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Diciembre 12: La predicación del Bautista

Lucas 3:10-18, domingo, diciembre 12 de 2021 Por: Luis Javier Palacio, SJ  Lucas es el evangelio que más nos detalla la predicción del Bautista en cierto paralelo con la de Jesús. Las enseñanzas del evangelio de hoy están alineadas, en buena parte, con la predicación de Jesús: partir la túnica con otros, repartir los alimentos, no cobrar los publicanos más de lo convenido, no extorsionar ni denunciar falsamente y contentarse con lo recibido, por parte de los soldados. En la segunda parte del evangelio, el Bautista se expresa sobre Jesús como un agricultor que separa la paja del trigo con el bieldo, separando metafóricamente los arrepentidos de los no-arrepentidos para enfatizar el juicio de los últimos. Pero de fondo hay una diferencia fundamental: Jesús pide la conversión, no para evitar el juicio, como hacía el Bautista, sino porque ya viene o ha llegado el reinado de Dios. El Bautista es pesimista y Jesús es optimista: confía y espera la conversión de todos. Un Dios paciente que sabe esperar; salvar, no condenar. Elohim como justicia, en el Antiguo Testamento, no dejaría nada impune pues dejaría de ser Dios. Pero Yahvéh, como misericordia, entraba a menudo en conflicto con la justicia. Es el caso de Sodoma y Gomorra o cede a Abrahán y en el pacto de Noé, se arrepiente de haber castigado a la humanidad. La imagen del bieldo ha sido interpretada como proceso mismo de la cosecha o como final de ella. Es decir, que ya la cosecha se ha dado (el fin ha llegado) y el trigo y la paja han sido separados, el trigo ha sido almacenado en el granero y la paja está lista para el fuego. También el judaísmo se debatía entre la paciencia y la impaciencia de Yahvéh con la humanidad. En la época de Jesús, alimentada con la literatura apocalíptica, la tendencia era a creer que el fin había llegado, la paciencia de Yahvéh se había agotado y el juicio era inminente. Ordinariamente, en un país semidesértico como Israel, la paja alimentaba el fuego para cocinar; no era, pues, totalmente inútil. Como lo expresa el dicho campesino: “Pilar por el afrecho”.
En el juicio de las naciones del evangelio de Mateo, el fuego eterno no era para los malos: “Entonces dirá también a los de su izquierda: “Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el Diablo y sus ángeles” (Mt 25:41), no se esperaba que fuera ese su destino. Algunos comentaristas hablan de dos herramientas de la agricultura de la época: una para aventar el trigo trillado y otra para apilar la paja separada. Bieldo, según el diccionario de María Moliner, tiene un sentido tan amplio que registra los siguientes sinónimos: bielda, bielga, bielgo, cargador, escarpidor, forqueta, gario, horca, horcón, mielga, sacadera, sarde, tarara, tornadera, trente, tridente, volvedera. Jesús, en su predicación, si bien usa la imagen del sembrador para hablar de la evangelización, esparciendo la semilla aquí y allá, también habla de la evangelización como cosecha, como mies que está ya lista para la siega. Si los hombres se han separado, lo han hecho por su cuenta, no porque Yahvéh lo hubiera hecho. Los judíos, con su idea de pueblo elegido, terminaron, en buena medida, entendiéndolo como un privilegio en vez de una misión; como un mérito en vez de un deber moral. Se refleja en la doble interpretación de la bendición de Abrahán: a) te bendeciré entre las naciones y b) por ti serán benditas las naciones. Podría pensarse que, frente al bautismo de Juan, las personas mismas establecen la diferencia entre trigo y paja. Quien se bautiza se declara trigo y quien no lo hace se declara paja. Pero el Bautista expresa las limitaciones de su bautismo. Es necesario algo más operativo como es el bautismo “en Espíritu Santo y en fuego”. Ese Espíritu del que los bautizados en el bautismo de Juan no habían oído hablar como los creyentes de Éfeso que encuentra Pablo. En otras palabras, que, como lo dice el evangelio de Juan, es el hombre quien se hace su propio juicio. La imagen del juicio en el Bautista difiere de la misma idea en Jesús. ¿Cómo hacer que el juicio sea de salvación y no de condenación?, ¿que sea de diagnóstico y no de desahucio? Haber asimilado el juicio divino al juicio civil llevó más a oscurecerlo que a aclararlo. El juicio del derecho romano era legal pero a menudo injusto[1].  Su principio “a cada quien lo suyo” mantenía el statu quo y no llevaba a una sociedad nueva (reinado de Dios en la predicación de Jesús).
Flavio Josefo, el mejor historiador judío, presenta una imagen simpática de Juan el Bautista, llamándolo “hombre bueno”. Menciona que exhortaba a los judíos a llevar una vida recta, practicar la justicia y piedad hacia sus semejantes y llamaba al bautismo. Sin embargo, señala que la predicación del Bautista hace temer a Herodes Antipas de que pueda levantar una sedición contra él. Sólo en el evangelio de Lucas se registra la recomendación del bautista a los soldados, que estaban al servicio de Roma, como estaba Herodes. La situación de los soldados romanos era bien especial y tenían sus privilegios. El imperio romano, el más grande de la historia occidental (llegó a dominar 35 millones de kilómetros cuadrados) tenía como base un ejército regular asalariado. Hizo de las armas una profesión. Pero había descontento, según testimonios de la época, que pedían “jubilarse” a los 16 años de servicio. Los judíos estaban exentos del servicio militar pues no eran confiables para los romanos. Los cristianos, durante al menos cuatro siglos, rehusarán tomar las armas al servicio del imperio, hasta terminar formando parte del imperio, luego de Constantino y Teodosio. En este sentido las palabras del Bautista “ No hag áis extorsión a nadie, ni denunciéis falsamente, y contentaos con vuestra soldada” parecen poco proféticas y condescendientes con el poder romano. 
Sin embargo, como judío, el Bautista tenía otra idea. El verdadero mesías, el verdadero rey de Israel no era Herodes ni sus dependientes sino el que vendría, de quien no se sentía digno de desatar sus sandalias. La idea judía era que vendría como salvador y como juez. Como antes se dijo, juntar ambos aspectos no era fácil. ¿Juez solamente para los extranjeros y salvador para los judíos?, ¿juez para todos por igual y salvador para todos por igual? Muchas ideas centrales del judaísmo estaban en juego. La universalización del cristianismo viene más por Pablo que por “los doce”. “ Porque  él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad”  (Ef 2:14). Se decía que los judíos amaban tanto a su pueblo que odiaban a los demás pueblos. “Y a no hay jud ío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”  (Gal 3:28). Expresiones difíciles de encontrar en los evangelios. El Bautista critica a Herodes como Elías (personaje muy querido para los judíos) critica al rey Ajab y paga el precio por ello. Elías será perseguido básicamente por Jezabel, esposa de Ajab. La vida, predicación y enseñanzas de Jesús no serán en este sentido muy diferentes de las del Bautista. La justicia de Dios no vendrá por las riquezas ni el poder que despliega este mundo sino a través del amor sacrificial (ágape) que tendrá su máxima expresión en la cruz (suena contradictorio). El Bautista pide conversión, no cambio de oficio o profesión. También Pablo, a pesar de que pensaba que el tiempo final se acercaba, decía: “Por lo demás, que cada uno viva según la condición que el Señor le asignó, cada cual como era cuando Dios le llamó. Esto es lo que prescribo en todas las Iglesias” (1 Co 7:17). Concorde con la predicación de los profetas, a todo creyente le toca preferir la misericordia a los holocaustos, defender la viuda el huérfano y el extranjero como los preferidos de Yahvéh, seguir a Jesús y su paciencia más que al Bautista y su impaciencia respecto al juicio.
 
[1] Por ejemplo, según Celso, los cristianos eran ateos por no adorar los dioses nacionales; los gentiles eran blasfemos por no adorar a Yahvéh; los gentiles lo eran por no aceptar a Cristo como Dios.

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