Del 28 al 30 de julio, distintas voces y experiencias se encontraron para reflexionar sobre la espiritualidad y su papel frente a los desafíos del mundo actual. El primer Congreso de Estudio de la Espiritualidad Cristiana Vivida reunió a jesuitas, religiosos, religiosas y laicos en torno a una pregunta común: ¿cómo comprender y vivir hoy la experiencia espiritual?
La iniciativa surgió en 2024, a partir de una inquietud del padre Moisés Peña por generar un espacio para reconocer, pensar y profundizar en las experiencias espirituales. Posteriormente, Edith González, decana de la Facultad de Teología, asumió el reto de darle continuidad al proyecto y, junto con un equipo de profesores y colaboradores, hizo posible la realización del encuentro.
Uno de los principales frutos del Congreso fue reconocer la diversidad de espiritualidades que existen y la riqueza que surge cuando estas entran en diálogo. Durante las jornadas se abordaron experiencias vinculadas con la espiritualidad ignaciana, las espiritualidades indígenas y afro, la espiritualidad de las mujeres, la relación con la creación y las experiencias surgidas de los compromisos sociales y políticos en América Latina.
Para Jorge Costadoat, jesuita chileno e investigador de la Universidad Alberto Hurtado, esta pluralidad fue uno de los aspectos más significativos del encuentro. Su participación, con la ponencia Mística de la Co-pertenencia, le permitió constatar que las experiencias espirituales pueden ser muy diferentes según las culturas y contextos. “No hay espiritualidades mejores que otras”, afirmó, destacando que una experiencia espiritual es auténtica cuando responde a las personas, sus culturas y sus necesidades, y contribuye a hacerlas más humanas.
El Congreso dejó también una invitación a escuchar y aprender de otras experiencias de fe. El encuentro entre jesuitas, miembros de otras congregaciones y laicos permitió ampliar las perspectivas y reconocer elementos de otras tradiciones que pueden enriquecer la propia experiencia. En este diálogo aparece, además, el desafío de fortalecer el desarrollo de espiritualidades laicales que respondan a las realidades concretas de quienes viven su fe desde la familia, el trabajo y la vida cotidiana.
Otro de los ejes fue la relación entre espiritualidad y cuidado de la creación. Las reflexiones invitaron a reconocer la presencia de Dios en el mundo y a comprender que el cuidado de la casa común hace parte de la experiencia espiritual. Esta mirada cobra especial relevancia ante la actual crisis ecológica.
Tras este primer encuentro, se proyectó una segunda edición para 2028 en la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro. Además, las memorias y algunas de las principales ponencias serán compartidas posteriormente a través de diferentes canales académicos y digitales.
Para la espiritualidad ignaciana, este encuentro representa también una oportunidad para entrar en diálogo con otras experiencias, escuchar nuevas voces y dejarse interpelar por ellas. El reto es seguir construyendo una espiritualidad abierta, capaz de aprender de otros caminos y de acompañar a las personas y comunidades en los desafíos de nuestro tiempo.