«En tiempos antiguos Dios habló a nuestros antepasados muchas veces y de muchas maneras por medio de los profetas»
Hebreos 1, 1
Cuando san Ignacio de Loyola quiso definir el amor, no se le ocurrió sino comenzar advirtiendo que el amor se debe poner más en obras que en palabras (Cf. EE 230), y diciendo que “el amor consiste en comunicación de las dos partes, es a saber, en dar y comunicar el amante al amado lo que tiene o de lo que tiene o puede, y así, por el contrario, el amado al amante; de manera que si el uno tiene ciencia, dar al que no la tiene, si honores, si riquezas, y así el otro al otro” (EE 231).
Desde luego, Ignacio recoge así la honda experiencia de Dios que vivió en el camino que Dios le fue ofreciendo a partir de la herida de Pamplona. Esta concepción de la comunicación no tiene otro origen que Dios mismo y la manera como él se comunica con cada ser humano, con cada creatura, con cada uno de nosotros: creándonos, salvándonos, amándonos hasta entregarnos su propia vida en su Hijo y enviándonos su Espíritu para conducirnos hacia Él. Con obras y de verdad. Dios es comunicación. Dios existe comunicándose. Dios no puede vivir para sí, sino que vive para darse y nos invita a cada uno de nosotros también a entregar nuestras vidas por amor.
En este sentido, la Compañía de Jesús, desde su origen, tiene clara la importancia de las comunicaciones, tanto para la edificación del cuerpo apostólico, como para llevar adelante la misión. Esto explica que Ignacio hubiera escrito algo más de siete mil cartas en las que ofreció orientaciones, directrices, instrucciones, consejos. Y no solo para los jesuitas, sino para una inmensidad de personas que él involucró en la construcción del cuerpo apostólico y de la misión.
En un artículo escrito por Rebecca Ruiz y publicado en la página de Ignatian Spirituality (https://www.ignatianspirituality.com), se proponen siete principios o recomendaciones de san Ignacio de Loyola para una buena comunicación. Me permito proponerlos a jesuitas y miembros del Cuerpo Apostólico de la Provincia para que sigamos trabajando en una mejor comunicación entre nosotros, con Dios y con aquellos que se benefician de nuestra acción pastoral:
1. Siempre trata de salvar la proposición del prójimo. Este principio que viene también de los Ejercicios Espirituales es fundamental en cualquier comunicación. Dar al otro el beneficio de la duda cuando no entendemos la posición del otro, nos hace ir despacio, esperar antes de juzgar o condenar, preguntar para entender lo que el otro quiere o quiso decir, dar tiempo, dar un compás de espera antes de tomar una posición de confrontación o rechazo.
2. Crea ambientes que propicien más el amor que el miedo. San Ignacio aconsejó a
sus hermanos a gobernar usando “todo amor y modestia y caridad en el Señor nuestro posible; de manera que los sujetos se puedan disponer a tener siempre mayor amor que temor a sus superiores” (Constituciones 667).
3. Sé humilde. Inspirado en Jesús, Ignacio propone la humildad como característica propia de la comunicación en la Compañía, promoviendo intercambios de corazón abierto y buscando entender al otro para encontrar puntos de coincidencia. La soberbia, contraria a la humildad, es el resultado de la bandera del mal. Por allí no hay forma de avanzar en un proceso de comunicación.
4. Sé respetuoso. Ignacio nos invita a reconocer la presencia y la acción de Dios en
todas las cosas (EE 235) y por eso nos invita a que el respeto mutuo sea un elemento de comunicación no negociable. Ese respeto se siente. Las personas aprecian y reconocen mucho más fácilmente una recomendación o una opinión contraria, cuando sienten que detrás de ello hay un respeto profundo por su ser.
5. Saber escuchar. Zenón de Elea decía: “Nos han sido dadas dos orejas y una sola boca para que podamos escuchar más y hablar menos”. Esta sabiduría griega deberíamos tenerla en cuenta en nuestras conversaciones. Tal vez debamos hacer un proceso de apertura mayor a la escucha para poder crecer en la comunicación.
6. Cuida tus palabras. Ignacio aconsejó que, si uno debe corregir a otro, debería hacerlo “sin palabras duras o desprecio por sus errores”. Cuántas veces hemos querido devolver el tiempo y nos arrepentimos de cosas dichas sin mucho cuidado en momentos de tensión y rabia. Ser prudentes y evitar expresiones ofensivas es una cualidad que debemos pedir todos los días.
7. No vayas solo. Ignacio pidió y tuvo presente siempre la ayuda de Dios en todos sus esfuerzos. Sabía que no importaba cuánto lo planeara, si no mantenía a Jesús en el centro de su vida, sus planes serían infructuosos. Ignacio sabía muy bien que Dios podía hacer más en un instante que lo que él podía en una vida de planificación.
Crecer en la comunicación es una tarea diaria. No se termina de un día para otro, pero sí se alimenta con pequeños pasos. Dios nos permita vivir avanzando cada día en esta cualidad humana tan necesaria en nuestro camino interior y apostólico.