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Agosto 29: Pureza e impureza religiosa

Marcos 7:1-23, domingo, agosto 29 de 2021 Por: Luis Javier Palacio, SJ  Las religiones no surgen en el vacío ni son aerolitos caídos en un cielo despejado. A menudo muchas de sus ideas tienen origen bastante pedestre en la vida diaria. Aún más, buscan regular la vida diaria facilitando el discernimiento o la toma de decisiones frente a varias alternativas. En el Génesis se da a los animales las hierbas como alimento y al ser humano los frutos de la tierra, dando sentido a lo que veían. No hay alusión a los carnívoros que matan y devoran para alimentarse. Hasta el Diluvio y el pacto de Noé no se permite matar animales para alimentarse, y estas muertes se autorizan solo con tal de que sean animales puros y su sacrificio siga ciertas normas rituales. Matar animales era consagrar la violencia, rechazada en Caín[1]. Se da el caso curioso del cerdo que aparece impuro, especialmente en el libro de los Macabeos [2] y en otros libros, incluidos los evangelios, y que para el antropólogo judío Emilio Durkheim más bien pudo ser un tótem[3] para el pueblo originario de Palestina. Es decir, un antepasado totémico que no debía comerse; no por ser impuro sino por ser sagrado; las religiones totémicas son de las más primitivas conocidas. En general, las comidas son las actividades con mayor contenido religioso (incluida la Eucaristía cristiana). En el judaísmo no se debía comer con extranjeros ni consumir sus comidas. Tampoco se debía comer con impuros dentro del mismo Israel y el tema de la pureza cubre muchos de sus libros. Aunque hoy no se les dé sentido religioso, igualmente todas las culturas tienen sus normas sobre comidas; hoy llamadas dietas o normas de urbanidad con sus respectivos tabús al respecto[4].
La guarda del sábado, la circuncisión y las normas dietéticas eran las características visibles que diferenciaban al pueblo judío de los pueblos vecinos. Se conservan hoy. Incluían la abstención total del cerdo y esperar al menos una hora desde el consumo de cualquier carne para consumir productos lácteos. Para el sacrificio de animales (desde el pacto de Noé), el sacrificio tiene que cumplir con las normas kosher al igual que en el islamismo con las normas hallel. Entre católicos y ortodoxos se observó durante siglos la abstención de carnes el viernes en memoria de pasión de Jesús y se tuvieron varios días de ayuno y abstinencia.
Algunos han visto las normas dietéticas (civiles o religiosas), de todos los pueblos, como parte de su sabiduría higiénica y modo de optimizar la nutrición con el mínimo de recursos. Muchas razones religiosas no serían hoy válidas. La participación en ritos religiosos ha estado asociada en todas las culturas a conceptos de pureza, mezclando razones higiénicas con morales, psicológicas y prescripciones religiosas. Los ritos de iniciación, y los sacramentos en general, han tomado de los cuatro métodos de purificación del judaísmo: el agua, el aceite, el fuego y las cenizas de la vaca roja. El más popular y usado por los judíos era el agua viva (corriente o de fuente cristalina). Los baños de purificación siguen siendo corrientes entre los judíos contemporáneos. La divinidad se asocia a la pureza total. Los rabinos enseñaban que el baño diario honraba a Yahvéh. La sangre no era propiamente elemento de purificación sino presencia de Yahvéh, propietario de todas las sangres en donde residiría la vida. Las normas de la vida diaria prescribían el lavado de manos al levantarse, luego de ir al baño, al ponerse el calzado, al tocar cualquier parte cubierta del cuerpo, luego de visitar un cementerio, luego de desvestirse, antes y después de las comidas (no había cubiertos), luego de las relaciones maritales y cuando se tuviera contacto con pulgas. Durante las pestes europeas, el aseo de los judíos, muy superior al de los europeos de la época, los salvó de muchos contagios.
Varias de las expulsiones de demonios en los evangelios son de demonios de impureza o suciedad. Sin embargo, Jesús y sus discípulos no guardan las normas de pureza de los fariseos. “Y los espíritus inmundos (impuros), al verle, se arrojaban a sus pies y gritaban: Tú eres el Hijo de Dios” (Mc 3:11), “había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo (impuro), que se puso a gritar” (Mc 1:23). Curiosamente, en el evangelio de Marcos no ataca Jesús propiamente al demonio, como sucede en Lucas, sino que transforma al endemoniado. En el evangelio de hoy, Jesús trataría de modificar el enfoque sobre la pureza y la impureza. Para ello utiliza varios argumentos: a) que no todo lo atribuido a Yahvéh viene de sus mandatos; b) que las tradiciones humanas han de mantenerse a este nivel y no elevarlas a mandato divino; y c) que la impureza “religiosa o moral” no está en los ritos ni en las cosas externas. Jesús utilizará una parábola digestiva que luego debe explicar a sus discípulos. En ninguna de las seis reparticiones de panes se pide a la multitud lavar sus manos. Sería una comida con manos impuras, es decir, sin lavar. El texto dice literalmente que “los discípulos comían el pan sin lavarse las manos”. ¿Cómo hacerlo en un lugar desolado o desierto? Pan es sinécdoque (la parte por el todo) de comida. Pero el lavado de manos de los fariseos y escribas era ordinariamente más ritual que higiénico y cabe como crítica la frase de Isaías: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí”. Los fariseos sostenían que existía una doble versión de la Toráh: la escrita y la oral[5], y le daban valor a ambas, pues vendrían desde Moisés. Similar discusión surgirá durante la Reforma cuando esta daba valor solamente a las Escrituras y los católicos lo daban a las Escrituras y a la tradición.
Desde el punto de vista moral (no higiénico), el problema de la impureza es el corazón. Era la sede de los sentimientos, el amor, el odio, incluso las ideas. El corazón es en el judaísmo el equivalente del alma entre los griegos. El catálogo de los males que salen del corazón es similar a otras listas de vicios que aparecen en Pablo en cartas como los romanos, los corintios y los gálatas que ya debían ser conocidas en las comunidades. De hecho, hay influjo de Pablo en el evangelio de Marcos. En el texto paralelo de Mateo la lista es más corta. La lista de 13 clases de impurezas (fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraudes, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez) empiezan con siete acciones en plural seguidas por seis vicios. Son una lista de lo que los rabinos consideraban como tendencias al mal de todo ser humano (yeser hará, en hebreo). Las acciones ya estaban prohibidas en el Decálogo pero allí no se entraba en razones subjetivas sino en normas que había que guardar y penalizar. Pero creer que por razones de impureza externa se pudieran causar tales acciones o vicios, era errar el blanco. Lo orgánico que entraba en el cuerpo tenía un final igualmente orgánico y no dependía de lo que se consumiera o cómo se consumiera (hoy tenemos otros conocimientos al respecto). Marcos no da un remedio para el corazón; Pablo habla del hombre nuevo; Juan habla de renacer y ya el profeta Jeremías había dicho que es necesario un nuevo corazón de carne en vez del de piedra que percibía en los judíos.
 
[1] Relato de origen del mal, como Adán y Eva o el Diluvio. Algunos opinan que fue un error de san Agustín y Melito de Sardis hablar de “pecado original”
[2] Este libro no es canónico ni para los judíos ni para los protestantes.
[3] Donde mejor se ha estudiado el totemismo es en las culturas aborígenes, especialmente de Australia y Canadá.
[4] En la Edad Media la lista de comidas de las que se debía abstenerse en cuaresma incluían los quesos, los huevos y la mantequilla.
[5] La oral estaría consignada en la Mishnáh, la Gemará y el Talmud, de difícil acceso aún hoy en día para quien no sea judío.

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