El apostolado de los hermanos ha sido fuente de abundantes frutos para la Provincia. Su entrega ha marcado profundamente a las comunidades y ha acompañado procesos de transformación social en los territorios. Un testimonio de ello es el del hermano José Agustín Prada, SJ, quien, movido por su amor por la fotografía, nos dejó un valioso registro visual de gran parte de su misión.
Hablamos con algunos de los bachilleres del Colegio San Francisco Javier de Pasto, de 1966, quienes tuvieron clases con el hermano durante su primaria.
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«Cara al sol con la camisa nueva que tú bordaste en rojo ayer,
Me hallará la muerte si me lleva y no te vuelvo a ver.” Era su himno favorito, creo que era de Franco o algo así. Aún recuerdo esa estrofa»
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«El hermano Prada dirigía el curso más bajo del Javeriano, que era tercero elemental. Cuando llegaron las Siervas de San José, abrieron el kinder y él siguió como director de tercero. Con un viejo armonio nos enseñó a cantar la misa en latín para responderle al sacerdote en Cristo Rey. En el patio de “los niños” organizaba concursos infantiles. Nos llevaba a paseo de día entero para visitar al Señor de Canchala. Al salir del Javeriano se dedicó a la Universidad Campesina en una vereda cercana a Buga. Hasta allí supe de él. Las Siervas de San José debieron llegar alrededor de 1956. También había otro patio al frente del colegio sobre la calle 20 y allí también jugábamos en los recreos. Después del hermano Prada, el padre Jiménez abrió allí una escuelita pública. En la época del hermano Prada se llamaba “la ciudad de los niños”. Como sabíamos las oraciones de la misa en latín (por el coro) en las misas de diario actuábamos como monaguillos y teníamos que vestir una especie de sotana de color blanco. El sacristán de Cristo Rey era el hermano Zuluaga. En el patio de recreo había unas pequeñas bodegas en donde Juanito (el todero) guardaba sus elementos de trabajo. Allí guardaba zancos y unas llantas viejas de camión que nos prestaba durante los recreos. El salón de clase de tercero de primaria estaba equipado con pupitres en forma de bancas de dos puestos con un entrepaño debajo de la mesa para guardar los útiles escolares».
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«El Hermano Prada, fue nuestro profesor y director en cuarto y quinto de primaria. Muchas anécdotas recuerdo de él. Nos llevó un día a un grupo de compañeros a coger motilones, dónde ahora es el parque Chimayoi. Esos motilones, el hermano Prada los disolvía en alcohol y preparaba la tinta para escribir con pluma de metal. Por cierto esa tinta manchaba y tocaba usar papel secante. Creo que en esa época no existían los lapiceros bolígrafos, aunque algunos compañeros tenían Parker 51. Creo que las batallas de Cartago vs Roma las contaba el padre Revelo, lo mismo que el cinco con cola de león y el cinco con cola de ratón, y el cinco flojo».