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Diciembre 25: “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad”

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Comunitas Matutina 25 de diciembre 2022
Solemnidad Del Nacimiento del Señor Ciclo A

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

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Lecturas:

  1. Isaías 52: 7-10
  2. Salmo 97
  3. Hebreos 1: 1-6
  4. Juan 1: 1-18

En los imaginarios dominantes en la sociedad y en los medios religiosos se tiene a Dios como soporte del “orden establecido”, como origen de la autoridad, como sustento de todas las normativas y reglamentos que deben seguir los seres humanos para adaptarse dócilmente a los diversos sistemas de organización.[1] Muy poco se piensa sobre el carácter “revolucionario” de este Dios personal, nos estamos refiriendo al que se nos ha revelado en Jesús.[2] Sucede que a Dios y a las mediaciones religiosas se les ha utilizado para justificar ordenamientos que a menudo resultan “desórdenes” que no favorecen la felicidad y la plenitud de los humanos, injusticias, dominaciones, autoritarismo, verticalidades, disminuciones que afectan cualitativamente el sentido de la vida. Pero nuestro Dios, el de Jesús, no es así, no procede así.

Celebrando Navidad tenemos que decir que no hay nada más revolucionario que la humanización de Dios, trastoca por completo los esquemas habituales de lo que debe ser Dios. En este caso, admirable es un Dios que se inserta en la fragilidad del hogar de José y María, que discurre durante nueve meses en el seno de su madre, coexiste con toda esa pobrecía de Belén y Nazaret, sin aparentar nada, siendo un genuino pobre, como todos los que en el mundo son y han sido de esa misma condición. Esta humanidad de Dios es absolutamente sorprendente y marca un nuevo modo de proceder suyo, que no es el del esplendor de los poderosos. Dios sin riquezas, Dios sin ejércitos, Dios cuyos tronos son un humilde potrero en las afueras de Belén y una trágica cruz fuera de los muros de Jerusalén.[3] Dios reconocido por unos seres marginales como los pastorcitos humildes, o los “magos” venidos del extranjero, que simbolizan la humanidad entera y la universalidad de esta apasionante aventura teologal que llamamos la Buena Noticia. Esa humanización de Dios es el más certero modo para dignificar al ser humano, para redimirlo de sus cautividades, para hacerlo radicalmente nuevo y proyectarlo en plenitud hasta más allá de la historia. [4] La Orden Franciscana y todas las congregaciones religiosas que se inspiran en el carisma del santo de Asís designan como MINORIDAD a un elemento sustancial de su espiritualidad, el ser menores con los pequeños del mundo, el achicarse, el no invocar honores mundanos, en suma, el anonadamiento como contraste profético con las vanidades de la humanidad.

Con la encarnación y nacimiento de Jesús, también con toda su historia, Dios deshace los esquemas humanos de grandeza y majestad. Su sacralidad toca tierra, toca fragilidad, toca lo mínimo de la sociedad, desbarata las pretensiones de vanagloria y honra y nos lanza a la sabiduría de lo esencial. Es la minoridad de Dios, esta es la revolución que introduce el cristianismo en la historia: “Y nosotros, preguntémonos, ¿sabemos acoger este camino de Dios? Es el desafío de Navidad: Dios se revela, pero los hombres no lo entienden. Él se hace pequeño a los ojos del mundo y nosotros seguimos buscando grandeza según el mundo, quizá incluso en nombre suyo. Dios se abaja y nosotros queremos subir al pedestal. El Altísimo indica la humildad y nosotros pretendemos brillar. Dios va en busca de los pastores, de los invisibles; nosotros buscamos visibilidad, hacernos notar. Jesús nace para servir y nosotros pasamos los años persiguiendo el éxito, Dios no busca fuerza y poder, pide ternura y pequeñez interior”. [5]

Por las primeras lecturas del tiempo de Adviento, ya estamos familiarizados con los textos del profeta Isaías, un testigo de la esperanza en Dios, un auténtico comunicador de la libertad definitiva que viene de Él. [6] El genuino anuncio del cristianismo ha de ser un anuncio de libertad y liberación. No estamos en la historia para agobiar a nuestros semejantes sino para promoverlos en su dignidad y en su autonomía. Eso hizo este profeta en su tiempo. Dos imágenes enmarcan esta lectura: la de los mensajeros que corren anunciando esta noticia de libertad, y la de los centinelas que expresan su júbilo porque ven el retorno de Yahvé a Sión. Como en los domingos anteriores, el libro de Isaías registra la gozosa expectativa por el retorno de los israelitas, luego del penoso cautiverio en Babilonia. Miremos en este exilio forzoso, con su fuerte carga de dramatismo y sufrimiento, un prototipo de todas las penurias que padece la humanidad en muchos lugares del mundo. El texto de este profeta es un feliz anticipo de lo que celebramos : la concreción definitiva de las promesas de Dios a su pueblo y a toda la humanidad, que busca infatigablemente un sentido pleno de la vida. [7]

Las palabras de Isaías son precursoras de estos acontecimientos, buena noticia de vida y de salvación: “Qué hermosos son sobre las montañas los pasos del que trae la buena noticia, del que proclama la paz, del que anuncia la felicidad, del que proclama la salvación y dice a Sión: ¡tu Dios reina!” [8].

En esa lógica entendemos la feliz noticia de Navidad, la de Dios que se significa con eficacia en lo humano, en su historia, en las experiencias concretas de la vida. Dicho con palabras de mayor calado teológico: la humanidad es la sacramentalidad de Dios. Por eso, el divino Jesús es al mismo tiempo el humano Jesús, elemento esencial de nuestra fe que también nos permite dar un nuevo significado a nuestra condición humana. Gracias a él tenemos vocación de divinidad y de eternidad.[9]

El Dios cristiano no transita por abstracciones, es humano, demasiado humano, se encarna, se implica, asume, se compromete, se hace todo con todos, sana, perdona, libera, reconfigura, rescata lo perdido por la muerte y el pecado, sintoniza con todos los que esperan, responde a sus demandas, no es indiferente a soledades y abandonos, es un Dios contagioso de vida y de dignidad. Este es a quien celebramos en Navidad, este es Aquel en quien descubrimos la plenitud de nuestra condición humana: “Y la palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Y nosotros hemos visto su gloria, la gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad” [10]

Este himno del capítulo 1 de Juan posee una dinámica descendente. Esa palabra preexistente, junto a Dios y antes de todos los tiempos, puso su morada entre nosotros, se hace carne e historia demostrando que lo prioritario en sus intenciones es hacer nuevo al ser humano, redimirlo de todo límite y precariedad, depositando en cada uno la señal de su divinidad. Dios se hace hombre, asume nuestra limitación y temporalidad, para hacernos infinitos e ilimitados.[11]

Esta revolución encarnatoria de Dios no puede ser inútil, aún a pesar del trabajo de muchos humanos para desencarnarlo, para distanciarlo de la realidad, para dulcificar la profecía de Jesús – “bálsamos” espirituales dicen muchos piadosamente – , para rebajar la potencia profética de su mensaje, para disolver la contundente elocuencia “carnal” del niño nacido en Belén. Eso es a lo que nos referimos con “Iglesia en salida”, “Pastores con olor a oveja”, “Opción preferencial por los pobres”, “Revertir la cultura clerical”. El misterio de la encarnación ha de traducirse en una Iglesia, en unas comunidades cristianas, en unos pastores, todos con sabor a historia y a realidad, unas veces insertos en el doloroso dramatismo de la cruz – viviéndola sin rodeos – y otras celebrando las grandes fiestas de la liberación. [12]

“Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado. Vida de mi vida, mi dueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano”, [13] se dice con ingenua belleza en la tradicional novena navideña, sencilla expresión y de certeza que hace patente la plenitud que Dios nos comunica en su palabra hecha historia y condición humana.

Navidad es fiesta de humanización plena, celebra lo más propio de nuestra condición: el amor, la búsqueda afanosa del sentido de la vida, las felicidades y las plenitudes, los seres humanos concretos con quienes hacemos nuestros territorios de afectos y comunión, la pasión por la justicia y por la dignidad, la gran faena de ser libres, la denuncia profética de las esclavitudes, la erradicación del pecado que frustra nuestra realización. Esta narrativa liberadora sucede definitivamente en la adorable persona de Jesús, Palabra plena de Dios: “Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros”. [14]

Respetando la libertad religiosa de todos los seres humanos, sagrado derecho, ¿qué podemos hacer humildemente para confrontar el acendrado paganismo de estas fiestas navideñas? El Niño de Belén, el Dios humanizado, nos bendiga a todos siempre.

 

[1] LARA MARTÍNEZ, Laura. Mesianismo político y legitimación religiosa: las dictaduras franquista y chilena. En https://www.cdsa.aacademica.org/000-062/1711.pdf SAAVEDRA BUITRAGO, Iván Camilo. Influencia de la religión en la política y su posición respecto a la configuración de la oposición política en Colombia. En Revista Derecho y Realidad número 22, páginas 91-112. Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia UPTC. Tunja, II semestre de 2013. GONZÄLEZ, Fernán. Poderes enfrentados: Iglesias y estado en Colombia. Anthropos. Bogotá, 1997. RODRÍGUEZ MONTERO, Ramón. Poder político y religión en Roma: descripción histórica de una relación. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/61893905.pdf

[2] PÉREZ ANDREO, Bernardo. La revolución de Jesús: el proyecto del Reino de Dios. PPC. Madrid, 2018. CROSSAN, John Dominic. Jesús, biografía revolucionaria. Grijalbo Mondadori. Barcelona, 1996; Vida de un campesino judío. Crítica. Barcelona, 1994. KÜNG, Hans. Jesús. Trotta. Madrid, 2014. MEIER, J.P. Un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico (5 volúmenes). Verbo Divino. Estella, 2004. AGUIRRE MONASTERIO, Rafael. Aproximación actual al Jesús de la historia. En Cuadernos de Teología Deusto No. 5. Universidad de Deusto. Bilbao, 1996. DUQUOC, Christian. Jesús, hombre libre. Sígueme. Salamanca, 2005.

[3] HERRERO DE MIGUEL, Víctor. La pequeñez de Belén o la grandeza del corazón humano. En https://www.repositorio.comillas.edu/xmlui/bitstream/handle/11531/54831/Belen.pdf?sequence=.1-1 CARTER, Warren. Mateo y los márgenes: una lectura sociopolítica y religiosa. Verbo Divino. Estella, 2007. MICÓ, Julio. Menores y al servicio de todos: la minoridad franciscana. En https://www.franciscanos.org/temas/micotemas09.htm SALVAT I FERRER, Ignasi. Encarnación y Misión. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 1996. GUERRA, Santiago. Jesús, la pobreza y los pobres. En https://www.revistadeespiritualidad.com/upload/pdf/792articulo.pdf GUTIÉRREZ MERINO, Gustavo. En busca de los pobres de Jesucristo: el pensamiento de Bartolomé de Las Casas. Centro de Estudios y Publicaciones CEP. Lima, 2002. TRIGO, Pedro. El Dios de los pobres. En https://www.redicces.org.sv/jspui/bitstream/10972/2277/1/RLT-2012-087-A.pdf DUPONT, Jacques. El mensaje de las bienaventuranzas. Verbo Divino. Estella, 1978. SCHÜRMANN, Heinz. El destino de Jesús: su vida y su muerte. Sígueme. Salamanca, 2003.

[4] CASTILLO, José María. La humanización de Dios: ensayo de cristología. Trotta. Madrid, 2010; La humanidad de Dios. Trotta. Madrid, 2012; La humanidad de Jesús. Trotta. Madrid, 2017. URÍBARRI BILBAO, Gabino. La singular humanidad de Jesucristo. San Pablo-Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2008.

[5] PAPA FRANCISCO. Homilía en la Natividad del Señor, 24 de diciembre de 2021.

[6] GUERRA SUÁREZ, Luis María. Isaías, profeta de la esperanza: Itinerario de la esperanza en tres etapas. En Revista Almogaren volumen 29 número 01, páginas 121-1 33. Centro Teológico de Las Palmas. Palma de Gran Canaria. CENTRO BÍBLICO VERBO DIVINO. Los profetas, hombres de Dios y hombres del pueblo. Verbo Divino. Quito, 2016. ELORZA, José Luis. Drama y esperanza: lectura existencial del Antiguo Testamento. Un Dios desconcertante y fiable: libros proféticos. Verbo Divino. Estella, 2014.

[7] NAVARRO, Rosana. De lo humano vulnerado a lo humano resignificado, desde la experiencia espiritual de Etty Hillesum. Publicado en Revista Cuestiones Teológicas volumen 42 número 97, páginas 2005-228. Facultad de Teología, Universidad Pontificia Bolivariana. Medellín, 2015. O´CALLAGHAN, Paul. Cristo revela el hombre al propio hombre. En Revista Scripta Theologica número 41, páginas 85-111. Universidad de Navarra. Pamplona, 2009. BLANK, Josef. Qué libertad nos ha dado Cristo? Dimensión teológica de la libertad. En https://www.seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol30/119/119_blank.pdf JUSTO, Emilio. La libertad de Jesús. Sígueme. Salamanca, 2014.

[8] Isaías 52: 7

[9] GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Olegario. Cristología. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2001. SOBRINO, Jon. Jesucristo liberador: Lectura histórico-teológica de Jesús de Nazareth. Trotta. Madrid, 1993. JUAN PABLO II. Carta Encíclica Redemptor Hominis El redentor del hombre (es la primera encíclica de su ministerio pontificio). Tipografía Vaticana. Roma, 1979. MARTÍN DESCALZO, José Luis. Vida y misterio de Jesús de Nazareth. Sígueme. Salamanca, 1995. MAGNIN, Lucas Luciano. Misterio divino y humano: un diálogo cristológico entre los Evangelios Sinópticos y Juan. En Revista Albertus Magnus volumen XI número 1, páginas 1-20. Universidad de Santo Tomás. Bogotá, 2020. PIKAZA, Xabier. Este es el hombre: manual de Cristología. Secretariado Trinitario. Salamanca, 1997. SANDERS, E.P. La figura histórica de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2000.

[10] Juan 1: 14.

[11] SARASA GALLEGO, Luis Guillermo. El prólogo de Juan: un principio y fundamento. En Revista Cuestiones Teológicas volumen 39 número 91, páginas 99-117. Universidad Pontificia Boliviariana, Facultad de Teología. Medellín, enero-junio 2012.

[12] ELLACURÍA, Ignacio. Conversión de la Iglesia al Reino de Dios: para anunciarlo y realizarlo en la historia. Sal Terrae. Santander, 1990. MORACHO, Félix. Nueva evangelización y catequesis en una Iglesia toda ella para el Reino. San Pablo. Bogotá, 1996. CASTILLO, José María. La alternativa cristiana. CONGAR, Yves. Por una Iglesia servidora y pobre. San Esteban. Salamanca, 2014. MONTERO CÓRDOVA, Oscar. Una Iglesia diaconal para una Iglesia de los pobres en América Latina. En Revista Reflexiones Teológicas número 7, páginas 81-94. Revista de estudiantes de la Facultad de Teología. Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2011. AUTORES VARIOS. Diakonía: el servicio en la Biblia. Verbo Divino. Estella, 2013.

[13] Novena tradicional de Navidad.

[14] Juan 1: 14.

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