bautizada está llamada a participar en la misión pastoral de la Iglesia, que comprende distintas formas de servicio a la comunidad, incluidas la de la vida religiosa consagrada, la de los ministerios laicales, la labor educativa  empezando por la de la familia -que es iglesia doméstica- y otras modalidades de acompañamiento a las personas en la orientación de sus vidas.

 

1.  Las imágenes del pastor y de la puerta

El libro del Génesis describe los orígenes de Israel unos 18 siglos a.C. a partir de los patriarcas Abraham, su hijo Isaac y su nieto Jacob, que tenían y pastoreaban rebaños de ovejas y cabras (Gn 13,19; 26,12; 30,25-43). Luego, en el siglo XII a.C. (Éxodo 3,1-10), Moisés está cuidando el rebaño de su suegro cuando Dios lo llama a ser su instrumento para liberar al pueblo de la esclavitud en Egipto y conducirlo a la tierra prometida. Dos siglos más tarde -en el X a.C.-, Dios escoge a David, quien cuidaba el rebaño de su padre Jesé, para ser ungido rey de Israel (1 Samuel 16,10-13).

A David se le atribuye, entre otros, el Salmo 23 (22) que se recita este domingo como responsorial: El Señor es mi pastor, nada me falta. Y unos seis siglos a.C., a través del profeta Ezequiel (capítulo 34), Dios reprueba a los jefes políticos y religiosos de Israel por ser malos pastores que se aprovechan de la gente a la que gobiernan para sus propios intereses, y anuncia la promesa de un Mesías (Cristo = Ungido) descendiente de David, que será su “único” pastor.

En el Nuevo Testamento, los Evangelios según Mateo (18,12-14) y san (15,3-7) evocan la parábola de Jesús sobre el pastor que busca la oveja descarriada, la encuentra y la carga sobre sus hombros, mostrando así la misericordia de Dios. Mateo, por su parte (25,31-32), evoca la parábola del juicio final en la cual se refiere Jesús a un rey que separará unos de otros, como el pastor separa las ovejas de las cabras. Y en el Evangelio según san Juan (en todo su capítulo 10) Jesús se presenta como el Buen Pastor, contraponiendo su acción a la de los fariseos -a quienes se dirige-, falsos y por lo mismo malos pastores que con su soberbia y corrupción maltratan a la gente comportándose como ladrones y bandidos. Y esto no sólo es aplicable a los jefes religiosos de aquel tiempo, sino a todos los que también hoy ejercen indebidamente su autoridad, buscando satisfacer sus intereses egoístas en lugar del bien de la comunidad.

La imagen del pastor va unida a otro símbolo que Jesús emplea para explicar su misión: “Yo soy la puerta”. Además de ser la expresión “Yo soy” una referencia al nombre con el que se le había revelado Dios a Moisés doce siglos antes (Yahvé = Yo soy), podemos aplicar la imagen de la puerta a la labor pastoral que está llamada a continuar su Iglesia: una labor que para ser auténtica y efectiva debe realizarse a través de Él, que hace posible el paso de la esclavitud del pecado a la libertad de la gracia.

 

2.  “Camina delante de las ovejas y ellas lo siguen” 

Es característico de los pastores ir delante del rebaño, al contrario de los arrieros que empujan desde atrás. Por eso Jesús se aplica a sí mismo la imagen del pastor que camina delante de las ovejas mostrándoles el camino, de modo que ellas lo siguen libremente. Pero la imagen del pastor es mal entendida cuando se pretende hacer de la Iglesia una organización autoritaria en la que unos jefes gobiernan desde arriba a borregos pasivos. Por el contrario, debe ser una comunidad cuyos miembros, hombres y mujeres, sean reconocidos como sujetos activos, libres y responsables, y en la que quienes ejercen de distintas formas la acción pastoral sean servidores a imagen y semejanza del propio Jesús, en lugar de servirse de los demás.

El difunto Papa Francisco,  refiriéndose a los ministros ordenados, decía que debían ser “pastores con olor a oveja”, resaltando el compromiso de su acompañamiento como servicio a la comunidad. Pues bien, esta metáfora también puede y debe aplicarse a todas las personas que ejercen oficios de colaboración pastoral en la Iglesia.

 

3.  “Yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”

La misión de Jesús como Buen Pastor es hacer partícipes de la vida eterna a quienes lo siguen. En la segunda lectura (1ª Pedro 2, 20b-25), el apóstol Pedro les dice a quienes se han convertido a la fe en Cristo: Ustedes andaban como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al pastor y guardián de sus vidas. El propio Pedro, quien en su discurso después de Pentecostés anuncia a Jesús resucitado como Señor y Mesías, (2ª Lectura: Hechos de los Apóstoles 2, 14a.36-41), había recibido de Él la misión de representarlo como supremo pastor visible de su Iglesia: apacienta mis ovejas (Juan 21, 15-17).

Oremos pues por todas las vocaciones a colaborar en la misión pastoral de la Iglesia, y entre ellas por las orientadas al servicio de la comunidad en el Sacramento del Orden. E invoquemos la intercesión de María, la Madre de Jesús –“Divina Pastora”-, para que todos los bautizados y confirmados atendamos al llamamiento que nos corresponde respectivamente para colaborar en la acción pastoral de la Iglesia.

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