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Febrero 26: “Jesús le contestó: Vete, Satanás, porque la Escritura dice: Adora al Señor tu Dios, y sírvele sólo a Él”

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Comunitas Matutina 26 de febrero 2023
I Domingo de Cuaresma – Ciclo A

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

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Lecturas:

  1. Génesis 2: 7-9 y 3:1-7
  2. Salmo 50: 3-6;12-14 y 17
  3. Romanos 5: 12-19
  4. Mateo 4: 1-11

Empieza cuaresma 2023: ¿nos vamos a reducir a prácticas puntuales como la abstinencia de carne los días viernes, fuera de un contexto de conversión, junto con alguna esporádica penitencia? ¿Más simplismos que evaden las cuestiones fundamentales de la vida? O, mejor, ¿nos vamos a sumergir en la realidad honda de lo que somos y hacemos, y nos vamos a encontrar en las honduras de nuestra conciencia con el Dios siempre mayor, que nos interroga acerca de la orientación de nuestra libertad? ¿Qué tipo de ser humano somos? ¿Qué tipo de ser humano estamos llamados a ser? ¿Cuáles son los referentes de las diversas alternativas que se nos proponen como camino de realización? ¿Detectamos con inteligencia espiritual unas y otras propuestas y sabemos discernir lo que en ellas nos lleva a la plenitud o nos hace fracasar? ¿Es Dios para nosotros una retórica inerte, una costumbre social, un recurso apurado en momentos de angustia, nos dejamos llevar por prejuicios y estereotipos que nos llegan sobre la relación con Él? [1]

En cada ser humano alienta la vitalidad de Dios, que se traduce en la misión de seguir con la tarea divina de crear y recrear el mundo, transformándolo siempre para bien de toda la humanidad, con sus saludables implicaciones de comunión de bienes, de igualdad, de justicia, de solidaridad, de reconocimiento de la dignidad de cada persona y de todas las formas de vida, de sentido trascendente de la existencia. [2]

 Esta convicción está en los orígenes de la fe de Israel. La primera lectura de este domingo hace parte esencial del testimonio de las antiguas comunidades israelitas que dieron origen a estos textos. Dios especialista en vida, dador de la misma, tiene en el ser humano el mejor testimonio de su capacidad vivificadora: “Entonces Dios el Señor formó al hombre de la tierra misma, y sopló en su nariz y le dio vida. Así el hombre se convirtió en un ser viviente. Después Dios el Señor plantó un jardín en la región de Edén, en el oriente, y puso allí al hombre que había formado. Hizo crecer también toda clase de árboles hermosos que daban fruto bueno para comer” .[3]

Dentro de la dotación original que Dios confiere a la creatura está el don de la libertad, podemos decidir a favor o en contra de Dios, el Creador nos hace responsables de nuestro destino y de la marcha de la historia. Este elemento es esencial en la comprensión cristiana del ser humano: somos libres para Dios, para el amor, para la dedicación generosa a las demás creaturas, pero igualmente libres para el egoísmo y la injusticia. Misterio profundo que debe hacerse consciente en cada uno para ponderar los alcances de nuestras decisiones. Somos creados en libertad y para la libertad. [4]

Las lecturas de este domingo nos llevan a considerar la lógica de nuestra libertad, la formación de la misma, los criterios que la fundamentan, y el proyecto de vida de cada ser humano leído en esta clave determinante. ¿Nuestra libertad está convertida al amor y a la justicia de Dios? ¿Ella misma se orienta al bien de la humanidad y a hacer del mundo un ámbito de vida digna? ¿O de ella emanan males y violencias, destrucción de la creación, ofensa constante a las creaturas y a quien las sustenta, el Creador, egoísmos propios de la mediocridad que se vuelve usual, domesticados por el “sistema”? ¿Estamos en capacidad de detectar los mecanismos y motivaciones profundas que nos conducen a lo uno o a lo otro?[5]

Es permanente tentación de los humanos erigirnos como dioses, prescindir de la trascendencia, conocemos bien sus consecuencias. Entran en juego los argumentos de vanidad, la deificación del ser humano, el considerarnos la medida de todo, la arrogancia de quien se ve a sí mismo como imprescindible, el rechazo – o tal vez, ¿supina ignorancia? – de Dios como la instancia que hace plena nuestra humanidad.[6]

En la enseñanza de la tradición cristiana hablamos de pecado original, inherente a cada humano que viene a la vida. Para transmitirlo, la teología y la catequesis han acudido a las categorías de expresión propias de cada cultura y de cada momento de la historia, conscientes de que algunas de ellas son insuficientes para hacerlo relevante a los destinatarios del mensaje, de acuerdo con los lenguajes y sensibilidades de cada momento de la historia.

Conscientes de que todo lo que resulta de la acción creadora de Dios es bueno, no podemos permanecer con una visión del pecado original como mancha primera, antes de que la persona se implique en la vida y en el ejercicio de la libertad.[7] De lo que hay que hablar es de un pecado originante, de una tendencia que tenemos como consecuencia de la libertad. La “originalidad” de la disposición para pecar es justamente esta del ser humano que, en ejercicio de ese don, acepta o rechaza el carácter de Dios como principio y fundamento de su vida.

La primera lectura nos pone en contexto: “En medio del jardín puso también el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal” [8] y posteriormente dice: “¿Así que Dios les ha dicho que no coman del fruto de ningún árbol del jardín? …..Y la mujer le contestó: podemos comer del fruto de cualquier árbol, menos del árbol que está en medio del jardín. Dios nos ha dicho que no debemos comer ni tocar el fruto de ese árbol, porque si lo hacemos, moriremos. Pero la serpiente dijo a la mujer: No es cierto. No morirán. Dios sabe muy bien que cuando ustedes coman del fruto de ese árbol podrán saber lo que es bueno y lo que es malo, y que entonces serán como Dios” [9]

Es un recurso literario, propio de la antigua cultura hebrea en la que surgieron estos escritos, para expresar una verdad teológica y antropológica de fondo. Dios nos hace libres, expresión estupenda que refleja aquel: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza” [10], partícipes de su divinidad, libertad incluída. Esta, desconectada de su referencia teologal, va en contra de la realización plena del ser humano; frustra el proyecto de plenitud que Dios deposita en nosotros. [11]

Al mismo Jesús le suceden las propuestas del mundo, según lo refiere el clásico relato de las tentaciones, hoy en la versión de Mateo. ¿Cómo entiende Jesús su condición de Hijo de Dios? El relato de las tentaciones, puesto intencionalmente por el autor, antes del comienzo de su ministerio público, presenta su revelador talante teologal, su “modus operandi”, su estilo desposeído del vano honor del mundo.[12] Al final del relato, vamos a ver hacia dónde se orienta el mesianismo de Jesús. Sepamos leerlo entre líneas, con sutileza espiritual.

La primera tentación es utilizar al Padre en beneficio propio: “Si de veras eres Hijo de Dios ordena que estas piedras se conviertan en panes”. [13] Es la tentación de las necesidades imperiosas, la misma que sufrió el pueblo de Israel durante su largo trasegar por el desierto. Jesús en su humanidad experimenta fuertemente el asedio del mal espíritu, y debe discernir, para tomar finalmente la decisión de dar el primado de su vida a Dios. Entran aquí también todo el mundo de los intereses personales, de menor a mayor, y el olvido de la trascendencia hacia el Padre y hacia el prójimo. Jesús, con su rechazo contundente, nos indica el sesgo teologal de la libertad. Uno de los grandes legados del recientemente fallecido papa emérito Benedicto XVI es su incansable afirmación de la primacía de Dios en la vida del ser humano, como garantía de auténtica plenitud del mismo. [14]

Desconfiar de Dios y dar crédito exclusivo al esfuerzo humano, constituyéndonos nosotros en la medida de la vida. A esto Jesús responde: “No sólo de pan vivirá el hombre sino también de toda palabra que salga de los labios de Dios”.[15] Luego, el tentador le propone hacer su entrada triunfal en la ciudad santa, descendiendo de lo alto como Mesías glorioso, invocando el poder teologal. Nos pasa también, le pasa a la Iglesia cuando olvida el carácter “descalzo” de su ministerio, cuando no se despoja de estos privilegios y se sacraliza, cuando olvida al mismo Jesús. Por eso contesta con energía y libertad :”No pongas a prueba al Señor tu Dios”. [16]

Surge en el escenario el apetito desordenado de triunfar: “Finalmente, el diablo lo llevó a un cerro muy alto, y mostrándole todos los reinos del mundo y la grandeza de ellos, le dijo: Te daré todo esto, si te arrodillas y me adoras”. [17] Jesús rechaza tal condición citando Deuteronomio 6: 13: “Vete, Satanás, porque la Escritura dice: adora al Señor tu Dios y sírvele sólo a Él”.  [18]

El remate teológico- antropológico de estas lecturas lo da el texto de Romanos: cuando reconoce la tendencia que tenemos a desordenar el plan original de Dios: “Pero el delito de Adán no puede compararse con el don que Dios nos ha dado. Pues por el delito de un solo hombre muchos murieron, pero el don que Dios nos ha dado gratuitamente por medio de un solo hombre, Jesucristo, es mucho mayor y en bien de muchos”. [19]

Que sea esta nueva cuaresma un tiempo de reconfiguración teologal de nuestra existencia, identificando todo aquello que nos tienta para no hacerlo, soberanía radical,  como la del Señor Jesús.

 

[1] SAVATER, Fernando. Las preguntas de la vida. Ariel. Barcelona, 1999. ESTRADA, Juan Antonio. La pregunta por el hombre y las antropologías. En Revista Pensamiento volumen 71 número 269, páginas 1227-1237. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 2015. BUBER, Martín. Qué es el hombre? Fondo de Cultura Económica FCE. México D.F., 2005. LUCAS, Juan de Sahagún. Las dimensiones del hombre. Antropología filosófica. Sígueme. Salamanca, 1996; Dios, horizonte del hombre. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1994. AMENGUAL, Gabriel. Antropología filosófica. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2016. GEHLEN, Arnold. El hombre: su naturaleza y su lugar en el mundo. Sígueme. Salamanca, 1987. PANNENBERG, Wolfarth. Antropología en perspectiva teológica. Sígueme. Salamanca, 1993. STEIN, Edith. La estructura de la persona humana. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1998. ZUBIRI, Xavier. El hombre y Dios. Alianza Editorial. Madrid, 1984. RATZINGER, Joseph. Dios como problema. Cristiandad. Madrid, 1973.

[2] RATZINGER, Joseph. El Dios de la fe y el Dios de los filósofos. Encuentro. Madrid, 2006. ROVIRA BELLOSO, Josep María. Dios, plenitud del ser humano. Sígueme. Salamanca, 2013. GALEANO, Adolfo. Idea cristiana del hombre y ciberantropología. Ensayo de antropología latinoamericana. San Pablo. Bogotá, 1995. ZUBIRI, Xavier. Tres dimensiones del ser humano: individual, social, histórica. Alianza Editorial. Madrid, 2006. WOJTYLA, Karol. El hombre y su destino: ensayos de antropología. Palabra. Madrid, 2003.

[3] Génesis 2: 7-9

[4] MORENO ARANDA, José Luis. El proyecto de libertad en el Señor Jesús. Instituto Técnico de Estudios Superiores de Occidente ITESO. Guadalajara, 1990. ESTRADA, Juan Antonio. De la salvación a un proyecto de sentido. Desclée de Brower. Bilbao, 2018. LOBATO, Abelardo. La filosofía cristiana de la libertad. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/14796/1/filosofia-cristiana-libertad.pdf CARDENAL RICARDO BLÁZQUEZ PÉREZ. El sentido cristiano de la libertad. Ponencia presentada en el Encuentro Internacional de los Equipos de Nuestra Señora. Fátima, 16-21 de julio 2018. MOLTMANN, Jürgen. El cristianismo como religión de libertad. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/39061436.pdf PÉREZ NÚÑEZ, Juan. La libertad cristiana en la relación cristología-antropología según la teología de Walter Kasper. En Revista Veritas número 26, páginas 147-163. Pontificio Seminario Mayor San Rafael. Valparaíso, marzo de 2012. GAYOSO DONCÉ, Oscar. Significado teológico de la libertad en la Constitución Pastoral Gaudium et Spes del Concilio Vaticano II. Tesis para optar al grado de Licenciado en Teología. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, 2016.

[5] CASTILLO, José María. El discernimiento cristiano. Sígueme. Salamanca, 2007. RAMBLA, Josep Maria. Reglas de discernimiento, en Una manera de estar en el mundo: los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Mensajero. Bilbao, 2020; páginas 333-358. MARTIN, James. Más en las obras que en las palabras. Una guía ignaciana para (casi) todo. Sal Terrae. Santander, 2011. BRACKLEY, Dean. Discernir y decidir en Espiritualidad para la solidaridad : nuevas perspectivas ignacianas. UCA Editores. San Salvador, 2010; páginas 183-253.

[6] FERRY, Luc. El hombre-dios o el sentido de la vida. Tusquets. Barcelona, 1997. HARARI, Yuval Noah. De animales a dioses: breve historia de la humanidad. Debate. Bogotá, 2015. HOBSBAWM, Eric. Historia del siglo XX. Crítica. Barcelona, 1995. DÍAZ SALDAÑA, Omar. La Torre de Babel y la imagen del mundo moderno. En Revista El Hombre y la máquina número 23, páginas 70-83. Departamento de Filosofía Universidad del Valle. Cali, julio-diciebre 2004.

[7] SCHOONENBERG, Piet. El poder del pecado. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1970; El hombre y el pecado. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1971. REVISTA INTERNACIONAL DE TEOLOGÍA CONCILIUM. Número 304. El pecado original: un código de falibilidad? Verbo Divino. Estella, febrero 2004. FUENTES MENDIOLA, Antonio. El pecado original en la perspectiva de la economía salvífica. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83557816.pdf LADARIA, Luis F. Teología del pecado original y de la gracia. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 2019. GELABERT BALLESTER, Martín. Salvación como humanización. Esbozo de una teología de la gracia. San Esteban. Salamanca, 1985. GONZÁLEZ, Miguel. El pecado original: una confrontación entre Kant y Lutero. En Revista Teología y Vida volumen 61 número 2, páginas 217-241. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago, 2020.

[8] Génesis 2: 9

[9] Génesis 3: 1-5

[10] Génesis 1: 26

[11] MÚNERA DUQUE, Alberto. Pecado personal desde la comprensión del pecado original. Facultad de Teología Universidad Javeriana. Bogotá, 1982. GRELOT, Pierre. El problema del pecado original. Herder. Barcelona, 1970. McEVENUE, Sean. Violencia y mal en la Biblia. En FARMER, William R. Comentario Bíblico Internacional. Verbo Divino. Estella, 2000; páginas 272-278. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Pecado en ELLACURÍA, Ignacio & SOBRINO, Jon. Conceptos fundamentales de la Teología de la Liberación, volumen II. UCA Editores. San Salvador, 2008; páginas 93-106. FLECHA ANDRÉS, José Román. El pecado y los pecados En su obra Moral fundamental: la vida según el Espíritu. Sígueme. Salamanca, 2012; páginas 250. MARTÍNEZ, Julio Luis & CAAMAÑO, José Manuel. El pecado en su obra Moral fundamental: bases teológicas del discernimiento ético. Sal Terrae. Santander, 2014; páginas 463-503.

[12] CABESTRERO, Teófilo. Pero la carne es débil. Antropología de las tentaciones de Jesús y de nuestras tentaciones. Desclée de Brower. Bilbao, 2007. GONZÁLEZ FAUS, José Ignacio. Las tentaciones de Jesús y la tentación cristiana. En Revista Estudios Eclesiásticos número 47, páginas 155-188. Universidad Pontificia de Comillas. Madrid, 1972.

[13] Mateo 4: 3

[14] RATZINGER, Joseph. Ser cristiano en la era neopagana. Encuentro. Madrid, 1995; Introducción al Cristianismo. Sígueme. Salamanca, 2001.

[15] Mateo 4: 4

[16] Mateo 4: 7

[17] Mateo 4: 8-9

[18] Mateo 4: 10

[19] Romanos 5: 15

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