Inclusión y exclusión

Pensando en Voz Alta

Por: Enrique A. Gutiérrez T., SJ

Con frecuencia nos encontramos en situaciones en las cuales nos sentimos incluidos o excluidos por diversas razones. Nos sentimos incómodos en una u otra situación. La sociedad tiende a incluir o excluir sin razones de fondo, obrando por prejuicios, conveniencias, oportunidades, ventajas, favores o compromisos. Si miramos la realidad en la cual estamos inmersos, las inclusiones y exclusiones las usamos con gran facilidad, Según el lugar donde vivimos, las amistades que tenemos, la posición social de nuestra familia, el colegio o universidad donde estudiamos, la empresa en la cual trabajamos, el club que frecuentamos, el deporte que practicamos, nuestro credo religioso, las opciones políticas y tantas otras cosas que pueden colocarnos en orillas diferentes con respecto a otras personas.

La exclusión no es otra cosa que una manera de discriminar y marginar, de aislar y separar. Tener la experiencia de ser excluido es algo doloroso, porque significa cerrarle oportunidades, sentirse como extraño aun en medio de sus semejantes y conocidos. Los valores que se esgrimen cuando de excluir a otros se trata no son otra cosa que hacer vida la clasificación y encasillamiento de las personas, lo que nos impide ser objetivos en el momento de expresar nuestros juicios, conceptos y opiniones. Y lo hacemos con gran facilidad y mucha frecuencia.

El proceso de inclusión es el camino para construir nuevas realidades en el ámbito familiar, vecinal, social, ciudadano, nacional e internacional. Qué diferentes son las relaciones interpersonales cuando tratamos de ser inclusivos en nuestros criterios y manera de proceder. Esto se hace realidad cuando usamos lo que modernamente se llama lenguaje inclusivo. Cuando se busca rechazar toda exclusión o discriminación por razones de género, cuando se busca hacer realidad la equidad de género, estamos caminando en la línea de hacer realidad y vida el proceso de inclusión. Este mensaje es el que nos traen las lecturas de este domingo, cuando nos hacen caer en la cuenta de que el mensaje de salvación es para todos los pueblos y naciones, que solo se necesita un corazón bien dispuesto y unas actitudes de vida que demuestren lo que se considera es el sentido de la vida.

Dice el Evangelio “vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del reino de Dios”. La primera lectura, tomada del profeta Isaías nos dice “yo vendré para reunir a las naciones de toda lengua… así también mis mensajeros traerán, de todos los países, como ofrenda al Señor, a los hermanos de ustedes”. Ante estas expresiones no podemos seguir pensando en conceptos de exclusión, de discriminación. Estamos llamados a trabajar por entornos de inclusión, por ambientes adecuados para que toda persona se sienta acogida, reconocida, valorada y aceptada. Solo así, será posible empezar a hacer realidad un orden nuevo, basado en los valores del evangelio de fraternidad, amor, verdad, justicia y respeto a la persona, como sujeto fundamental de derechos, entre ellos, el derecho a la vida, como base de todo derecho. Seamos inclusivos, es la invitación de hoy.

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