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Febrero 5: “Por eso, que la luz de ustedes brille ante los hombres, para que ellos vean sus buenas obras y den gloria al Padre de ustedes que está en los cielos”

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Comunitas Matutina 5 de febrero 2023
V Domingo del tiempo Ordinario – Ciclo A

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

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Lecturas:

  1. Isaías 58: 7-10
  2. Salmo 111: 4-9
  3. 1 Corintios 2: 1-5
  4. Mateo 5: 13 – 16

Es de todos sabido el carácter esencial de la coherencia ética que se pide a cada ser humano como lenguaje de fidelidad a su conciencia[1], a Dios, si es creyente, a la misma humanidad y a las convicciones fundamentales que dan sustento a su existencia, como dice con honda sabiduría el salmo 111: “Se yergue, como luz para los buenos, el que es justo, clemente y compasivo. Tiene piedad y ayuda al hombre bueno, y lleva sus negocios en conciencia. El justo no vacila ni un momento, su recuerdo por siempre durará; no teme los rumores alarmantes, su corazón confía en el Señor. Él hace caridad y da a los pobres; su honradez permanece para siempre, levantará su frente con honor”[2]. El ser humano que es fiel a su conciencia es luz para el mundo, en la seriedad de su opción fundamental, y en la forma concreta como esta estructura todas sus opciones particulares, su estilo de vida, su relación con las demás personas, su trabajo, su servicio a la sociedad, la pertenencia a su comunidad de fe, su modo de estar en el mundo[3]. Quien vive en ética, justicia y rectitud, contribuye a la dignificación de la humanidad.

Pero también hay que mirar el reverso de la moneda, la decadencia moral, la corrupción, el vacío ético, el relativismo a ultranza, todas las conductas que desdicen de esa dignidad inherente a lo humano. Son tantas las narrativas en este sentido: la precariedad de muchas gentes, su incapacidad para el respeto, su decidida voluntad de maltratar al prójimo, sus estratagemas para evadir la responsabilidad y sus muchos procederes ajenos a la vocación de fidelidad a la que nos llaman Dios y la vida. Este tipo de personas no son luz para el mundo[4], no son salvación para nadie, traen degradación, muerte, decadencia y frustración de todo proyecto de autenticidad.

El evangelio de este domingo, inscrito en el espíritu de las Bienaventuranzas, nos invita a una existencia luminosa e inspiradora: “Ustedes son luz para el mundo. No se puede esconder una ciudad edificada sobre un cerro. No se enciende una lámpara para ocultarla, sino para ponerla en un candelero, a fin de que alumbre a todos los de la casa. Por eso, que la luz de ustedes brille ante los hombres, para que ellos vean sus buenas obras y den gloria al Padre de ustedes que está en los cielos”[5]. Jesús nos llama a ser significativos para la humanidad, salvíficamente significativos.

¿Qué es, en definitiva, lo que salva y da sentido pleno al ser humano? Pregunta que se formula con gran simpleza pero que esconde el deseo más profundo que alienta en nosotros, el que moviliza todo nuestro proyecto vital. A esta cuestión responden los múltiples esfuerzos de la filosofía, las tradiciones religiosas, los núcleos de valores de las comunidades y grupos sociales, las configuraciones culturales, los desarrollos de la ciencia, el reconocimiento de la dignidad humana, la organización institucional y jurídica, la capacidad humana de amar, de entregar la vida a un ideal totalizante, y tantas manifestaciones del hombre en busca de un significado cabal para su existencia.

Muchas de estas realizaciones son atinadas y logran dar un sustento humanista y espiritual a quienes las viven, constituyéndose como genuinos arraigos de trascendencia, de felicidad, de plenitud, de armonía y coherencia, pero también otras  resultan insuficientes, unas porque sucumben a la tentación de la arrogancia, o  porque se consideran la medida plena de todo lo que las personas pueden hacer en esta materia, o porque se constituyen en penosos escenarios de  dominación y tiranía de unos humanos para otros, revistiendo en unos casos modalidades sofisticadas, y en otros vulgar atropello y depredación.

El  fallecido pensador polaco Zygmunt Bauman[6] en su libro “Vidas desperdiciadas: la modernidad y sus parias”, aborda la gravísima problemática de lo que él llama “residuos humanos”, consecuencia de la modernidad, de cierto tipo de globalización brutalmente desigual, del desequilibrio siempre creciente entre naciones ricas y naciones pobres.

La presente reflexión aprecia profundamente todo lo que la humanidad hace para obtener su plenitud y su realización[7], y reconoce con optimismo tales tareas, pero al mismo tiempo se sitúa en postura crítica para encontrar las señales de oscuridad, de injusticia, de desazón, de ruptura de la esperanza y del significado trascendente de la existencia. Repetido: ¡el buen ser humano salva a sus semejantes!

Y, para no prolongarnos en un análisis excesivo de la cuestión, proponemos lo que señala Pablo en la segunda lectura de este domingo, a ver qué retos nos plantea, en la clave de lo que venimos analizando: “Yo mismo, hermanos, cuando fui donde ustedes a anunciarles el misterio de Dios, no confié mi mensaje al prestigio de la palabra o de la sabiduría, pues sólo quería manifestarles mi saber acerca de Jesucristo, y además crucificado” [8].

Tantas personas generan su propia oscuridad porque han dado la espalda al carácter fundamental del amor, de la compasión, de la solidaridad, del reconocimiento comprometido del prójimo y han desacralizado el misterio de la vida. Pablo en sus palabras está hablando de una sabiduría superior, que no es de razonamientos humanos, y deposita la raíz de la misma en Jesucristo crucificado, realidad que a los ojos de cierta lógica es total insensatez.  Si exploramos en el significado de estas palabras nos vamos a encontrar con el Dios que se vacía de sí mismo para darse todo al hombre en términos de salvación y de liberación, Dios que se encarna en el aspecto dramático de nuestra realidad, el sufrimiento, el mal, la injusticia y la muerte, asumiéndola para salvarla[9].

¿Nos damos cuenta del alcance de esta definitiva inserción de Dios a través de Jesús? ¿Captamos la novedad sustancial que en él se nos ofrece? ¿La manera como vivimos actualmente significa algo para otros en términos de consistencia ética y espiritual?

Lo que destaca en el Señor Crucificado es su lenguaje contundente de amor y de incondicional solidaridad con el género humano, susceptible este último de sucumbir en su ambigüedad y, en consecuencia, necesitado de salvación.  Esto es lo que ilumina y da sabor a la nueva condición humana que surge de la implicación de Dios en nuestra historia: “Ustedes son la sal de la tierra. ¿Y si la sal se vuelve desabrida, con qué se le puede devolver el sabor? Ya no sirve para nada sino para echarla a la basura o para que la pise la gente” [10].

El gran indicador para valorar al ser humano no reside en su disposición para el progreso material, sino en su apertura al amor definitivo, en su actitud de trascendencia, en su capacidad para construir un mundo incluyente, solidario y justo. Esto, que desde luego no es patrimonio exclusivo del cristianismo, sí hace parte de los elementos normativos del proyecto de Jesús, y al asumirlos nos juntamos con hombres y mujeres de buena voluntad para construir un mundo que refleje la trascendencia de Dios desde la amorosa sabiduría de la cruz.

La experiencia del apóstol Pablo es una proclamación constante de la sabiduría de la cruz, que desafía la vanidad de todos los poderes y poderosos del mundo, que pone en crisis los títulos humanos de soberbia y autosuficiencia, y nos indica contundentemente que es la lógica del amor la que salva e ilumina a la humanidad: “Me presenté débil, iba inquieto y con mucho temor, de manera que no tenía el lenguaje ni los discursos de los que saben hablar y conquistar a sus oyentes. Pero sí, se manifestó el Espíritu con su poder, para que ustedes creyeran, no ya por la sabiduría de un hombre, sino por la sabiduría de Dios”[11].

Las dos miniparábolas que trae hoy el texto de Mateo –la de la sal, la de la luz-  puestas inmediatamente después de las bienaventuranzas[12], son una referencia directa a la misión de los seguidores de Jesús[13]. No estamos en el mundo para establecer una estructura religiosa en el sentido tradicional del término, similar a la de los fariseos y maestros de la ley, sino para comunicar la Buena Noticia que proviene de Dios, oferta misericordiosa para todos, primeramente para los desheredados y condenados, con el fin de alentar a una vida digna y esperanzada. Y esto es anunciar una gratuidad desbordante, que supera desmedidamente lo puntual y se convierte en el clima permanente de ser humanos en este camino propuesto por Jesús.

El profeta Isaías nos indica en qué consisten esa sal y esa luz: “Compartirás tu pan con el hambriento, los pobres sin techo entrarán a tu casa, vestirás al que veas desnudo y no volverás la espalda a tu hermano. Entonces tu luz surgirá como la aurora y tus heridas sanarán rápidamente. Tu recto obrar marchará delante de ti y la Gloria de Yavé te seguirá por detrás[14].

 

[1] GIL HELLÍN, Francisco. La fidelidad a la conciencia, garantía de convergencia. En https://www.dadun.unav.edu./bitstream/1071/5888/1/FRANCISCO%20GIL%20HELLIN.pdf NEDONCELLE, Marcel. La fidelidad. Palabra. Madrid, 2002. BRUGUÉS, Jean Louis. La conciencia: Dios habla al corazón del hombre. En Revista Teología y Vida volumen 56 número 2, páginas 383.394. Pontificia Universidad Católica de Chile. Santiago de Chile, 2014. MORALES, José. Una visión cristiana de la conciencia. En https://www.core.ac.uk/download/pdf/83564156.pdf  GARCÍA DE HARO, R. Qué es la conciencia habitual? En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/14784/2/que-es-conciencia-habitual.pdf DE CELAYA, Ignacio. La sindéresis, principio de rectitud moral. En https://www.core.ac.uk/download/83558235.pdf VIDAL, Marciano. Para conocer la ética cristiana. Verbo Divino. Estella, 1989; Moral de Actitudes (3 volúmenes). Perpetuo Socorro. Madrid, 1990. MIFSUD, Tony. Ethos cotidiano: cómo interpretar éticamente la realidad? Universidad Alberto Hurtado. Santiago de Chile, 2006. VARGAS VARGAS, Jorge Eduardo. Formación de la conciencia moral: referentes conceptuales. En Revista Educación y Desarrollo Social volumen 3 número 1, páginas 108-128. Universidad Militar Nueva Granada. Bogotá, enero-junio 2009.

[2] Salmo 111: 4-9

[3] LUYPEN, William. Fenomenología del Derecho Natural. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1971. RAWLS, John. Teoría de la Justicia. Fondo de Cultura Económica. México, D.F., 2006. CAMPS, Victoria & GINER, Salvador. Manual de Civismo. Ariel. Barcelona, 1998. MARTÍNEZ NAVARRO, E. Etica para el desarrollo de los pueblos. Trotta. Madrid, 2000. GARCÍA, Dora Elvira & TRASLOSHEROS, Jorge (Coordinadores) Etica, persona y sociedad: una ética para la vida. Porrúa-Tecnológico de Monterrey. México, D.F., 2007. MARINA, José Antonio. Etica para náufragos. Anagrama. Madrid, 1999. CALDERÓN C. , Antonio. La convivencia social entre la ética y el pluralismo: una perspectiva desde Emmanuel Lévinas. En Revista Actualidades Investigativas en Educación,  volumen 18 número 2, páginas 1-17. Universidad de Costa Rica. San José de Costa Rica, mayo-agosto, 2018.

[4] BERTHIN SILES, Gerardo. El ser humano, la corrupción y la política. En https://www.scielo.org.bo/pdf/rcc/n5/a16.pdf  MIRANZO DÍAZ, Javier. Causas y efectos de la corrupción en las sociedades democráticas. En Revista de la Escuela Jacobea de Posgrado  número 14, páginas 1-26. Xalapa  México, junio 2018. RODRÍGUEZ GARCÍA, N. y CAPARRÓS, Fabián. La corrupción en un mundo globalizado: análisis interdisciplinar. Ratio Legis. Salamanca, 2004. PARDO MANRIQUE, Román Angel. La corrupción como descomposición de las relaciones constitutivas del ser humano. Una reflexión teológica. En Revista Veritas número 41, páginas 89-115. Pontificio Seminario Mayor San Rafael. Valparaíso, diciembre 2018.

[5] Mateo 5: 14-16

[6] 1925-2017. BAUMAN, Zygmunt. Vidas desperdiciadas: la modernidad y sus parias. Paidós. Barcelona, 2005. CALZADILLA, Ramón. La crisis humana como una crisis en la formación de valores. En Sapiens Revista Universitaria de Investigación volumen 11 número 2, páginas 57-74. Universidad Pedagógica Experimental Libertador. Caracas, julio-diciembre 2010. FERRATER MORA, José. Las crisis humanas. Alianza Editorial. Madrid, 1983.  ARENDT, Hannah. La condición humana. Paidós. Barcelona, 1998. VALVERDE, Carlos. Génesis, estructura y crisis de la modernidad. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1996.

[7] KRAUSE, C. Ideal de la humanidad para la vida. En https://www.biblioteca.org.ar/libros/89759.pdf  LEPP, Ignacio. La existencia auténtica. Carlos Lohlé. Buenos Aires, 1972. MORIN, Edgar. La vía para el futuro de la humanidad. Paidós. Barcelona, 2011. COMISIÓN MUNDIAL SOBRE LA DIMENSIÓN SOCIAL DE LA GLOBALIZACIÓN. Por una globalización justa: crear oportunidades para todos. Organización Internacional del Trabajo OIT. Ginebra, 2004.  ORTIZ CORONADO, Eduardo Flavio. Aporte de las religiones para la fundamentación racional de la moral en el orden mundial. Una mirada crítica a la ética mundial de Hans Küng. En Revista Tierra Nuestra número 11, páginas 109-125. Universidad Nacional Agraria La Molina. Lima, 2016. KÜNG, Hans. Proyecto de una ética mundial. Trotta. Madrid, 1991; En busca de nuestras huellas: la dimensión espiritual de las religiones del mundo. Debate. Barcelona, 2004. FROMM, Erich. La revolución de la esperanza: hacia una tecnología humanizada. Fondo de Cultura Económica. México D.F., 2000.

[8] 1 Corintios 2: 1-2

[9] STEIN Edith. SANTA TERESA BENEDICTA DE LA CRUZ. Ciencia de la Cruz. Monte Carmelo. Burgos, 2014. SANCHO FERMÍN, Francisco Javier. Dentro del sanjuanismo moderno: la Ciencia de la Cruz de Edith Stein. En Revista Teresianum número 44, páginas 323-352. Facultad Teológica  Teresianum. Roma, 1993. ROMÁN MARTÍNEZ, María del Carmen. Confundirá la sabiduría de los sabios: en busca de la sabiduría como criterio de discernimiento paulino. En Revista Proyección número 56, páginas 299-314. Universidad Loyola de Andalucía, Facultad de Teología de Granada. Granada, 2009. MOLTMANN, Jürgen. El Dios Crucificado: la cruz de Cristo como base y crítica de la teología cristiana. Sígueme. Salamanca, 2010. NSENGIMANA NIHIGO, Jean Bosco. La cruz histórica de Jesús de Nazaret: anuncio de una cultura de la hermandad universal y denuncia de la inédita inhospitalidad. En https://wwwrepositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/8476/1/cruz-historica-jesus-nazaret-anuncio.pdf BOFF, Leonardo. Pasión de Cristo, Pasión del Mundo. Sal Terrae. Santander, 1980.

[10] Mateo 5:13

[11] 1 Corintios 2: 3-5

[12] CHÉRCOLES, Adolfo. Las Bienaventuranzas, corazón del Evangelio. Mensajero. Santander, 2014. RADCLIFFE, Timothy. Ser cristianos en el siglo XXI: una espiritualidad para nuestro tiempo. Sal Terrae. Santander, 2016. TRIGO, Pedro. Espiritualidad encarnada: para vivir la novedad del Vaticano II. Sal Terrae. Santander, 2022; Jesús, nuestro hermano. Acercamientos orgánicos y situados a Jesús de Nazaret. Sal Terrae. Santander, 2018.

[13] FRICKE, Roberto. Las parábolas de Jesús: una aplicación para hoy. Mundo Hispano. El Paso, 2005. CENTRO BIBLICO VERBO DIVINO. Las parábolas de Jesús: Para leer el Nuevo Testamento. Verbo Divino. Quito, 2016. LOHFINK, Gerhard. Las cuarenta parábolas de Jesús. Verbo Divino. Estella, 2021.

[14] Isaías 58: 8

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