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Diciembre 11: “Vayan y cuenten a Juan lo que oyen y ven: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva”

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Comunitas Matutina 11 de diciembre 2022
Domingo III de Adviento Ciclo A
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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

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Lecturas:

  1. Isaìas 35: 1-10
  2. Salmo 145
  3. Santiago 5: 7-10
  4. Mateo 11: 2-11

Uno de los aspectos más notorios que encontramos en los evangelios es la capacidad de Jesús para desconcertar las expectativas de sus contemporáneos, entre los que se cuentan los dirigentes religiosos y también sus propios discípulos. Al hacerlo, no se quiere limitar al efecto sorpresa, sino que se dedica a orientar mentes y corazones hacia lo esencial que el Padre Dios quiere comunicar a través de él: la liberación integral del ser humano y de su historia, o salvación en términos más tradicionales[1]. El trabajo salvífico de Jesús es erradicar todo lo que menoscaba al ser humano, lo que frustra el plan de Dios en nosotros, a saber, el pecado, la muerte, la injusticia, la violencia y la esclavitud.  Las lecturas de este domingo, principalmente la de Isaías y el texto de Mateo, nos van a ayudar en este propósito; y la segunda, de Santiago, nos ayuda a la   esperanza para aguardar al Dios que viene para nuestra plenitud y felicidad.

Para los judíos había algo fundamental:  la expectativa mesiánica, esto sustentaba su fe y articulaba su religiosidad. Bien conocemos todas las adversidades que vivieron, sus crisis, la decepción ante no pocos de sus dirigentes, la pérdida de su importancia social y religiosa, la invasión de poderes extranjeros y la tragedia del exilio. Buscando un sentido superior de la vida en medio de estas desgracias se empieza a cultivar la esperanza en la promesa de Dios que les ofrece un Mesías que los ha de liberar de todas estas calamidades[2]. A esto responde el espíritu de la primera lectura de hoy.

La primera gran deportación fue sufrida por los israelitas el año 720 A.C.  Esta, junto con las sufridas a comienzos del siglo VI a.C. fueron los mayores dramas padecidos: pérdida de su autonomía, afrenta a sus símbolos religiosos, cautividad en tierra extraña, humillaciones y vejaciones sin cuento[3]. Un desplazamiento forzado como los que se viven hoy en muchos lugares del planeta[4]. Constatar estas adversidades nos permite entender mejor el júbilo que se vive después del exilio, cuando retornan a su tierra de origen y recuperan todos los elementos de su identidad sociocultural y religiosa, ven en este retorno la mano de Dios, que hace decir a Isaías: “Los redimidos de Yahvé volverán, entrarán en Sión entre aclamaciones: precedidos por alegría eterna, seguidos de regocijo y alegría ¡Adiós, penas y suspiros!”[5].

El profeta anima con bellas palabras al pueblo que sale de la cautividad y regresa a la tierra de sus mayores: “Que estalle en flores y se regocije, que lance gritos de júbilo. Le va a ser dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón. Podrá verse la gloria de Yahvé, el esplendor de nuestro Dios” [6]. Ese exilio de Israel en Babilonia fue un auténtico drama, un desarraigo muy doloroso, y la vuelta a la tierra de origen significó para ese pueblo la recuperación de su seguridad, de su identidad y de su sentido de pertenencia. ¿Cómo leer las dramáticas migraciones de nuestro tiempo en esta clave de esperanza y de sólidas raíces en la vida? ¿Qué decir de los exilios emocionales, de los vacíos sin cuento que afectan a millones de seres humanos, de sus soledades y destierros?

La esperanza cristiana no puede ser ni ingenua ni desentendida de las realidades humanas que esperan sentido y liberación. Una mentalidad teológica que ya no es relevante insistió casi exclusivamente en una salvación sobrenatural desconociendo la fuerza histórica de la revelación bíblica, con esto se espiritualizó en exceso el mensaje cristiano y se desencarnó al mismo Jesús, incurriendo gravemente en la herejía de considerarle como verdadero Dios y aparentemente humano[7]. Esto deriva en un cristianismo deshistorizado, que absolutiza unos estilos religiosos que en su momento tuvieron peso y fueron significativos pero que ya no resultan relevantes para la sensibilidad de la cultura contemporánea. La antropología bíblica, de carácter muy sólido en su comprensión integral del ser humano, nos remite a lo concreto, a lo existencial, a lo histórico, a la misma realidad en la que se encarna el mensaje de la fe[8].

Sobre esta base, es imperativo en el cristianismo identificar responsablemente las búsquedas de sentido de los diferentes colectivos sociales y religiosos, también las realidades que los afligen y desencantan. A esto dedica el Concilio Vaticano II uno de sus núcleos más significativos, principalmente en la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Moderno, “Gaudium et Spes”. Con esta mentalidad, en la Iglesia se “canoniza” la inserción en el mundo real, la famosa “Iglesia en salida” del Papa Francisco, la interpretación de los signos de los tiempos, la encarnación en medio de la humanidad que ríe y llora, que es libre y sometida, que se realiza pero que también fracasa[9]. Jesús y su evangelio son para este mundo la Palabra que sana, que reconstruye, que purifica, que libera, que redime.  Esa es la raíz de nuestra esperanza, la que enfatizamos en este tiempo de Adviento, la cercanía de Dios, su contundente lógica encarnatoria.

¿Cómo canalizar, desde la fe cristiana, este sentido de solidaridad? ¿Cómo no hacer lejanos estos clamores? ¿Cómo traerlos a nuestro proyecto de vida? ¿Cómo integrar en nuestras más serias preocupaciones este desafío de projimidad? La Palabra, proclamada por Isaías en los lejanos tiempos bíblicos, tuvo la pretensión de ser profecía de liberación histórica; ahora la proponemos en este siglo XXI, para que incida en la esperanza real de las comunidades vulnerables de hoy. ¡Dios siempre viene para ser liberador!

Juan el Bautista, promotor de una radical renovación de la fe judía de aquellos tiempos de Jesús, se interesa en el ministerio de este: “Juan, que en la cárcel había oído hablar de las obras de Cristo, envió a sus discípulos a preguntarle: ¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro? Jesús les respondió: Vayan y cuenten a Juan lo que oyen y ven: los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan y se anuncia a los pobres la Buena Nueva… ¡Y dichoso aquel a quien yo no le sirva de escándalo![10] .

La respuesta  de Jesús dejó desconcertado al Bautista,  esperaba un Mesías que vendría a implantar el juicio riguroso de Dios en contra del pecado del mundo, y lo que se encuentra es un Mesías entregado de lleno a curar heridas, a aliviar sufrimientos, a reivindicar prostitutas, a defender a los pobres, a denunciar las inconsistencias de la religión, a ejercer la misericordia, a dar el mensaje del favoritismo de Dios hacia los condenados de la tierra, sin preocuparse mucho de la promoción de los rituales religiosos del judaísmo legalista de aquel tiempo[11]. Eso, trasladado a nuestros tiempos, es lo que hace decir al Papa Francisco que la Iglesia debe ser “hospital de campaña”, al que puedan llegar sin temor todos los adoloridos de la historia, con la esperanza de encontrar en ella salud, respeto, delicadeza, atención y cuidado: ¡son las señales del Reino![12]

Jesús no se siente enviado por un juez implacable a condenar al mundo. Con su sorprendente respuesta a los discípulos de Juan, Jesús desarma el imaginario colectivo de un Mesías reformador religioso-moral, o de un poderoso vengador de las afrentas que se hacen a Dios, y se presenta como un restaurador del ser humano en toda su integridad, dando a entender que el proyecto de Dios es la plenitud de la humanidad aquí en esta historia concreta y, por supuesto, proyectada a la trascendencia y consumación definitivas cuando pasemos la experiencia de la muerte para vivir en la vitalidad inagotable del Padre[13].

Con esto, captamos el genuino contenido de la esperanza cristiana, que tiene incidencia directa en la transformación de las condiciones de opresión y de injusticia que padecen millones de seres humanos, que asume una responsabilidad particular con la dignidad de toda persona, con la protección de la vida en sus variadas y ricas manifestaciones, que propende por un mundo incluyente y equitativo, anticipando así en bienaventuranzas históricas las que han de ser las definitivas en ese futuro decisivo que nos inserta eternamente en el misterio maravilloso del amor de Dios[14].

También, siguiendo el texto de Mateo, cabe advertir la alusión que hace Jesús a Juan el Bautista: “¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña agitada por el viento? ¿Qué salieron a ver, si no? ¿Un hombre elegantemente vestido? Sepan que los que visten con elegancia están en los palacios de los reyes. ¿Entonces, a qué salieron? ¿A ver un profeta? Sí, les digo y más que un profeta[15]. Jesús reconoce en el Bautista al hombre de Dios, austero, coherente y movido por una total sinceridad teologal. La acción salvadora de Dios no sucede de modo mágico, remediando al punto las inagotables necesidades humanas. Él se vale de nosotros para que seamos los trabajadores de su reino, para que nos involucremos con todos los prójimos que aguardan respuestas, solidaridades, amores eficaces, así nos invita a vivir en esperanza activa: “Hermanos, tengan, pues paciencia, hasta la venida del Señor. Fíjense en el labrador, que espera con paciencia que la tierra dé su precioso fruto, hasta recibir las lluvias tempranas y tardías. Tengan también ustedes paciencia y fortalezcan su ánimo, porque la venida del Señor está cerca” [16].

 

[1] BOFF, Leonardo. Jesús, un hombre de extraordinario buen sentido, fantasía creadora y originalidad. Capítulo V del libro Jesucristo Liberador: ensayo de cristología crítica para nuestro tiempo. Sal Terrae. Santander, 2009. SILANES SANZ, Nereo. Originalidad del Dios revelado en Jesucristo. En https://www.radoctores.es/doc/1V8N1-silanes-diosreveladoenjesucristo.pdf LOI, Salvatore. Originalidad cristiana y liberación humana. En https://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol15/60/060_loi.pdf  TORRES QUEIRUGA, Andrés. Recuperar la salvación. Encuentro. Madrid, 1979. SCHYLLEEBECKX, Edward. Jesús, historia de un viviente. Trotta. Madrid, 2011. MOINGT, Joseph. El hombre que venía de Dios (2 volúmenes). Desclée de Brower. Bilbao, 1998. COSTADOAT, Jorge. Cristo liberador, mediador absoluto del reino de Dios. En Revista Teología y Vida volumen XLIX números 1-2, páginas 97-113. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, 2008. SOBRINO, Jon. El Jesús histórico nos llama a l discipulado en América Latina y el Caribe. En Revista Theologica Xaveriana volumen 57 número 161, páginas 127-158. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, enero-marzo 2007.

[2] SICRE, José Luis. El desarrollo de la esperanza mesiánica en Israel. En Revista Cuestiones Teológicas volumen 34, número 82, páginas 249-256. Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, junio-diciembre 2007. SORJ, Bernardo. Judaísmo para todos. Centro Edelstein de Investigaciones Sociales. Río de Janeiro, 2011. RODRÍGUEZ LÁIZ, Ana. El Mesías, hijo de David. Verbo Divino. Estella, 2010. SANTALA, Risto. El Mesías en el Antiguo Testamento a la luz de los escritos rabínicos. En https://www.ristosantala.com/rsla/MesiasAntiquo_ESp.pdf

[3] NOTH, Martin. Historia de Israel.  Garriga. Barcelona, 1966. SCHWANTES, Milton. Sufrimiento y esperanza en el exilio: historia y teología del pueblo de Dios en el siglo VI a.c. En https://www.dioscaminaconsupueblo.files.wordpress.com/2013/10/sufrimiento-y-esperanza-en-exilio.pdf

[4] LASTRA, Soledad. Exilios: un campo de estudios en expansión. CLACSO. Buenos Aires, 2018. AGUIRRE, Arturo; SÁNCHEZ CUERVO, Antolín; RONIGER, Luis. Tres estudios sobre el exilio: condición humana, experiencia histórica y significación política. EDAF. Puebla, 2014. CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA. Exilio colombiano; huellas del conflicto armado más allá de las fronteras. CNMH. Bogotá, 2018. COMISIÓN DE LA VERDAD. La Colombia fuera de Colombia: las verdades del exilio. Comisión de la Verdad. Bogotá, 2022.

[5] Isaías 35: 10

[6] Isaías 35: 2

[7] Se conoce con el nombre de DOCETISMO esta manera de interpretar a Jesús, exalta su divinidad, oscurece su humanidad. Es una presentación insuficiente, tiene consecuencias fatales para la pastoral y para la teología, porque lleva a un cristianismo sobrenaturalista sin fuerza histórica de liberación. PRÓSPERI, Germán Osvaldo. Y el Verbo se hizo fantasma; la anticristología docetista en el Adversum Marcionem de Tertuliano. En https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.9891.pdf  DUSSEL, Enrique. El dualismo en la antropología de la cristiandad. Guadalupe. Buenos Aires, 1974. ELLACURÍA, Ignacio. Historicidad de la salvación cristiana. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/1035/1/RLT-1984-001-A.pdf

[8] BAENA, Gustavo. Fenomenología de la revelación. Verbo Divino. Estella, 2014. PIKAZA, Xabier. Antropología Bíblica. Sígueme. Salamanca, 2006. CASCANT RIBELLES, José. La estructura de la persona humana en el origen (estudio exegético de los relatos de la creación del hombre). Tesis para optar al título de doctor en teología. Universidad de Navarra. Pamplona, 1991. DÍAZ, Carlos. La persona como don. Desclée de Brower. Bilbao, 2001.

[9] BERRÍOS, F.; COSTADOAT, J; GARCÍA, D. Signos de estos tiempos: interpretación teológica de nuestra época. Universidad Alberto Hurtado. Santiago de Chile, 2008. SEGUNDO; Juan Luis. Revelación, fe y signos de los tiempos. En ELLACURÍA, Ignacio; SOBRINO, Jon. Mysterium Liberationis. Conceptos Fundamentales de la Teología de la Liberación (Volumen 1), páginas 443-466. UCA Editores. San Salvador, 1999. QUINZÁ, Xavier. Los signos de los tiempos como tópico teológico. En Revista Estudios Eclesiásticos número 65, páginas 457-468. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 1990.

[10] Mateo 11: 2-6

[11] CASTILLO, José María. La alternativa cristiana. Sígueme. Salamanca, 1981. APARICIO MALO, José Manuel. Cristianismo y ética social. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2016. GIRÓ y PARIS, Jordi. El proyecto humanista del cristianismo. Ediciones Calasancias. Madrid, 2019. KASPER, Walter. El desafío de la misericordia. Sal Terrae. Santander, 2015. RENAU, Jesús. Desafiados por la realidad: la enseñanza social de la Iglesia. Sal Terrae. Santander, 1994. SOCIEDAD ARGENTINA DE TEOLOGÍA. De la esperanza a la solidaridad. XX Semana Argentina de Teología. Pontificia Universidad Católica Argentina. Buenos Aires, 2002. DE VELASCO GOGENOLA, Juan María. La solidaridad cristiana: modelo ético propuesto por el magisterio pontificio postconciliar. En Revista Fomento Social volumen 73 número 2, páginas 387-411. Provincia de España de la Compañía de Jesús. Madrid, 2018.

[12] LUCIANI, Rafael. La Iglesia, hospital de campaña tras una batalla. Reflexiones abiertas  sobre la conversión pastoral en tiempos de pandemia. En https://www.revista.clar.org/index.php/clarartcle/view/844/770  SÁNCHEZ, Peio (Coordinador). Proyecto Hospital de Campaña: una propuesta hacia las periferias. PPC. Madrid, 2018. GARCÍA MAESTRO, Juan Pablo. La reforma misionera de la Iglesia: una Iglesia en salida. Aula de Teología de la Universidad de Cantabria. Santander, 2017. MADRIGAL TERRAZAS, Santiago. Iglesia en salida: la misión como tema eclesiológico. En Revista Teológica de Cataluña volumen 40 número 2, páginas 89-121. Facultad de Teología de Cataluña. Barcelona, 2015.

[13] TAMAYO-ACOSTA, Juan José. Para comprender la escatología cristiana. Verbo Divino. Estella (Navarra), 2003. CASTRO CAVERO, José Manuel. La esperanza: fundamentos antropoteológicos. En https://www.mdc.ulpgc.es/utils/getfile/collection/ralmo/id/142/filename/143.pdf

[14] ALFARO, Juan. Hacia una teología del progreso humano. Herder. Barcelona, 1980. MATEOS, Juan: CAMACHO, Fernando. El horizonte humano: la propuesta de Jesús. El Almendro. Córdoba, 1992.

[15] Mateo 11: 7-9

[16] Santiago 5: 7-8

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