fbpx

Septiembre 4: Exigencias del discipulado

Lucas 14:25-33, domingo, septiembre 4 de 2022 Por: Luis Javier Palacio, SJ  Decía Soren Kierkegaard en uno de sus apuntes de su diario íntimo: “Cristo vino al mundo como modelo, con constantes advertencias decía: ¡Sígueme! Pero pronto la relación se invirtió. Los hombres prefirieron adorar al modelo. Los apóstoles entonces siguieron a Cristo y enseñaron a sus oyentes: ¡Sígannos! Pronto la relación se invirtió y adoraron a los apóstoles. Así comenzó todo a desvanecerse. No hay sino una cosa que es la revelación divina, un solo género de adoración que Dios exige: el discipulado. Pero el hombre solo desea responder de una manera: adorando a los modelos”. Aunque suene bastante irónico, no puede negarse su alto contenido de verdad. Es más cómodo y más fácil adorar a Jesús que seguirlo. El evangelio de hoy nos dice que numerosa muchedumbre subía con Jesús a Jerusalén pero quizás con la esperanza de ver inaugurado un nuevo reino. Sin embargo, Jesús los va a instruir acerca de lo que significa verdaderamente seguirlo. En el evangelio de Marcos es claro que seguir a Jesús es seguirlo en la pasión. En este evangelio de Lucas ahora se dirige Jesús precisamente a enumerar una serie de condiciones para que todos los invitados al banquete del reinado (de las parábolas precedentes) sean auténticos discípulos. Quiere que sus seguidores calculen el costo del seguimiento y es lo que contiene la imagen de la torre, que no significaba entonces lo que significa hoy. Torre, entonces, se aplicaba a diversos tipos de fortificación que se construían para proteger las casas, las tierras o las viñas. Al dirigirse Jesús a sus oyentes con « ¿quién de vosotros?, podríamos suponer que se dirige a gente económicamente bien, lo que le da mayor sentido a las recomendaciones. Respecto a la gracia, estamos acostumbrados a mirarla como bendiciones para esta vida en diferentes campos y poco como exigencias que nos pueden costar la vida; a entender la gracia como una tarea que se nos confía. Dicha tarea exige ciertas rupturas afectivas como las de la familia y la aceptación de la propia cruz.
La forma de hablar judía, dada la pobreza lexicográfica del hebreo, hace que utilice mucho la exageración. Así dice, por ejemplo, que Abrahán vivió 165 años y que Matusalén vivió 969 años lo que significa en sentido semita que eran hombres bendecidos por Dios quien era el dueño de la vida; no significa que literalmente vivieran tantos años. Así leemos también hoy que « Si alguno viene a mí y no aborrece a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y aun su propia vida, no puede ser mi discípulo». Aquí la palabra “vida” puede traducirse también por “alma” (psyché, en griego). En hebreo no existe una palabra única para “padres” y se logra mentando a uno y otra. Pero no se trata de odiar propiamente sino de amar menos. Para algunos, la pobreza expresiva del hebreo le da en contraprestación un alto sentido poético. En el caso de hoy se le ha llamado “estilo oratorio-poético de Jesús. La poesía logra expresar muchas cosas con pocas palabras. Amar menos significa que hasta las personas más cercanas pueden convertirse en obstáculo para la radicalidad que Jesús exige. Así lo podemos ver en un evangelio como el de Mateo, cuya versión más antigua conocida es en griego, una lengua mucho más flexible y rica que el hebreo: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí.» (Mt 10:37).  Mateo le da una formulación más positiva basada en “amar” mientras Lucas acude a “aborrecer”[1]. En Lucas parece tener mayor radicalidad que el correspondiente mandato en Mareo. Pero ambas expresiones tendrían la misma intencionalidad como es resaltar las exigencias del seguimiento de Jesús. Al final, se repite una idea persistente en Lucas, « cualquiera de vosotros que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser disc ípulo mío». Lucas resume las condiciones en tres básicamente: renuncia voluntaria a los vínculos afectivos con la familia; aceptación sincera de una renuncia radical al propio interés; renuncia afectiva a las posesiones materiales. Cortar los vínculos afectivos y económicos. Para un compromiso de tanta envergadura en Lucas se exige un serio discernimiento, sin precipitación de ninguna clase, sino con una previa deliberación sobre los costes y los riesgos. Una responsabilidad que no se puede asumir a la ligera.
La primera condición exige disponibilidad interna para subordinar los afectos humanos naturales como el amor a la familia o la conservación de la propia vida. La segunda condición es un poco más simbólica y ciertamente post-pascual pues habla de tomar la cruz para seguir a Jesús. Quizás ya era corriente la figura del Cirineo que en el evangelio de Mateo le ayuda a Jesús a llevar la cruz. Igualmente dice la carta a los Colosenses (atribuida a Pablo pero quizás no es suya): «C ompleto en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1:24). Tomar la cruz significa la disposición a llegar hasta la muerte o el martirio. La tercera condición de renuncia a los bienes materiales, como antes se dijo, refleja una preocupación constante del evangelio de Lucas. « Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios» (Lc 6:20) en contraste con Mateo que habla de “´pobres en el espíritu”. Las propiedades y la riqueza, por una parte, y el ser discípulo de Jesús, por otra, se excluyen mutuamente.
La recomendación esencial que Jesús hace a sus seguidores es que antes de tomar una decisión comprometida ponderen con calma y con serenidad las implicaciones de ese paso. Hay que ponderar no solamente las condiciones sino también las consecuencias, so pena de hacer el ridículo.
La tercera exigencia al pedir una renuncia total a todo lo que se posee, nos muestra que el seguimiento no depende de los recursos materiales que más bien serían un estorbo sino de otros recursos como son los carismas, dones, talentos que deben ser puestos al servicio de la comunidad. Igual sucede con el envío de “los doce” y “los setenta y dos” –este último exclusivo de Lucas– en donde no se enumera lo que deben llevar sino por el contrario lo que no deben llevar. Igualmente, en los Hechos de los Apóstoles, atribuidos a Lucas, nos dice de la primitiva comunidad cristiana de Jerusalén: « Todos los creyentes viv ían unidos y tenían todo en común; vend ían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno.» (Hc 2:44-45) La renuncia no es una medida ascética simplemente sino en bien de los demás. Los bienes materiales son para compartirse. Ser discípulo incluye disminuir lo propio para poder ayudar a otros, así como estar en contra de cualquier tipo de abuso basado en las riquezas, en la raza o en la religión. En los dos ejemplos o parábolas de la torre y el rey que quiere guerrear, Jesús parece invitar a un comportamiento prudente y precavido, alejado de la audacia con que habla de ordinario a los suyos. Pero en realidad no quiere que nadie se comprometa con ilusiones temerarias o presuntuosas. Jesús llama también al realismo. Las exigencias del evangelio de hoy no tratan de “consejos evangélicos” para un grupo de cristianos selectos o una élite de esforzados seguidores. Es la condición indispensable de todo discípulo que entiende que no basta adorar a Jesús o a los apóstoles. A menudo buscamos mejor ídolos que respondan a nuestras aspiraciones y deseos más fundamentales. Algunos de tales ídolos son el dinero, el éxito, el poder, el prestigio, el sexo, la seguridad, la felicidad a toda costa, y por encima nos creemos reales seguidores de Jesús.
 
[1] En las normas de la comunidad de los esenios (Qumrán) si se hablaba expresamente de aborrecer lo que Yahvéh aborrece. Era una comunidad dualista pues se consideraban hijos de la luz mientras los demás eran hijos de las tinieblas. Un dualismo de origen griego como se ve en la recomendación de Poimandres: “Hijo mío, si no odias primero —o sobre todo— a tu cuerpo (soma), no podrás amarte a ti mismo”.

Compartir en redes

Homilías del autor

Homilías

“(…) bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”

Ver más

“Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es Dios – allá arriba en el cielo, y aquí abajo en la tierra – y no hay otro”

Ver más
19
MAY

Quedaron llenos del Espíritu Santo

Ver más
19
MAY

“A cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para provecho común”

Ver más
19
MAY

“Cuando venga el Espíritu de la verdad, él los guiará a toda la verdad”

Ver más
Ir al contenido