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Julio 11: Llamo a los doce y empezó a enviarlos de dos en dos

XV Domingo del Tiempo Ordinario 
Ciclo B – Julio 11 de 2021 Por: Gabriel Jaime Pérez, SJ En aquel tiempo llamó Jesús a los Doce y empezó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malignos. Les encargó que no llevaran nada para el camino, fuera de un bastón; que no llevaran pan, ni provisiones, ni dinero. Que podían llevar sandalias, pero que no llevaran dos túnicas. Y les decía: “Cuando se hospeden en una casa, quédense allí hasta que se vayan de aquel lugar. Y si en algún lugar no los reciben ni quieren escucharlos, al salir sacudan de sus pies hasta el polvo que se les haya pegado: será una acusación contra esa gente”. Los discípulos se fueron, y con su predicación llamaron a todos a volver a Dios, expulsaban muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban. (Marcos 6, 7-13). 
 
1. Dios elige, llama y envía 
Unos siete siglos antes de Cristo, un humilde “pastor y cultivador de higos” de nombre Amós, quien nos cuenta su propia vocación en la primera lectura (Amós 7, 12-15), fue llamado y enviado por Dios para realizar la tarea propia de los auténticos “profetas” -porque también existían en su tiempo los profetas falsos, los adivinos que adulaban al rey en su palacio-. La misión confiada a Amós como profeta, es decir, como inspirado para hablar en nombre de Dios, era denunciar la idolatría y la injusticia, y también anunciar la misericordia divina para quienes se convirtieran a Él. 
Los doce apóstoles escogidos por Jesús de entre sus discípulos, como nos lo cuenta el Evangelio, fueron llamados y enviados por Él para invitar a todas las personas a convertirse, es decir, a reorientar sus vidas hacia Dios, y para sanar las dolencias de quienes acogieran su Palabra y comunicarles su acción salvadora con el poder del Espíritu Santo. El apóstol Pablo, quien no formó parte de los primeros doce, pero recibió también el título de “apóstol” -que en griego significa “enviado”-, fue elegido, llamado y enviado por Cristo resucitado para proclamar su mensaje salvador a los pueblos paganos, entre ellos los de la ciudad de Éfeso en el Asia Menor (hoy Turquía), a quienes dirigió la carta de la cual está tomada la segunda lectura de hoy (Efesios 1,3-14). 
Cada persona ha sido asimismo elegida y llamada por Dios para una misión que la invita a realizar. Esta elección y este llamamiento conllevan unas tareas específicas que el Señor le señala a cada cual para colaborar con Él en la realización de su plan universal de salvación. Meditemos, preguntándonos: ¿cuál es la misión para la cual he sido elegido(a) y llamado(a) por Dios, por Jesús? ¿En qué acciones específicas siento que se debe concretar esa misión? ¿La he cumplido o la estoy cumpliendo? ¿Qué debo hacer para cumplirla o para hacerlo cada día mejor? 
 
2. Jesús envía a sus apóstoles de dos en dos, les dice que sólo lleven lo necesario para el camino  y les da poder para predicar y sanar 
Hay un detalle que llama la atención en la misión dada por Jesús a los apóstoles: los envía de dos en dos. En la tradición jurídica del judaísmo, para que fuera válido y creíble un testimonio tenía que ser dado al menos por dos personas que coincidieran en su contenido. Tal es el sentido de esta forma de enviar Jesús a sus discípulos, junto con el de ayudarse mutuamente para la realización de la tarea. 
Otro tema que llama la atención son las instrucciones que les da sobre el modo de proceder para llevar a cabo la misión. En cuanto a lo que pueden y lo que no deben llevar, es significativo que lo permitido sea aquello que tiene que ver con el hecho de ponerse en camino -el bastón, las sandalias y una sola túnica-, pues todo lo demás que necesiten se supone que van a obtenerlo de las comunidades a las que se dirigen, como contribución por el trabajo que realicen en favor de ellas. Pero más allá de estas especificaciones, lo que en el fondo significa la instrucción de Jesús es que deben ir ligeros de equipaje, sin apegos materiales que les impidan la agilidad requerida para el camino, confiados plenamente en el poder de Dios que les da la energía espiritual necesaria. 
Termina la instrucción de Jesús a sus enviados con el símbolo de “sacudirse el polvo de los pies”. Es una forma de expresar, con un gesto, que la Buena Noticia que están llamados a proclamar puede ser rechazada en determinados ambientes, pero no por ello deben desanimarse en su trabajo. Por el contrario, deben buscar otros horizontes, con nuevos ánimos y dejando atrás todo lo que les impida proseguir su tarea evangelizadora. Quienes no acojan el mensaje de salvación serán como los que dejan pasar la oportunidad sin aprovecharla. Peor para ellos. 
 
3. Llamaron a todos a volver a Dios, expulsaban muchos demonios,  ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban 
El pasaje del Evangelio de Marcos termina con una breve descripción de la tarea que comenzaron a realizar aquellos primeros discípulos, enviados por Jesús a proclamar su mensaje de salvación. 
Para describir esa misión, se hace referencia a acciones específicas importantes. En efecto, la invitación a la conversión, la “expulsión de los demonios” -es decir, la victoria sobre las fuerzas del mal gracias a la acción del Espíritu Santo- y la unción de los enfermos con el óleo o aceite consagrado como signo eficaz de sanación espiritual -uno de los 7 sacramentos de la Iglesia que ya no se llama “extremaunción” porque no necesariamente es para el último momento de esta vida -, son elementos imprescindibles en la proclamación del mensaje de la salvación obrada por Jesucristo y que Él mismo quiso que se prolongara a partir de sus apóstoles. 
 
Conclusión 
Pidámosle al Señor que no seamos sordos a su llamamiento -como invita a hacerlo san Ignacio de Loyola en sus Ejercicios Espirituales-, sino que cumplamos fiel y generosamente la tarea que Él nos ha encomendado en la misión para la cual nos llamó. En especial pidamos por el Papa, los obispos -sucesores de los apóstoles-, por los ministros que colaboran en la proclamación de la Palabra de Dios y en la celebración de los sacramentos. Por los religiosos y religiosas de las distintas congregaciones, como también por las personas laicas comprometidas en el servicio al Reino de Dios. Que nuestro Señor Jesucristo, quien llama a cada persona bautizada con una misión específica para dar testimonio de la Buena Noticia del Reino de Dios –es decir, del poder del Amor-, mediante la intercesión de María nos ayude a cada uno y cada una para realizarla con la fuerza del Espíritu Santo. Así sea. 

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