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Abril 16: “Jesús hizo muchas otras señales milagrosas delante de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero estas se han escrito para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengan vida (…)”

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Comunitas Matutina 16 de abril de 2023

II Domingo de Pascua Ciclo A

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

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Lecturas:

  1. Hechos 2: 42-47
  2. Salmo 117: 2-4;13-15 y 22-24
  3. 1 Pedro 1: 3-9
  4. Juan 20: 19-31

La historia de la humanidad, aterrizada en nuestros propios relatos de vida, abunda en testimonios de heroísmo, de solidaridad, de servicio y de compromiso incondicional con lo que aquí llamamos “ética de la projimidad”.[1] Si hay también narrativas horrendas de violencia e injusticia, de corrupción y maldad, estas no pueden sofocar el carácter avasallador del bien. Son muchos los seres humanos que se desviven por sus prójimos: recordamos los todavía frescos episodios de la pandemia del coronavirus, en los que el personal sanitario de muchos lugares del planeta escribió conmovedores relatos de humanismo y de exquisito cuidado hacia sus semejantes aquejados por el virus. Son diversos los escenarios humanos en los que la fraternidad deja de ser retórica y se torna en esperanzadora realidad. Esto hace parte esencial del humanismo, su práctica es inherente a los más elementales códigos de conducta solidaria.[2]

En el ambiente en que estamos en esta temporada del año los vamos a llamar señales pascuales, señales del Señor Resucitado, toda esa OPERACIÓN VIDA que desata las más nobles sensibilidades del ser humano hacia el prójimo. El texto de Hechos de los Apóstoles, que se proclama hoy como primera lectura , es un indicativo elocuente de la acción de Jesús, el Viviente: “Los que habían sido bautizados se dedicaban con perseverancia a escuchar la enseñanza de los apóstoles, vivían unidos y participaban en la fracción del pan y en las oraciones. Todos estaban impresionados porque eran muchos los prodigios y señales realizadas por los apóstoles. Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común. Vendían sus posesiones y haciendas y las distribuían entre todos, según las necesidades de cada uno”. [3]

Durante su ministerio público, Jesús es el mayor referente de solidaridad y de projimidad, y lo “dice” sanando a diestra y a siniestra de parálisis, cegueras, lepras, egoísmos, pecaminosidades, ejerciendo la com-pasión y la misericordia infundida por su Abba-Padre Dios. Alguien ha dicho: el prójimo no es un término geográfico, sino un concepto moral.[4] Jesús lo plasma en su anuncio y práctica del Reino de Dios y hace de esto exigente normativa para quien se interese en seguir su camino. Los hombres y mujeres que integran en sus vidas esta invitación son esperanza para una humanidad tan a menudo maltrecha por las indiferencias y atropellos de otros tantos. El Resucitado hace de nosotros señales de Pascua, cuando gracias a su Espíritu, nos abrimos definitivamente hacia Dios y hacia el prójimo como él; cuando nos sacudimos de la inercia y de la rutina que no se conmueven ante nada y nos dejamos tomar por su vitalidad. En esta cultura de muerte y desencanto es imperativo hacer parte de la “gente de Jesús”.[5] Con el servicio al hermano vulnerable ayudamos con seriedad a hacer creíble el mensaje del Evangelio, es cuestión de vivir siempre en plan de resurrección!

En el lejano tiempo de Jesús, después de su muerte, quienes lo seguían de cerca quedaron entristecidos y con un gran sentimiento de derrota; como es comprensible, se escondieron para evadir la persecución y represalia a que podían ser sometidos como consecuencia de su compromiso con el Crucificado. Pero, poco a poco, fue sucediendo algo inesperado y de extrema felicidad. En la fe, confianza profunda en Dios, descubrieron que su Señor, el de la cruz, era ahora el Viviente, el Resucitado, con una definitiva cualidad que sólo podía poseer él por su naturaleza divina. Esta honda experiencia marca una densa conversión, los abatidos son ahora hombres y mujeres claramente pascuales, su Señor está con ellos y los mueve al anuncio de esa Buena Noticia: que la última palabra sobre la vida de la humanidad no la tienen los señores de la muerte, sino Dios, Señor de la Vida: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que por su gran misericordia, a través de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha hecho renacer para una esperanza viva, para una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera”. [6]

Hay un forcejeo constante entre el bien y el mal, entre la dignidad humana y la perversión, entre la trascendencia que logra el significado pleno de la vida en el Otro y en los otros, y la cerrazón al amor, ensimismamiento, arrogancias sin cuento, sistemático desconocimiento del tú y del nosotros, desconexión de toda alteridad. [7] El Espíritu del Señor Resucitado contrarresta estas evidencias del egoísmo, y transforma para bien lo que hace fracasar el plan de Dios en la humanidad. Sus señales son estímulos para el sentido pleno de la vida, nos dota de las mejores razones para la esperanza: “Por el contrario, den gloria a Cristo, el Señor, y estén siempre dispuestos a dar razón de su esperanza a todo el que les pida explicaciones”.[8]

La consideración que proponemos para este domingo es la de hacer un esfuerzo imaginativo para ponernos en el contexto de los primeros discípulos de Jesús, los que en su vida histórica le siguen y empiezan a ser formados por él, con los tropiezos y contradicciones bien conocidos según refieren los relatos evangélicos, cuando imaginaban que lo que estaba por venir era una triunfante revolución político- religiosa con evidencias temporales de liderazgo y poderío. He aquí que lo que resulta es una implacable persecución a Jesús por parte de los dirigentes religiosos, la acusación de blasfemo y hereje, el juicio y la condena a muerte, la victoria de las fuerzas del mal y, finalmente, lo que desde la perspectiva humana es un fracaso rotundo: muerto en cruz. Elocuente anticipo del heroísmo de tantos hombres y mujeres que han escrito extraordinarias páginas de testimonio y donación de la vida.

¿Cómo se da en estos abatidos discípulos la evolución hacia la experiencia pascual? ¿Cómo resultan transformados por el Resucitado? ¿Cómo viven ellos la conciencia de que él está vivo y les anima para siempre? Al responder este interrogante concurren las lecturas de este y de los siguientes domingos del tiempo pascual. Por eso conviene que veamos nuestras vivencias de fracaso y recuperación, la forma como salimos de situaciones de abatimiento, de los desencantos que nos causan los males causados, cuando después de abandonos y frustraciones volvemos a vivir con sentido y felicidad. O cuando somos testigos de las inmensas bondades de los seres humanos. [9]

La resurrección de Jesús no es un simple acontecer individual en el que el Padre favorece al Hijo sacándolo de la oscuridad de la muerte. Lo que aquí sucede es la re-creación del ser humano y la llegada de lo que en el Nuevo Testamento se llama nueva creación y/o nueva humanidad: “El es el principio, el Primogénito de entre los muertos, para que sea él el primero en todo, pues Dios tuvo a bien hacer residir en él toda la plenitud y reconciliar por Él y para Él todas las cosas”. [10]

Dice el texto de Juan que “los discípulos tenían cerradas las puertas del lugar donde se encontraban, pues tenían miedo a los judíos”, [11] y presenta el caso de Tomás el incrédulo: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y mi mano en su costado, no creeré”, [12] evidencias de inseguridades y temores de que les pudiese suceder lo mismo que a Jesús. O también del que apasionadamente quiere creer, pero necesita ser llenado por la presencia de su Señor, como en estas experiencias límite de la vida, cuando estamos entre la espada y la pared y clamamos para que nos hagan vivir, para que nos devuelvan esas razones de vida, en las que clamamos a Dios para que abandone su silencio.

Tomás, a quien tradicionalmente se ha estigmatizado por incrédulo, viene a ser ahora un símbolo de la humanidad perpleja, esa misma que somos nosotros, siempre llenos de búsquedas y preguntas, movidos por la más radical y adolorida honestidad. “Nos hiciste, Señor, para tí, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”,[13] tradicional frase de San Agustín, que hoy se nos antoja continuidad del sincero deseo de Tomás. Paradójico, pero es así: “Si no veo en sus manos las heridas de los clavos, y si no meto mi dedo en ellas y mi mano en su costado, no lo podré creer”. [14]

Con Tomás vienen a cuento todos los que no creen en Dios, muchos de ellos por radical honestidad, también los agnósticos, desencantados por las incoherencias de los creyentes y por el fatigante cúmulo de exigencias religiosas que no tienen nada que ver con Jesús ni con el Evangelio. A unos y a otros los mueve el sinsabor de las retóricas religiosas formales, de los lenguajes de fe desentendidos de la realidad dramática del ser humano. Este Tomás, que podemos ser nosotros, es un inquieto, un buscador de trascendencia, uno que no se resigna a que su Señor esté en el abismo de la muerte.[15]

Es preciso que en esta Pascua nos pronunciemos como este discípulo porque tenemos pasión de Dios, requerimos razones de una novedad cualitativa, que está más allá de nosotros, pero que se vuelca amorosamente hacia esta “humanidad doliente”, como reza bellamente la tradicional novena que rezamos en diciembre para disponernos a Navidad. La pasión de vivir retorna cuando se relata en las historias de hombres y mujeres pascuales, como aquellos primeros seguidores que tuvieron esa experiencia definitiva que los transformó para siempre, y les comunicó la certeza del Viviente: “Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; y trae tu mano y métela en mi costado. No seas incrédulo: ¡cree![16]. Este Tomás no es un descreído radical, no hay que despreciar su demanda de evidencia, él, como los otros discípulos, siguió a Jesús, se interesó por su proyecto, lo amó, y ahora quiere satisfacer al máximo su sed de vida.

Las apariciones están totalmente asociadas a la fe.[17] Jesús sólo se manifiesta a los que tenían vínculos con él, a los que se habían interesado en su proyecto de vida. En cada comunidad cristiana particular todo tiene sentido cuando ellas “se dejan vivir por Jesús” :“Ustedes aman a Jesucristo, aun sin haberle visto; creen en él, aunque de momento no le vean. Y lo hacen rebosantes de alegría indescriptible y gloriosa, alcanzando así la meta de la fe, que es la salvación” .[18] La experiencia pascual es, fundamentalmente, una experiencia que se da en el ámbito de la fe. Es, por tanto, un don de Dios, una gracia con la que Él beneficia a los creyentes, a los que aman a Jesús.

Hay que imprimirle tonalidad pascual a la historia, a la realidad, sin intimidarse ante los “avances” del mal. El ministerio de Jesús erradica del corazón humano todo lo que disminuye y maltrata, e invita a que nuestro quehacer se inscriba en esa misma dinámica de libertad y liberación. La Iglesia tiene sentido si es pascual, si con su palabra y con su estilo de vida, relata al Resucitado, si sus conductas y actitudes son dadoras de esperanza, si es capaz de erradicar de sí misma todo vestigio de lejanía clerical y de autorreferencialidad, si se pone las botas de la humanidad y camina con ella anunciando esa Buena Noticia.

 

[1] PAPA FRANCISCO. Carta Encíclica Fratelli Tutti sobre la Amistad Social. Librería Editrice Vaticana. Ciudad del Vaticano, 2020. CAMPANA, Silvia Julia. De la projimidad a la hospitalidad: hacia el rostro desnudo de la íntima vulnerabilidad. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/8365/1/projimidad-hospitalidad-campana.pdf LAÍN ENTRALGO, Pedro. Teoría y realidad del otro. Revista de Occidente. Madrid, 1961. LEVINAS, Emmanuel. De otro modo que ser o más allá de la esencia. Sígueme. Salamanca, 2010; Humanismo del Otro Hombre. Caparrós. Madrid, 1998. DORRA, Raúl. Alteridad y projimidad: para una semiótica del cuidado. En Revista ELEMENTOS DE CIENCIA Y CULTURA, volumen 23, número 103, páginas 1-12. Benemérita Universidad Autónoma del Estado de Puebla, julio-septiembre 2018. LAGUNA MATUTE, José. Hacerse cargo, cargar y encargarse de la realidad. Hoja de ruta samaritana para otro mundo posible. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2004. MÍNGUEZ VALLEJOS, Ramón & PEDREÑO PLANA, Marina. La compasión ante el reto de las migraciones: propuesta pedagógica. En https://www.digitum.um.es/digitum/bitstream/10201/75910/1/capitulo%206.pdf

[2] TABRA OCHOA, Edison Paul. Ética y solidaridad: perspectivas históricas y normativas. Globethics.net International Secretariat. Ginebra, 2017. MIFSUD, Tony. La cultura de la solidaridad como proyecto ético. En Revista Theologica Xaveriana número 46, páginas 345-356. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 1996. CORTINA, Adela. Razón comunicativa y responsabilidad solidaria. Sígueme. Salamanca, 1985. ETXEBERRIA, Xabier: Ética de la diferencia: en el marco de la antropología cultural. Universidad de Deusto. Bilbao, 1997. DOMINGO MORATALLA, Agustín. Ética y voluntariado: una solidaridad sin fronteras. PPC. Madrid, 1997. SEBASTIÁN, Luis de. La solidaridad: guardián de mi hermano. Ariel. Barcelona, 1996. VIDAL, Marciano. Para comprender la solidaridad. Verbo Divino. Estella, 1998.

[3] Hechos 2: 42-45

[4] Es un póster publicado en Facebook con la firma del rabino Joachim Prinz, 1902-1988. Se destacó en los tiempos sombríos de la II guerra mundial por su lucha resuelta contra la tiranía nazi , y luego fue un destacado líder del movimiento por los derechos civiles en USA, en la década de los 60’s. Autor de “Sobre el concepto de experiencia religiosa” (1927); “Nosotros judíos” (1934; “La vida en el ghetto” (1937; “El dilema del judío moderno” (1962. Ver www.joachimprinz.com

[5] AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Discípulos y testigos de Jesús en la sociedad actual. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 16 de marzo de 2010. CONFERENCIA EPISCOPAL MEXICANA CEM. Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos. Carta Pastoral del 25 de marzo de 2000. En https://www.diocesisdetuxpan.files.wordpress.com/2013/01/del-encuentro-con-jesucristo-a-la-solidaridad-con-todos.pdf CONFERENCIA EPISCOPAL COLOMBIANA. La Iglesia ante el cambio, documento conclusivo de la XXV asamblea plenaria del episcopado colombiano. Indo American Press Service. Bogotá, 1969.

[6] 1 Pedro 1: 3-4. DUQUOC, Christian . Mesianismo de Jesús y discreción de Dios. Cristiandad. Madrid, 2005. HURTADO, Larry W. Cómo llegó Jesús a ser Dios? Cuestiones históricas sobre la primitiva devoción a Jesús. Sígueme. Salamanca, 2013. CASTELAO, Pedro. Aproximación a la divinidad de Jesús. En Revista Selecciones de Teología , volumen 55 número 219, páginas 163-170. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2016. MAGNIN; Lucas Luciano. Misterio divino y humano: un diálogo cristológico entre los Evangelios Sinópticos y Juan. En Revista Albertus Magnus volumen 11, número 1, páginas 1-20. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, 2020. SESÉ, Javier. La conciencia de la filiación divina, fuente de vida espiritual. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83556113.pdf

[7] ARENDT, Hannah. . Eichmann en Jerusalén: un estudio sobre la banalidad del mal. Penguin Random House. Madrid, 2013; ROMERALES, Enrique. . El problema del mal. Universidad Autónoma de México UAM. México D.F. 1995; HAAG, Herbert. El problema del mal. Herder. Barcelona, 1981. FARRELL, Martín D. El egoísmo ético. En Revista del Centro de Estudios Constitucionales, número 11, páginas 113-178. Buenos Aires, enero-abril 1992. MONARES, Andrés. La solidaridad imposible: economía y naturaleza egoísta del ser humano. En https://www.scielo.cl/pdf/polis/v15n45/art_08.pdf MARULANDA, Stevenson. El ADN: la raíz de la maldad y la desigualdad mundial. En https://www.scielo.org.co/pdf/rcci/v29n4/v29n4a3.pdf

[8] 1 Pedro 3: 15.

[9] SICRE, Emmanuel. Contar la experiencia pascual: la función del relato de la pasión en Marcos (14:53 a 15:47), para la experiencia cristiana. Trabajo de grado para optar al título de teólogo. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología. Bogotá, 2016. LUDEMANN, G. & OZEN, A. La resurrección de Jesús: historia, experiencia, teología. Trotta. Madrid, 2001. ELLACURÍA, Ignacio. La fe pascual en la resurrección de Jesús. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1299/1/RLT-2003-060-A.pdf RUIZ LOZANO, Pablo. La experiencia del Resucitado: perspectivas actuales en teología. En Revista Proyección Teología y Mundo Actual año LIII, número 220, páginas 25-48. Facultad de Teología de Granada, Universidad Loyola de Andalucía, enero-marzo 2006. MARTÍN MORENO; Juan Manuel. La experiencia del Resucitado: una presencia que desencadena vida. En Revista Sal Terrae número 896, páginas 163-173. Compañía de Jesús España. Madrid, marzo de 1988. JUNCO GARZA, Carlos. Para vivir la Pascua: espiritualidad bíblico-litúrgica para el triduo pascual. PPC. Madrid, 2019.

[10] Colosenses 1: 18-20

[11] Juan 20: 19

[12] Juan 20: 25

[13] SAN AGUSTIN. Confesiones I 1,1. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 2018.

[14] Juan 20: 25

[15] ARANA, Juan. Teología para incrédulos. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2020. ECO, Umberto & MARTINI, Carlo María. En qué creen los que no creen. Temas de Hoy. Madrid, 1997. CORDOVILLA, Angel. Crisis de Dios y crisis de fe: volver a lo esencial. Sal Terrae. Santander, 2012. CONESA, Francisco. La fe cristiana ante el reto de la increencia. En https://www.diocesisoa.org/documentos/ficheros/fe-reto-increencia_668.pdf ROBINSON, John A.T. Sincero para con Dios (Honest to God). Libros del Nopal. Barcelona, 1963. VAZQUEZ, Rodolfo. No echar de menos a Dios: itinerario de un agnóstico. Trotta. Madrid, 2021.

[16] Juan 20: 27

[17] NORATTO GUTIÉRREZ, José Alfredo. El lenguaje de las manifestaciones del Resucitado y su sentido, a partir de los textos del Nuevo Testamento. En Revista Cuestiones Teológicas vol 40, número 94, páginas 289-322. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, julio-diciembre 2013. SABUGAL, Santos. La mateana tradición histórica sobre las apariciones del Resucitado. En Revista Estudios Agustinianos número 29, páginas 217-242. Estudio Agustiniano. Valladolid, 1994. BÉJAR BACAS, Serafín. Cristo Resucitado, nuestra resurrección en la carne. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 26 de febrero de 2013. BRAMBILLA, Franco Giulio. El Crucificado Resucitado: Resurrección de Jesús y fe de los discípulos. Sígueme. Salamanca, 2003. CHARPENTIER, Etienne. Cristo ha resucitado. Verbo Divino. Estella, 1981.

[18] 1 Pedro 1: 8-9

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