En la solemnidad de san Ignacio de Loyola, la Provincia Colombiana de la Compañía de Jesús celebró con alegría la ordenación presbiteral de los jesuitas Julián Andrés Bustos Jaimes, SJ, y Romel Yamid Pastrana Betancourt, SJ, quienes recibieron el sacramento del Orden mediante la imposición de manos y la oración consecratoria de monseñor José Figueroa Gómez, obispo emérito de Granada (Meta).
Después de más de once años de formación, discernimiento y misión, Julián y Rommel fueron ordenados presbíteros para servir a Cristo, a la Iglesia y a la misión de la Compañía de Jesús. Julián, nacido en Pamplona (Norte de Santander), ingresó a la Compañía en 2014; Romel, oriundo de Paz de Ariporo (Casanare), lo hizo en 2015. Sus historias, aunque comenzaron en lugares distintos, terminaron encontrándose en un mismo horizonte de servicio.
Durante la homilía, monseñor José Figueroa invitó a contemplar el profundo significado de este sacramento como una transformación interior realizada por el Espíritu Santo. Recordó que la vocación de ambos jesuitas ha sido fruto de un largo camino de discernimiento, acompañado por sus familias, la Compañía de Jesús y la Iglesia, y los animó a vivir el sacerdocio como un servicio generoso, configurado con Cristo y orientado siempre a la mayor gloria de Dios.
Uno de los momentos más significativos de la celebración fue el mensaje de agradecimiento pronunciado por los nuevos sacerdotes. Allí hicieron memoria agradecida del camino recorrido y reconocieron que su vocación ha sido sostenida por Dios a través de muchas personas y comunidades.
«Durante las letanías pasaron por nuestro corazón muchos nombres y rostros. Al levantarnos comprendimos que no habíamos llegado hasta aquí solos. Dios nos ha sostenido por medio de nuestras familias, de la Compañía de Jesús y de toda la Iglesia», expresó Romel.
Finalmente, agradecieron a monseñor José Figueroa, al padre Germán Rodríguez Osorio, SJ, Provincial de Colombia, a las provincias jesuitas de México y Brasil, a sus familias, a las comunidades que los acogieron durante la formación y a todos quienes hicieron posible la celebración. Con una oración encomendaron su ministerio al Señor, pidiendo la gracia de ser sacerdotes cercanos, disponibles y comprometidos con la paz, la justicia, la reconciliación y la esperanza.
Que san Ignacio de Loyola siga inspirando su entrega apostólica y que el Señor fortalezca sus ministerios para servir allí donde la misión los envíe.