El viernes 16 de octubre en la tarde, el juez Víctor Alexander Joya, del Juzgado 64 Penal del Circuito con función de Conocimiento, decretó la preclusión que da por terminado de manera anticipada y definitiva el proceso jurídico contra mi persona por los supuestos delitos de haber protegido al criminal y obstruir la acción de la justicia en el crimen de abuso sexual del sacerdote Darío Chavarriaga en un niño y sus hermanitas en los años 70. La solicitud de preclusión por no existir méritos para continuar el juicio la hizo la misma Fiscalía. Es una decisión inapelable.
Al conocer esta decisión, mi primer pensamiento solidario, es para miles de personas que, siendo niños y niñas, sufrieron el crimen del abuso por parte de sacerdotes. También para los miembros de la Iglesia que, siendo inocentes, han sido destruidos en las redes sociales.
Quiero expresar mi respeto a las víctimas y a los periodistas que, indignados por la gravedad del crimen cometido por el padre Chavarriaga, cuestionaron públicamente mi actuación. Sus críticas me ayudaron a crecer como ser humano.
Soy consciente de que buena parte de las acusaciones en mi contra buscaron minar la credibilidad de la Comisión de la Verdad, que presidí. Quiero que las víctimas de todos los actores del conflicto armado y mis compañeros de la Comisión sepan que sentí y viví con ellos ese impacto brutal. Los invito a redoblar juntos y con entusiasmo la misión por la verdad, desde las víctimas, y la tarea por la dignidad.
A quienes dudaron o me prejuzgaron, les tiendo la mano. También a quienes buscaron afectar a personas y causas que me son queridas. Hoy puedo decir con total honestidad y calma que no siento rabia ni los considero enemigos.
Conozco y sufro la violencia simbólica y emocional en la que estamos atrapados en Colombia. Seguiré trabajando para que juntos encontremos caminos que nos permitan reconocernos y respetarnos, sabiendo que somos diferentes.
Agradezco a las muchas personas que nunca dudaron de mi inocencia y que, con sus palabras o con su discreción, a la distancia, me acompañaron en estos días difíciles. Su amistad y su solidaridad cobran hoy un significado aún más profundo.
Finalmente, quiero expresar mi aprecio por la decisión de la justicia, representada en un juez que demostró rigor e independencia y con quien nunca he tenido trato personal. Esta decisión me permite cerrar este capítulo con la esperanza de que algún día la justicia también cobije a todas las víctimas.
Quiero dedicar los años que me restan de vida a trabajar por la paz y la reconciliación de los colombianos, desde la búsqueda de la verdad y la justicia.
Octubre 21 de 2026